Me dejaste, me casé con el verdadero heredero
A pocos días de la boda, su prometido decidió cambiar de novia sin el menor titubeo.
Patricia Mireles fue desechada como si nada.
—Ni siquiera podías ponerte el anillo de compromiso, ¿y creías que eras digna de ser mi esposa?
Con el cheque de compensación de Facundo López apretado entre los dedos, Patricia se dio la vuelta con elegancia.
El falso heredero resultó ser un ingrato.
Entonces, decidió que el verdadero heredero sería su esposo.
Dejó la villa y se mudó a un taller mecánico.
Con una sonrisa en los labios, se colgó del cuello del mecánico, Alejandro Zelaya.
—Mi amor, te tenías que hacer cargo de mí.
Alejandro la miró con frialdad.
—¿Nomás porque choqué tu carro ya tenía que hacerme cargo de ti?
La voz de Patricia se volvió suave, casi juguetona.
—Claro que sí.
La noticia corrió, y Patricia se convirtió en el hazmerreír de toda la ciudad.
—Se notaba que venía del campo, cualquier cosa le parecía un tesoro... hasta un mecánico.
—Un sordo con una lisiada, tal para cual.
***
El heredero de la familia López iba a casarse.
Patricia, vestida con un traje de novia de alta costura, entró del brazo de Alejandro y subió al escenario con total seguridad.
Ahí mismo, el abuelo Ernesto López anunció que Facundo era un impostor... y que Alejandro era su verdadero nieto.
El salón entero estalló en murmullos.
En realidad, Patricia siempre estuvo destinada a casarse con el heredero de la familia López.
Eso nunca cambió.
Esa noche, en Sierraclara, cayó una tormenta de nieve.
Facundo, expulsado de la familia, se arrodilló en la nieve, con los ojos enrojecidos.
—Patricia, tú me amabas. Todo esto era para vengarte de mí, ¿verdad?
En lo alto de la escalinata, Patricia dejó que su esposo, Alejandro, le sacudiera la nieve de los hombros.
Luego sonrió con desdén.
—¿Amarte? No te lo merecías.