Salgo del baño con el cabello aún goteando, envuelta apenas en una toalla que se niega a mantenerse en su lugar.
El teléfono suena con el tono específico que asigné a Jesús —una llamada por Skype que no esperaba hasta mañana.
Contesto sin pensarlo, ajustando la toalla con una mano.
—¿Interrumpo? —pregunta Jesús, y puedo ver esa media sonrisa que me vuelve loca incluso a través de la pantalla pixelada.
—Solo me estoy secando —respondo, sintiendo cómo el calor sube a mis mejillas cuando su mirad