El cuerpo inmenso de Alexander cayó encima del mío con toda su fuerza. Sentí que me quedaba completamente sin aire bajo sus músculos duros y pesados.Caímos juntos contra el suelo de cemento del callejón. El golpe me dolió, pero me dolía más el pecho del puro susto al ver a mi gigante de acero totalmente inconsciente.—¡Alexander! ¡Alexander, despierta por favor! —grité llorando con todas mis fuerzas, con la voz rota por la desesperación.Mi corazón latía tan rápido que parecía que se me iba a salir por la boca. ¡Tum, tum, tum, tum! Sentía un vacío en el estómago horrible, un miedo negro que me congelaba la sangre.Hundí mis manos temblorosas en su cabello negro y suave, moviéndole la cabeza despacio. Su rostro perfecto estaba muy blanco y sus ojos grises, esos ojos que me miraban con tanta posesión y deseo, estaban cerrados por completo.Él no se movía. No respondía a mis gritos.Pegué mi mejilla a su boca y sentí su respiración, que todavía olía un poquito a menta cara, pero salía d
Leer más