Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Emily descubre que está embarazada de trillizos, siente que su vida está a punto de comenzar. Pero su mundo se desmorona al recibir la devastadora noticia de que su prometido, Daniel, ha muerto en la guerra. Sola, sin recursos y al borde de perderlo todo, Emily no sabe cómo seguir adelante. Entonces, Christopher, el hermano mayor de Daniel, aparece con una propuesta que lo cambia todo: casarse con él para asegurarle un futuro estable a los hijos de su hermano. Emily nunca lo ha visto como algo más que un hombre frío y calculador, incapaz de mostrar afecto. Pero no tiene otra opción. La convivencia se vuelve una batalla entre el deber y los sentimientos ocultos. Emily intenta aferrarse al amor que perdió, mientras que Christopher lidia con emociones reprimidas que han ardido en su corazón desde siempre. Cuando las paredes que ambos han construido comienzan a resquebrajarse, la pregunta es inevitable: ¿podrá Emily ver en Christopher algo más que un sustituto? ¿O este matrimonio está condenado a ser solo un acuerdo sin amor?
Leer másCassandra Redbloom
O conselho da matilha Redbloom se juntou novamente para me pressionar a casar, já que serei a nova líder dentre poucos dias e não posso governar sem um parceiro. Essa regra é tão arcaica. A pessoa que foi escolhida de forma unânime, já havia sido selecionada a alguns dias sem o meu consentimento, todos no conselho, incluindo meus pais, sabiam do meu desejo de me juntar apenas aquele que carrega em si o outro pedaço da minha alma.
Minha voz não tem força alguma, quando aqueles que me geraram dizem que esperar o destinado é perda de tempo, que eles não são um do outro e a vida é belíssima dessa forma.
Sinto-me completamente muda e o desespero começa a tomar conta do meu corpo, me fazendo ver tudo embaçado pela frente e o único que percebe isso é Aaron — meu primo e melhor amigo. Ele é o único que se atenta a todos os detalhes, que me protege com a vida e o que realmente se preocupa comigo.
Levantei-me abruptamente da mesa, chamando a atenção de todos presentes para mim e tirando uma força absurda do fundo do meu âmago, digo.
— Isso não está mais em discussão, não me casarei com Andrei. Reunião encerrada.
— Cassandra. — a voz da minha mãe vem até mim. — Você precisa se casar, nós precisamos de um novo líder.
— Vocês terão uma nova líder, eu. — Informo, olhando todos nos olhos atentamente. — Não preciso de um macho ao meu lado para isso, posso governá-los enquanto aquele que me é destinado ainda não surgiu. Tenho apenas 150 anos, mãe, não é como se fossemos morrer em menos de um milênio. A paciência é uma virtude que, graças a Deusa, adquiri com os anos.
— Você precisa de um macho forte ao seu lado Cassandra, por que a matilha Black está sempre na nossa espreita, prontos para tomar todo o poder de Lunaris. — Meu pai diz, sua voz soando brava a cada sílaba que saiu da sua boca, seus olhos perdem o tom opaco e brilham em toda sua glória lupina, tentando me fazer recuar. O que o atual alfa ainda não sabe, é que seu poder não me atinge mais.
“Nós vamos ter um macho forte, astuto e brilhante ao nosso lado... só precisamos esperar ele chegar” à voz de Lyra ressoa em meus ouvidos, decidi ignorá-la temporariamente e manter-me focada na reunião.
Sinto meus próprios olhos brilharem em verde reluzente.
— Pois eles que venham, pai, não vou recuar diante de uma possível ameaça. Vocês estão levando isso longe demais, essa rivalidade entre vocês duram séculos.
— Está dizendo que…
— Estou afirmando que não vou atacá-los, não sem um motivo plausível e caso ocorra deles atacarem primeiro, revidarei com tudo. Não suporto os Black, fui criada com isso tatuado em meu íntimo, mas isso não significa que eu acho que preciso manter essa richa. Eu não sou vocês, não sou meus avós nem nossos ancestrais.
Sem permitir que digam mais alguma coisa que possa me enfurecer ainda mais, saio do grande salão disparada, precisando da paz e calmaria que somente a floresta pode me proporcionar. Assim que meus pés tocam a grama molhada, meu corpo inteiro relaxa de forma instantânea. Lembro-me nitidamente da minha primeira transformação, de toda a dor paralisante que senti em meus membros, conforme todos os ossos do meu corpo se partiam para trazer a frente minha forma lupina. A sensação era desesperadora, o sangue circulava com mais pressão, meu cérebro não era capaz de manter as endorfinas em sincronia para apaziguar a dor e a sensação de não ter o poder sobre o próprio corpo causava-me pânico. Porém tudo não durou nem um minuto inteiro, meu pelo foi crescendo gradativamente conforme eu me encolhia no solo, minha visão ficou mais ampla, minha audição mais aguçada, meu olfato de um jeito que nunca imaginei ser possível e quando menos esperei, a dor sumiu. Só conseguia sentir a plenitude de finalmente estar completa, de ser o meu verdadeiro eu.
EmilyEl sol de la tarde se filtra por las ventanas de nuestra casa, creando patrones dorados sobre el suelo de madera. Desde aquí, sentada en el porche trasero con una taza de té entre mis manos, puedo ver a Christopher persiguiendo a los niños por el jardín. Sus risas llenan el aire como música, el sonido más hermoso que jamás haya escuchado.Cinco años. Han pasado cinco años desde aquel día en que mi vida cambió para siempre. A veces, cuando cierro los ojos, todavía puedo sentir el peso de aquella carta en mis manos, el dolor que me atravesó al saber que Daniel no volvería. Pero el tiempo, ese sanador silencioso, ha transformado lo que una vez fue una herida abierta en una cicatriz que ya no duele al tocarla.—¡Mamá, mira lo que encontré! —grita Lily, corriendo hacia mí con algo entre sus pequeñas manos.De los tres, Lily es la más parecida a Daniel. Tiene sus mismos ojos, ese azul profundo que parece contener océanos enteros. A veces, cuando me mira con esa intensidad suya, siento
EmilyEl sol de la tarde se filtraba por las cortinas de gasa, dibujando patrones dorados sobre la alfombra donde mis tres pequeños tesoros jugaban. Sentada en el sillón mecedor, con una taza de té entre mis manos, observaba a Lily intentando ponerse de pie agarrándose del sofá, mientras Noah mordisqueaba concentrado un sonajero y Emma, la más inquieta de los tres, gateaba velozmente persiguiendo una pelota de colores.Diez meses. Diez meses habían pasado desde que estos tres milagros llegaron a nuestras vidas, transformándolo todo. Sus risas llenaban cada rincón de la casa que ahora, sin duda alguna, era un hogar.—¡Mira, Christopher! —exclamé emocionada cuando Lily logró mantenerse de pie por unos segundos antes de caer sentada sobre su pañal—. ¡Lo ha conseguido!Christopher, que estaba organizando unos documentos en el escritorio cercano, levantó la mirada y sonrió con ese orgullo paternal que había florecido en él de manera tan natural.—Esa es mi pequeña valiente —dijo, dejando l
ChristopherHay momentos en la vida que marcan un antes y un después. Instantes precisos donde el tiempo parece detenerse para luego continuar su marcha con un ritmo diferente. Esta mañana, mientras observo a Emily dormir plácidamente a mi lado, siento que estamos viviendo uno de esos momentos.El sol se filtra por las cortinas de nuestro dormitorio, dibujando patrones dorados sobre su piel. Su respiración es tranquila, acompasada. Los trillizos duermen en sus cunas, un milagro poco frecuente que nos ha regalado esta mañana de domingo. Contemplo sus pestañas, la curva de sus labios, y me pregunto cómo he podido ser tan afortunado.Durante tanto tiempo viví en las sombras, primero bajo la de mi padre, luego bajo la de Daniel. Siempre el hermano mayor, el responsable, el que debía mantener la compostura mientras mi hermano brillaba con luz propia. Y cuando él se fue, su ausencia proyectó una sombra aún más grande sobre nosotros.Me levanto con cuidado para no despertarla. Necesito este
EmilyLa luz del atardecer se filtraba por las cortinas de gasa blanca, bañando la habitación con un resplandor dorado que parecía bendecir cada rincón. Los tres moisés estaban dispuestos en semicírculo frente a la ventana, como si fueran pequeños barcos a punto de zarpar hacia un viaje maravilloso. Yo los observaba desde la mecedora, con el corazón latiendo a un ritmo que ya no reconocía como miedo, sino como anticipación.Hoy era el día.Christopher entró con pasos silenciosos, como si temiera perturbar la paz que reinaba en la habitación. Llevaba una camisa blanca arremangada hasta los codos y su cabello ligeramente despeinado le daba un aire vulnerable que contrastaba con su habitual compostura.—¿Estás lista? —preguntó, acercándose para besar mi frente.Asentí, sintiendo un nudo en la garganta. Durante meses había postergado este momento, como si nombrar a mis hijos fuera el último paso para aceptar que Daniel ya no volvería, que esta nueva vida era real y permanente.—Todos está
ChristopherLa luz del amanecer se filtraba por las cortinas mientras observaba a Emily dormir. Su respiración era pausada, tranquila, como si por fin hubiera encontrado paz después de tantas tormentas. Los trillizos dormían en sus cunas, milagrosamente sincronizados en su descanso. Este silencio, esta calma, era algo que nunca pensé que tendría en mi vida.Me levanté con cuidado para no despertarla y me acerqué a la ventana. El jardín comenzaba a despertar con los primeros rayos del sol, y pude ver cómo el rocío brillaba sobre las flores que Emily había plantado semanas atrás. Flores que simbolizaban un nuevo comienzo, una promesa de permanencia.Durante años, el miedo había sido mi compañero más fiel. Miedo a no ser suficiente, a no estar a la altura de lo que mi padre esperaba, a vivir eternamente a la sombra de Daniel. Miedo a amar y no ser correspondido. Miedo a mostrarme vulnerable, a que alguien viera más allá de la coraza que había construido con tanto esmero.Daniel siempre f
EmilyEl llanto de Lily me despertó justo cuando el reloj marcaba las tres de la madrugada. Me incorporé de inmediato, con ese instinto maternal que había desarrollado en los últimos meses, pero sentí la mano de Christopher deteniéndome suavemente."Yo voy," susurró en la penumbra. "Descansa un poco más."Lo observé levantarse y dirigirse hacia la habitación contigua, donde habíamos instalado las tres cunas. Desde mi posición, podía escuchar sus pasos suaves y luego su voz, un murmullo tranquilizador que parecía calmar no solo a Lily, sino también a mí.Tres meses habían pasado desde que trajimos a los trillizos a casa. Tres meses de noches interrumpidas, de aprendizaje constante, de momentos de pánico y de alegrías indescriptibles. Nuestra vida se había transformado por completo, reorganizada alrededor de tres pequeños seres que demandaban toda nuestra atención.Me levanté finalmente, incapaz de permanecer en la cama mientras Christopher se ocupaba de todo. Al entrar en la habitación
Último capítulo