Mundo de ficçãoIniciar sessãoSrta. Mendes e o CEO Coração de Gelo Isadora Mendes é uma mulher linda, competente e esforçada, mas vive no limite entre o caos e a sobrevivência. Sem família, sem privilégios, ela enfrenta a vida sozinha — equilibrando contas, sonhos engavetados e o peso de uma rotina exaustiva. Tudo o que quer é uma chance. Um emprego fixo. Um recomeço. Ao conseguir uma entrevista na poderosa Alcântara Corporation, Isadora não esperava ser julgada já na porta — e muito menos pelo próprio CEO. Lorenzo Alcântara, arrogante, enigmático e com um olhar capaz de congelar qualquer um, parece ter um prazer particular em testá-la. Conhecido como “Coração de Gelo”, ele comanda a empresa com punho de ferro e uma frieza que ninguém ousa desafiar. Mas Isadora não é qualquer uma. Desastrada, sim. Um pouco ousada? Talvez. Mas por trás do nervosismo está uma mulher que não abaixa a cabeça, mesmo tremendo por dentro. E é isso que chama a atenção do homem que jurou nunca mais se envolver. Entre alfinetadas, encontros intensos e uma tensão que ameaça explodir, o que era para ser apenas uma relação profissional que se transforma em algo perigoso. Ela desperta emoções que Lorenzo enterrou há anos. Ele provoca sentimentos que ela jamais imaginou sentir. Quando o gelo racha, o que nasce não é só desejo — é um abismo onde ambos podem se perder.
Ler maisLa Luna destinada para un Alfa, compartía un vínculo irrompible y eterno con él. Eso era lo que le dijeron a Génesis Kale durante toda su vida, mientras era criada para ser la única Luna del Alfa Artem, quien ahora la miraba con asco y desprecio mientras abrazaba a la loba Ayla por la cintura.
— Exijo una explicación, ¿Por qué has decidido abandonarme por mi propia hermanastra? ¡Dime qué fue lo que hice mal para merecer tu rechazo, Alfa Artem! —
Aquella loba albina de cabellos de plata y ojos violeta que a ratos se notaban carmín y casi tan rojos como la sangre, gritó por una explicación que sabía que no le sería dada. Su alfa acababa de rechazarla.
Artem se acercó hacia Génesis para mirarla a los ojos; aquella loba tan pálida como la luna y frágil como el cristal, no era lo que él había deseado como su compañera para la eternidad, y mirando de soslayo a la loba Ayla de piel morena como el fuego y ojos salvajes tan verdes como el bosque, sintió asco de aquella loba albina que ya había dormido en su lecho.
— Génesis, la loba blanca de mal augurio, te rechazó ahora y te rechazó para siempre, he tomado como mi nueva Luna a Ayla Kale, y en este momento te expulso de la manada London. Te dejaré marchar sin pertenencia alguna, y si te rehúsas a irte, te mataré con mis propias garras y derramare tu sangre sobre la tumba de tu padre y de tu madre. — dijo el Alfa Artem tomando a la loba albina por el cuello, para luego hacerla caer con violencia sobre el suelo.
La loba Ayla soltó una risa burlona, y mirando a su hermanastra con aires de superioridad, le escupió en la cara.
— Lárgate de una vez, sucia huérfana. Los lobos blancos cargan consigo una maldición, y el Alfa Artem ha sido bastante amable contigo al dejarte ir sin castigo alguno por intentar maldecir a su linaje. Un heredero nacido de tu casta, solo ensuciara a la sangre pura de la manada London, y fue un error del Alfa Maserati el criarte para ser la Luna de su sucesor. ¡Lárgate ahora mismo, asquerosa loba blanca! — gritó la loba Ayla con desprecio.
Limpiándose el rostro y sintiéndose humillada, Génesis vio como varios lobos de aquella manada que la habían acogido cuando era solo una huérfana, se burlaban de ella y la miraban con asco. Aquellas personas que nunca antes le habían mostrado desprecio alguno, la estaban rechazando.
— ¡Fuera, fuera, fuera! — gritaban coléricos muchos de esos mismos lobos que la criaron para ser la Luna del mismo Alfa que acababa de mostrarle sus desprecios.
Poniéndose de pie, miró al Alfa Artem y a la loba Ayla.
— Quiero que me devuelvas el collar de mi madre, es lo único que pido, entrégamelo Alfa Artem, y te juro que no volverás a verme. — pidió Génesis.
El Alfa Artem sacó de entre sus ropas aquel dije de piedra lunar en forma de luna creciente, que era una reliquia de la extinta familia de Génesis. Sosteniéndolo frente a la loba albina, lo dejó caer dentro de un charco de lodo entre los dos, y luego se burló.
— No necesito una reliquia m*****a, así que puedes llevártela, pero, tendrás que tomarla con la boca, ese es tu castigo por meterte en mi cama. — dijo con crueldad el Alfa.
Génesis apretó sus puños hasta que se volvieron rojos, y sus ojos destellaron con un fulgor infernal mientras maldecir internamente a aquel que debía amarla para la eternidad.
Hincándose frente a Artem, se agachó para tomar con la boca aquel collar que era el tesoro más preciado para ella, y al lograr sacarlo, sintió el sabor de la tierra humedecida en sus labios ahora manchados de lodo. Poniéndose nuevamente de pie, se limpió la suciedad de su rostro, y miró con odio al Alfa y a su nueva Luna.
— Te vas a arrepentir de esto, Alfa Artem, y con la madre Luna de testigo, te juro que un día lo lamentaras. — dijo mirando al Alfa Artem directamente a sus ojos de ámbar.
Todos los presentes se burlaron, incluido el Alfa Artem. Abrazando a Ayla de la cintura y caminando con ella hacia su lujosa mansión, dio una última mirada a la loba de cabellos plateados.
— Mi manada London, desde este momento la loba Génesis queda expulsada de mis territorios, y tomo a loba Ayla como mi nueva Luna. Háganle saber a esta sucia albina, que ya no es bienvenida en nuestras tierras. — ordenó Artem con desprecio.
Pronto, todos los lobos que se habían reunido, comenzaron a aullar amenazantes, y tomando tierra del suelo, la arrojaron contra Génesis para hacerla salir de allí.
Su vestido de seda rosa ahora estaba manchado de barro, en su rostro quedó el rastro del lodo que probó con sus labios, y sosteniendo aquel collar entre sus manos, la Loba Génesis corrió hasta quedar exhausta y que sus piernas perdieron las fuerzas, aquel dolor que sentía, aquella humillación sufrida y el sentimiento de soledad que la embargaba, la hicieron sentir una rabia como nunca antes la sintió.
En aquellos verdes y solitarios prados, y con la luna sobre ella, Génesis maldijo aquellas tierras y a su dueño. Nunca más volverían a romperle el alma y el corazón. Llegando a aquella carretera olvidada por dios, derramó sus lágrimas y con sus pies sangrando por el esfuerzo, Génesis vio como un auto se paraba a un costado de la carretera, y un hombre con olor a humano se acercaba hasta ella.
— ¿Estás bien jovencita? ¿Puedo ayudarte? — dijo aquel anciano extendiendo su mano hacia ella.
Notando la amable mirada de aquel viejo humano, la loba Génesis sollozo.
— Por favor, llévame lejos de aquí. — suplicó.
Aquel anciano la ayudo a levantarse, y subiendo a su auto junto a él, Génesis vio como aquella tierra que la acogió y que la vio crecer, iba quedando cada vez más atrás.
En la mansión London, Ayla yacía desnuda en los brazos del Alfa Artem. Finalmente había seducido a ese lobo, y se había convertido en su nueva Luna, mientras Artem sintió una repentina inquietud, pero negándose a ello, besó a su amante.
— Nunca más volveré a ver a Génesis Kale. — musitó.
Sosteniendo entre sus manos aquel collar antiguo, Génesis juro jamás volver al Alfa Artem.
"Acreditar na força do amor é entender que, mesmo quando tudo parece desabar, é ele quem nos reconstrói por dentro e nos ensina a recomeçar."Escrever meu primeiro livro foi como abrir uma janela em um cômodo escuro e empoeirado. Aos poucos, a luz entrou, o ar circulou e, com ele, vieram os personagens, as emoções e a história que antes só vivia dentro de mim. Srta. Mendes e o CEO Coração de Gelo nasceu do desejo ardente de contar um romance sincero, intenso, cheio de quedas, recomeços, olhares que falam mais que palavras e silêncios que dizem tudo.Foi uma jornada longa e cheia de descobertas. Houve dias em que me perguntei se conseguiria. Tive bloqueios criativos, dúvidas sobre o rumo da história, noites maldormidas, cafés gelados esquecidos ao lado do teclado. Mas também vivi momentos de verdadeira alegria — quando uma cena fluía tão bem que parecia já estar escrita dentro de mim, apenas esperando para ser revelada. E hoje, ao escrever estas palavras de encerramento, meu coração
O céu parecia abençoar aquela noite com sua luz serena, como um suspiro da natureza que confirmava: este era o momento. Nuvens brancas desfilavam no horizonte, o vento sussurrava segredos antigos pelas folhas, e o silêncio reverente abraçava o jardim onde Isadora caminhava em direção ao altar. Nada de exageros ou pompa desnecessária — só flores brancas como esperança, sorrisos sinceros e corações que batiam no mesmo ritmo. Lorenzo caminhava ao seu lado, nervosismo sutil que tremulava nos olhos e uma ternura profunda estampada no peito. Gabriel, com a responsabilidade de um rei, conduzia as alianças em suas mãos pequenas, tentando disfarçar o nervosismo com uma gravata torta que só o fazia parecer ainda mais adorável. Catarina, quase invisível no canto, sorriu entre lágrimas, seus olhos marejados guardando toda a história que eles viveram — uma história de batalhas, perdas e, finalmente, recomeços. Isadora estava linda em sua simplicidade, com um vestido fluido que parecia dançar c
O sol da Irlanda filtrava-se pelas cortinas brancas do quarto, pintando o ambiente com tons dourados e suaves. Isadora abriu os olhos lentamente, sentindo o calor do corpo de Lorenzo ao seu lado. Dois meses. Dois meses sem aquele cheiro, sem aquele toque, sem aquele abrigo silencioso que só ele sabia oferecer. Virou-se devagar e encontrou o rosto dele tão perto, os cílios longos descansando sobre a pele bronzeada, a respiração calma de quem, por fim, estava em paz. Isadora se permitiu um sorriso tranquilo e aconchegou-se mais, passando a perna por cima da dele, o rosto no pescoço do homem que amava. — Achei que era um sonho — sussurrou ela, deslizando os dedos pelo peito dele. Lorenzo abriu um dos olhos, preguiçoso e provocador. — Se for, espero não acordar. — respondeu com a voz ainda rouca de sono, puxando-a para mais perto e beijando-lhe a testa. Aquela manhã tinha gosto de recomeço, de alívio e de futuro. Mas Isadora logo notou algo diferente assim que desceu para a cozinha.
O escritório envidraçado no alto da Avenida Paulista exalava silêncio e encerramento. Era como se até os móveis soubessem que aquele dia marcava o fim de um ciclo.Lorenzo Alcântara estava sozinho, olhando a cidade lá embaixo, como um rei que se despedia do seu trono sem perder a imponência. A capital fervilhava com sua pressa habitual, mas ali dentro tudo era calma, maturidade e decisão.Sobre a mesa, a pasta com os últimos documentos assinados. O novo presidente do Grupo Alcântara estava prestes a assumir. Não era apenas um nome de confiança, era Leonardo, o amigo que o acompanhava desde o início, quando Lorenzo ainda era arrogante demais para ouvir conselhos e teimoso demais para aceitar que precisava de ajuda.— Está tudo pronto, Leo. Agora você é o responsável pelo Grupo Alcântara. — disse Lorenzo, estendendo a mão com a mesma firmeza de quem construiu um império do zero.Leonardo segurou a mão do amigo com respeito e orgulho.— Não vou decepcionar. Mas saiba que, mesmo de longe,





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