Mundo ficciónIniciar sesiónCamila, una brillante pero insegura pasante en una prestigiosa firma de arquitectura, vive sumergida en la rutina del trabajo hasta que un día tiene un sueño erótico inesperado con su CEO, el poderoso y enigmático Jesús Mendoza. A partir de ese momento, una obsesión silenciosa se apodera de ella: quiere ser suya, aunque sea solo en su mente. Lo que comienza como fantasías inocentes se convierte en una necesidad enfermiza por captar su atención. Camila modifica su rutina, su vestuario e incluso sus opiniones para coincidir con sus gustos, todo mientras lucha contra sus propios valores. Jesús es un hombre casado, con una reputación intachable, y le dobla la edad. Ella sabe que está mal, pero no puede evitar sabotearse cada vez que él le dirige la palabra. Cuando Jesús empieza a notar su presencia de manera distinta, la línea entre la obsesión y la realidad se desdibuja. La rutina, los viajes, los conflictos los acerca peligrosamente, y Camila se debate entre rendirse a sus deseos o huir antes de destruir su carrera y su moral. Pero la obsesión no perdona: cada gesto de él lo interpreta como una señal, cada rechazo como un desafío. ¿Será capaz de resistir la tentación?
Leer másEl taxi negro con vidrios polarizados se detiene frente a mi edificio. Jesús lo ha enviado, como prometió, para nuestra escapada de fin de semana. No sé a dónde vamos, qué tiene planeado, pero la expectativa me hace temblar las manos al subir al vehículo.El conductor no dice una palabra durante el trayecto al aeropuerto. Cuando llegamos, me dirige directamente a una terminal privada donde un avión ejecutivo espera, sus turbinas zumbando suavemente. La azafata me recibe por mi nombre y me lleva a la sección VIP, donde solo hay seis butacas de cuero blanco.El despegue es tan suave que apenas lo siento. Me duermo viendo las nubes, y cuando despierto horas después, mi corazón se detiene al ver la Torre Eiffel iluminada contra el cielo parisino.París.Jesús me espera en la pista privada, impecable con un traje negro que contrasta con su sonrisa blanca. Sin decir palabra, me atrae hacia él y me besa como si no hubiéramos estado separados semanas, sin
El auto de Cristian se desliza por las calles de Nueva Gerona como un felino negro, su motor un zumbido apenas audible que parece formar parte de la noche misma. La ciudad pasa como un sueño fuera de las ventanas tintadas, cada faro pintando breves destellos dorados en el interior lujoso del vehículo.Me lleva a un restaurante que desafía la arquitectura convencional: estructuras en voladizo que se proyectan hacia el vacío con una audacia que casi parece desafiar la gravedad, líneas irregulares que se entrelazan en un baile perfecto de hormigón y luz artificial que se derrama como líquido sobre las superficies pulidas. El lugar respira exclusividad desde su entrada, un santuario moderno donde el dinero y el poder se encuentran discretamente entre suspiros de jazz suave y el tintineo discreto de copas de cristal.—Quiero que diseñes algo así —dice Cristian, sus ojos verdes brillando con ambición genuina mientras recorremos el espacio con la mirada—. Pero m
Salgo del baño con el cabello aún goteando, envuelta apenas en una toalla que se niega a mantenerse en su lugar. El teléfono suena con el tono específico que asigné a Jesús —una llamada por Skype que no esperaba hasta mañana.Contesto sin pensarlo, ajustando la toalla con una mano.—¿Interrumpo? —pregunta Jesús, y puedo ver esa media sonrisa que me vuelve loca incluso a través de la pantalla pixelada.—Solo me estoy secando —respondo, sintiendo cómo el calor sube a mis mejillas cuando su mirada recorre el escote que la toalla deja expuesto.—Podríamos jugar un poco antes de que te vayas a dormir —sugiere, su voz un susurro ronco que me hace estremecer.—Me estoy preparando para salir —digo, evitando sus ojos.Su expresión cambia instantáneamente.—¿A esta hora?—Tengo que cenar con un cliente. Me asignaron un proyecto nuevo. —trago en seco el nudo en mi garganta.—¿Quién es? —pregunta un tanto demandante al darse cuenta de lo escuelas que son mis palabras.—Jesús, no vayas a armar un
De vuelta en la oficina, estoy inmersa en planos y especificaciones cuando mi teléfono cobra vida simultáneamente: la llamada entrante de Andrea parpadea en la pantalla justo cuando llega un mensaje de WhatsApp de Jesús.—¿Cómo está mi favorita en el paraíso? —pregunta Andrea, su voz tan alegre y despreocupada como siempre—. Aquí Jesús está de un humor espectacular, demasiado bueno para ser verdad. Sofía asegura que es porque se está acostando con Adriana otra vez, porque a Claudia no se le ha visto un pelo en todo esto.Miro el mensaje de Jesús, que brilla con una audacia que me hace sonreír a pesar de mí misma: "Fin de semana. Solo nosotros. ¿Sí o sí?"—¿Y Adriana? —continúa Andrea, arrastrándome de vuelta a la conversación—. ¿También está de maravilla?En ese preciso momento, como si la mención de su nombre la hubiera convocado, Adriana pasa por el pasillo contiguo. Su voz corta el aire como un cuchillo mientras regaña a algún pobre practicante. Su rostro, normalmente sereno y comp
Último capítulo