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Traición Predestinada

Traición Predestinada

El día de la ceremonia de unión, una bruja enloquecida irrumpió y me señaló, chillando: —¡En seis años, tu Alfa te traicionará! Troy Hudson, mi futuro compañero, se puso pálido. Le arrebató la bola de cristal que brillaba con luz púrpura de un manotazo, haciéndola pedazos contra el suelo. —¡Estupideces! —gritó él—. ¡Estelle es mi pareja destinada! ¡Solo la amaré a ella en esta vida! Después de eso, se volvió aún más devoto a mí. En el altar de la Diosa de la Luna, colocó el chal plateado de Luna sobre mis hombros. Me impregnó con su aroma para que toda la manada supiera que le pertenecía. Cada luna llena, profundizaba la marca en mi cuello, susurrándome que era suya para siempre. Creí que su amor era inquebrantable hasta nuestro sexto aniversario. Una caja esperaba en la puerta de nuestra entrada. Dentro había unas bragas de encaje y una fotografía. En la foto, Troy estaba sobre su hermana adoptiva, Rue Youngblood; el tatuaje de lobo en su cuerpo emitía un tenue resplandor. Su mano aferraba la cintura de ella y sus ojos ardían con la misma intensidad con la que yo había soñado un millón de veces. ¿Y Rue? Llevaba puestas esas mismas bragas. Al reverso de la foto, escrita con una tinta tan roja como la sangre, había una línea de pura provocación: “El corazón del Alfa puede pertenecerte a ti, pero su cuerpo me pertenece a mí”. Mi loba aulló en mi interior y una agonía desgarró mi pecho, pero no derramé ni una sola lágrima. En cambio, posé la mano sobre mi vientre y envié un mensaje silencioso a la Asociación de Brujas. “Acepto su invitación. Por favor, ayúdenme a desaparecer”.
Cuento corto · Hombres Lobo
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El ascenso de la Luna rechazada

El ascenso de la Luna rechazada

Ella iba a ser entregada como pago de una deuda. Él es conocido como el Alfa despiadado de una manada, temido por muchos y desafiado por ninguno. Por ritos antiguos y ceremonias bajo la luz de la luna, cumplir dieciocho años lo significa todo para los cambiaformas lobos. Está alineado con su tradición, que incluye una gran celebración. Para Kiara, debería ser un día de alegría, el día en que finalmente confirma su vínculo con su novio y futuro Alfa, Jason. Sin embargo, se convierte en el momento en que su mundo se desmorona. “Yo, Jason, por la presente te rechazo como mi Luna.” Ridiculizada como una “rareza” por su incapacidad para transformarse, Kiara es rechazada públicamente por el chico que ama, reemplazada por su hermana Erina y humillada frente a toda la manada. Con el corazón roto, traicionada y repudiada por todos, incluida su familia. Kiara es enviada en contra de su voluntad a vivir con el Alfa Ryder, quien había proporcionado un generoso préstamo a sus padres para curar una enfermedad. Su estancia con el Alfa se prolonga y resulta intrigante. Descubre que nunca ha sido una rareza, sino que desciende de los Lunaries. El drama se desenvuelve, la tragedia acecha, dividida entre el amor y la guerra. Aprende una gran fuerza y resistencia. Se convierte en un imán de atracción para el Alfa. ¿Valdrá la pena su estancia en la nueva manada frente a su primer rechazo, o la consumirá?
Hombre lobo
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El CEO que me rechazó ahora me ruega

El CEO que me rechazó ahora me ruega

"Hace tres años, Liam Klein me lanzó los papeles del divorcio a la cara mientras me llamaba 'un error insignificante'. Me dejó sin nada, sola y humillada mientras él se lucía con su amante. Pero Liam cometió un error fatal: no destruyó a Marta Wetsler, le dio una razón para renacer. Hoy he vuelto. No soy la esposa sumisa que él recuerda, sino la nueva Directora de Inversiones que tiene el poder de hundir o salvar el imperio Klein. Liam no me reconoce, y ha caído rendido ante mi nueva identidad, obsesionado por conquistarme. El juego ha cambiado. Ahora soy yo quien tiene el control, y el poderoso CEO que una vez me rechazó, tendrá que aprender a rogar por una sola de mis miradas. ¿Podrá el odio transformarse en amor, o la venganza será mi único destino?"
Romance
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SUMISA PARA MI TIO EL CEO

SUMISA PARA MI TIO EL CEO

Muchos dirán que soy un alma en desgracias. Perdí a mis padres en una tormenta en medio del mar y el destino me llevó a vivir con mi tío, Oswald Rolle, el Alfa solitario más temido de las Bahamas. Dicen que no tiene corazón, y eso me pone los pelos de puntas. Criado entre traiciones y pérdidas, descubri que se encerró en un mundo de silencios y desconfianza. Nadie logra quedarse a su lado… hasta que llego yo. No recuerdo mucho de él, solo su nombre y la forma en que ahora su presencia me altera. Yo soy nubes negras, él oscuridad. Y aunque nuestro lazo debería ser solo familiar, algo mucho más profundo empieza a despertarse entre nosotros. Creo que me enamoré de él. A veces, el alma reconoce a quien está destinada, incluso si el mundo lo prohíbe. Y la mía… eligió a Oswald Rolle, mi tutor, mi amor y mi tio el ceo.
Hombre lobo
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La Vergüenza de los Hermanos Alfa

La Vergüenza de los Hermanos Alfa

Mis hermanos trillizos alfa me encerraron en el sótano después de que mi hermanastra Elena me echara la culpa de haber matado a su loba por haberle dado un pastel de almendras. Habían cerrado la salida con cadenas de plata, y mi loba no paraba de aullar y de rogarles que me dejaran salir. Pero mis hermanos no quisieron escuchar. Diego, mi hermano mayor, me gruñó con rabia: —¡Maldita! Sabías muy bien que era alérgica a las nueces y, aun así, le diste ese pastel. ¿Sabes lo que pudo haberle pasado a su loba? ¡Te quedas aquí hasta que aprendas la lección! Sergio, mi segundo hermano, y Carlos, mi hermano menor, me atacaron, diciendo: —¡Eres horrible! Todavía te haces la víctima en vez de aceptar lo que hiciste. ¡Quédate ahí adentro, te lo mereces! Luego se convirtieron en lobos y se llevaron a Elena, que estaba temblando como una hoja, directo al hospital de la manada. Me quedé allí, respirando con dificultad mientras el aire cargado de partículas de plata llenaba mis pulmones. Mi loba lloraba en silencio, y yo sabía que no había escapatoria. Al final, me morí ahí mismo. Tres días pasaron antes de que recordaran mi existencia. Fue hasta que Elena regresó del hospital que vinieron por mí. Pero ya era demasiado tarde… Ya había muerto en aquel sótano de plata.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Juntas, pero Sin Ellos

Juntas, pero Sin Ellos

Justo antes de la fiesta de compromiso, mi camerino se incendió de repente, causando una explosión, y haciendo que los vidrios que estallaron se incrustaran por todo mi cuerpo. Mi amiga Crista Ocampo me cubrió como pudo, mientras huíamos de las llamas. En el hospital, ella se quedó a mi lado mientras yo luchaba entre la vida y la muerte, y se encargó de llamar a mi prometido, Antonio Gamarra. Al otro lado del teléfono, él contestó con total desinterés: —Erika tiene dolor de estómago, la estoy acompañando mientras le ponen suero. Si no hay nada más urgente, hablamos luego —y colgó sin más. Crista, enfurecida, soltó una sarta de improperios y llamó a su novio, Santiago Silva, para pedirle que buscara un especialista que pudiera salvarme. —¡¿Podrías dejar de molestar, por favor?! ¡Erika está mal y estoy buscándole un especialista! —contestó Santiago. Cuando regresé de la muerte y crucé miradas con Crista, le dije con voz firme: —Quiero romper el compromiso. Crista no vaciló ni un instante y respondió: —Si tú lo rompes, yo también rompo el mío. El resultado fue que aquellos dos hombres entraron en pánico.
Cuento corto · Romance
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El saldo de su amor

El saldo de su amor

El día que mis padres viajaron desde lejos para conocer a la familia de Alejandro y hablar sobre la boda en un restaurante, su familia llegó tarde. Después de que rechazaran mi tercera llamada, mi madre me consoló con una sonrisa: —Quizás hay mucho tráfico, no importa. Tu padre y yo esperamos un rato más. Y esa espera terminó prolongándose durante tres horas. La expresión de mis padres pasó de la ilusión inicial a la tristeza y el desánimo. Mi padre, por enésima vez, se ajustó el traje que le quedaba incómodo, pero al final no pudo contener las lágrimas y, con la voz entrecortada, me preguntó: —Hija, ¿de verdad... tiene que ser él? No es que quiera separarlos, solo me preocupa porque esto está a miles de kilómetros de casa. Si algún día lo pasas mal, tu madre y yo... no podremos llegar a tiempo para secarte las lágrimas. Clavé las uñas en la palma de la mano, sonreí, los ayudé a levantarse y les dije: —Papá, mamá, vámonos a casa. Ya no quiero esta boda.
Cuento corto · Romance
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Lazos de Plata: "Entre tú piel y la mía"

Lazos de Plata: "Entre tú piel y la mía"

Ethan, un veterinario con un don para sanar animales, se muda a un pequeño pueblo huyendo del rechazo de su padre. Su vida cambia completamente luego de salvar a un lobo herido y descubrir el terrible secreto que guardan los alrededores del pueblo y la casa abandonada junto a la que vive. Darían, líder de su manada y marcado por un pasado traumático lucha por mantener su autoridad como Alpha. Condenados a una conexión emocional se sumergen en una historia de amores prohibidos, donde la lucha entre el deber y el deseo, la aceptación del yo auténtico y un romance tan peligroso como la noche, te hacen cuestionar: ¿ hasta dónde llegarías por quién despierta a la bestia que llevas dentro?
LGBTQ+
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Una curvy en el camino de un CEO

Una curvy en el camino de un CEO

El reflejo en el espejo me devolvió una mirada que ya no reconocía. Ojos hinchados, mejillas húmedas, y ese cuerpo... ese cuerpo que parecía ser mi peor enemigo. Me sequé las lágrimas con rabia mientras las palabras de Miguel seguían martilleando en mi cabeza: “No puedo seguir así, María. Una relación es mitad y mitad, y tú no estás aportando nada. Ni siquiera te esfuerzas por verte mejor.” Me había arrojado esas palabras como quien tira basura, justo después de que descubriera los mensajes de Lucía en su teléfono. Lucía con su talla 36, su trabajo en marketing y su "energía positiva" que tanto mencionaba últimamente. Tres años juntos. Tres años soportando sus miradas de decepción cada vez que mi cuerpo se negaba a responder a las dietas. "No es tu culpa," había dicho mi endocrinóloga. "Es el síndrome de ovario poliquístico. Afecta tu metabolismo." Pero mi destino dio un giro cuando Alejandro, claramente harto de que su padre se metiera en su vida sentimental, me confundió con una de esas candidatas ridículas que le habían programado para casarse. Yo apenas podía creerlo. Mientras él esperaba que le hablara de compatibilidad, bodas en la playa o cuántos hijos quería tener, yo—sin tener idea de esa confusión—le hablé con toda mi pasión sobre estrategias empresariales, sobre cómo organizar un caos administrativo en menos de una semana, sobre cómo ser eficiente incluso cuando el mundo espera que falles por cómo te ves. Y ahí… algo cambió. En su mirada. Y en la mía también.
Romance
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La Abeja Reina

La Abeja Reina

Me llamo Azalea Izzy Haro Benavides, hija del rey Falcón y la reina Azucena. Princesa del reino de León. Última en la fila, octava de ocho. O, como solían decir mis adoradas hermanas: la abeja bastarda. Ellas son Daisy, Maisy, Suzie, Hazel, Eliza, Lizzie y Patsy. Siete nombres dulces, casi idénticos, como si mis padres hubieran querido fabricar una colmena perfecta... hasta que nací yo, la que rompió el molde. La que salió con ojos grises como las tormentas y pelo dorado como el sol. Una mancha dorada en su enjambre oscuro. Desde que tengo memoria, me han empujado al margen: a la cocina, a los establos, a los pasillos traseros del castillo donde la realeza no se ensucia las manos. Ahí aprendí a freír pan sin quemarlo, a coser heridas sin llorar, y a estudiar las estrellas mientras ellas se pintaban las uñas con oro líquido. Mientras ellas se creían reinas por derecho, yo aprendía a sobrevivir. Por eso el día del baile con los príncipes de la Alameda –el evento que podría cambiar nuestro destino– rasgaron mi vestido a escondidas, lo tiñeron de tinta y dejaron mi corona flotando en una cubeta con excremento de caballo. Pero no lloré. Roderick. El médico. El de mirada seria y manos limpias de sangre. El que no bailaba con muñecas de porcelana. El una amenaza. Yo una abeja reina.
Romance
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