Mundo ficciónIniciar sesiónYo solo era una chica normal con muchas deudas. Mi hermana estaba en el hospital y yo no sabía qué hacer. Entonces apareció él. Alexander Vane era el hombre más rico y guapo de la ciudad. Sus ojos grises me miraron de arriba a abajo y me hizo una propuesta loca: "Finge ser mi novia. Pero tienes que actuar como una tonta para que mi familia me deje en paz, y yo pagaré todo". Yo acepté por mi hermana. Pensé que sería fácil. Pensé que él era solo un jefe frío y malo. Pero me equivoqué. En las noches, cuando nadie nos ve, él no es frío. Él me busca. Me abraza fuerte por la cintura, esconde su cara en mi cuello y me dice que no lo deje solo. Mi corazón late a mil por hora cada vez que me toca. Me estoy enamorando de mi jefe falso. Pero... ¿él también me ama, o solo soy su bufón de segunda?
Leer másLa mano gigante y caliente de Alexander seguía apretando mi cuello. Sentí un vacío en el estómago tan grande que casi me desmayo ahí mismo de puro terror.Sus palabras de amarrarme con cadenas eran como veneno puro. Me daban muchísimo pánico.—¡No! ¡Por favor, Alexander, no me hagas esto! —lloré con todas mis fuerzas, intentando quitar su mano de mi piel.Pero tocar sus dedos largos y duros solo me dio una corriente eléctrica por todo el cuerpo. Mi corazón latía muy rápido, ¡tum, tum, tum, tum! Parecía que iba a explotar.Él olía a menta y peligro, ese olor que me volvía loca de amor, pero que ahora me daba un miedo gigante. Su pecho inmenso y musculoso estaba pegado a mi espalda temblorosa.—Te lo mereces, Emma —susurró él en mi oreja, con su voz profunda y ronca que me dio escalofríos—. Eres la hija del monstruo que me arruinó la vida.Mi papá, amarrado en la silla de metal oxidado en el centro del sótano frío, levantó la cabeza muy despacio. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y de
Mi padre... ¿mi papá había secuestrado a Alexander? No podía respirar. Sentí un vacío en el estómago tan inmenso que pensé que el piso se abría para tragarme entera.El aire adentro del auto negro se puso completamente helado en un solo segundo.Alexander se quedó tieso encima de mí. Su cuerpo inmenso y caliente de repente se sintió como un bloque de hielo gigante y peligroso.Sus ojos grises, que hace un momento me miraban con un fuego loquísimo y lleno de amor, ahora estaban vacíos. Se pusieron más negros que la noche y me miró como si yo fuera la peor basura del mundo.—Alexander... —susurré con un hilito de voz, temblando de pies a cabeza—. Eso no es cierto... mi papá nos abandonó en la calle cuando yo era una niña chiquita...Alexander no dijo nada. Con un movimiento brusco y lleno de pura furia, se quitó de encima de mí.Me empujó contra el asiento de piel del auto como si mi toque le quemara la piel o le diera mucho asco. Sentí que me quitaban todo el calor del mundo entero.Me
Las palabras de la abuela de Alexander se quedaron flotando en el aire frío de la sala como si fueran fantasmas malos. Sentí un vacío en el estómago tan horrible que pensé que todo el piso se estaba cayendo debajo de mis pies.Miré a Alexander con los ojos llenos de lágrimas calientes, esperando con toda mi alma que dijera algo. Quería que gritara, que golpeara la mesa, que dijera que todo era una mentira cochina de esa vieja bruja.Pero él no se movió. Su cuerpo inmenso se quedó completamente congelado a mi lado, rígido como una estatua de piedra negra.—Alexander... mírame —le rogué con un hilito de voz muy débil, sintiendo que me ahogaba de la pura angustia—. Por favor, mírame y dime que no es verdad. Dime que tú no me quitaste mi departamento.Mi corazón latía muy rápido, haciendo un ruido espantoso dentro de mi pecho: ¡tum, tum, tum, tum! Sentía que me iba a dar algo de los puros nervios.Él levantó la cabeza muy despacio. Cuando sus ojos grises se clavaron en los míos, vi una cu
El pitido feo de la máquina en la pantalla de la tablet me estaba taladrando los oídos. Biiiiiiiiiiip. Era el sonido de la muerte de mi hermanita Lily, el ruido más horrible del mundo entero.Ver a esos hombres de negro tocando los cables de su respirador me rompió el alma en dos pedazos. Sentí un vacío en el estómago tan grande y doloroso que pensé que me iba a morir ahí mismo de la pura tristeza.—¡No! ¡Por favor, no lo hagan! ¡Paren ya! —grité con todas mis fuerzas, llorando de forma desesperada.Las lágrimas calientes me corrían por las mejillas como ríos flojos. Me caí de rodillas al suelo frío de madera de la mansión vieja, temblando como una hoja seca en el invierno.La abuela de Alexander me soltó la barbilla con un empujón feo. Sus uñas largas me dejaron marcas rojas en la piel de la cara, pero a mí no me importaba ese dolor.—Entonces firma el papel, niña estúpida —me ordenó la anciana con su voz profunda, gélida y mala—. Tienes diez segundos antes de que tu hermanita se que
Último capítulo