El pitido feo de la máquina en la pantalla de la tablet me estaba taladrando los oídos. Biiiiiiiiiiip. Era el sonido de la muerte de mi hermanita Lily, el ruido más horrible del mundo entero.
Ver a esos hombres de negro tocando los cables de su respirador me rompió el alma en dos pedazos. Sentí un vacío en el estómago tan grande y doloroso que pensé que me iba a morir ahí mismo de la pura tristeza.
—¡No! ¡Por favor, no lo hagan! ¡Paren ya! —grité con todas mis fuerzas, llorando de forma desespe