Emily
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas de gasa blanca, bañando la habitación con un resplandor dorado que parecía bendecir cada rincón. Los tres moisés estaban dispuestos en semicírculo frente a la ventana, como si fueran pequeños barcos a punto de zarpar hacia un viaje maravilloso. Yo los observaba desde la mecedora, con el corazón latiendo a un ritmo que ya no reconocía como miedo, sino como anticipación.
Hoy era el día.
Christopher entró con pasos silenciosos, como si temier