Mis manos se pusieron completamente frías. El papel que Marcus tenía en la mano parecía un monstruo que venía a destruirme la vida para siempre.
Sentí un vacío en el estómago tan grande que me dieron ganas de llorar y de salir corriendo a esconderme. ¿Yo? ¿Intentar matar a Alexander? ¡Pero si yo apenas tenía fuerzas para soportar tanta mala vida!
—Eso... eso es una mentira grande —dije con la voz rota por el llanto, pegándome más al cuerpo musculoso de Alexander.
Mi corazón latía de una forma l