Provócame, si te atreves

Provócame, si te atrevesES

Romance
Última actualización: 2026-03-24
LISA CARM  Recién actualizado
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10
7 Reseñas
316Capítulos
18.9Kleídos
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Resumen
Índice

Valeria lo tiene todo: una lengua afilada, curvas de infarto y cero interés en enamorarse. Después de una traición que la marcó para siempre, decidió que su corazón es terreno prohibido. Solo tiene una regla: sexo sin compromiso. Pero su mundo tambalea cuando conoce a Enzo Costa, un empresario italiano tan guapo como insoportable. Dueño de un pasado turbio y de una mirada que puede incendiar las entrañas, Enzo también tiene sus propias reglas. Solo una mujer ha conseguido entrar en su vida… y esa mujer murió hace años. Cuando el deseo se convierte en una guerra de poder, ninguno está preparado para las consecuencias. Él no busca amor. Ella no quiere promesas. Pero el destino no respeta reglas.

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Capítulo 1

1

La seda azul mediterráneo se rasgó con un sonido que atravesó el caos del backstage como un disparo. Valeria observó horrorizada cómo la costura lateral del vestido principal —el que debía cerrar su primer desfile en solitario— se abría en una línea perfecta desde la cadera hasta el dobladillo.

Cinco minutos. Le quedaban exactamente cinco minutos antes de que las luces se encendieran sobre la pasarela del Palacio de Cristal, transformado para la ocasión en el escenario central de la Madrid Fashion Week.

—Dios mío. —Lucía, su asistente principal, se llevó las manos a la boca—. Valeria, ¿qué hacemos?

El backstage era un torbellino de modelos ajustándose prendas, maquilladores aplicando últimos retoques y coordinadores gritando instrucciones por walkie-talkies. El aire olía a laca para el pelo, perfume caro y el sudor frío que solo producía el pánico escénico. Valeria sintió cómo todas las miradas se volvían hacia ella, esperando que se derrumbara, que confirmara lo que todos ya sospechaban: que no estaba lista para esto, que seguía siendo solo la hija de Ernesto Hidalgo intentando llenar zapatos demasiado grandes.

—No. —La palabra salió de sus labios con más firmeza de la que sentía—. No vamos a cancelar nada.

Lucía parpadeó. —¿Cómo? El vestido está destrozado. No hay tiempo para...

—Entonces lo arreglamos. —Valeria ya estaba evaluando el daño, sus dedos deslizándose sobre la tela rasgada con la precisión que había heredado de su padre—. Necesito imperdibles. Los dorados. Y trae mi caja de emergencia.

Tres años preparándome para este momento, pensó mientras Lucía corría a buscar los materiales. Tres años diseñando en la sombra de papá, escuchando a la gente susurrar que solo tengo este contrato porque el apellido Hidalgo aún significa algo en esta industria. No voy a darles la satisfacción de verme fracasar.

El Palacio de Cristal se alzaba majestuoso en el corazón del Parque del Retiro, su estructura de hierro y cristal transformada para la semana de la moda en un templo del diseño contemporáneo. Fuera, los flashes de los fotógrafos creaban una galaxia de luz artificial mientras las celebridades e influencers desfilaban por la alfombra roja. Dentro, en el backstage, Valeria luchaba contra el reloj y sus propios demonios.

—Aquí están. —Lucía regresó con los brazos llenos de cajas—. Pero Valeria, incluso con imperdibles, no hay forma de que esto se vea...

—Confía en mí.

No era solo confianza lo que necesitaba. Era un milagro. Valeria extendió el vestido sobre la mesa de trabajo más cercana, ignorando las miradas curiosas de las otras diseñadoras. Podía sentir sus ojos clavados en su espalda, podía escuchar los susurros que no se molestaban en ocultar.

"Sabía que pasaría algo así."

"Demasiado joven, demasiado inexperta."

"El talento no se hereda, por mucho que ella quiera creerlo."

Cerró los ojos por un momento, permitiéndose un segundo de vulnerabilidad antes de volver a abrirlos con renovada determinación. Su padre le había enseñado que los mejores diseños a menudo nacían de los accidentes, de los errores que obligaban a pensar de manera diferente.

Muy bien, papá, pensó mientras sus manos comenzaban a trabajar con una velocidad que sorprendió incluso a Lucía. Veamos si realmente aprendí algo de ti.

Fue entonces cuando lo sintió. Esa sensación particular de ser observada que hacía que los vellos de su nuca se erizaran. Levantó la vista y lo vio.

Enzo Costa estaba apoyado contra el marco de la puerta del backstage con una elegancia casual que parecía diseñada para irritarla. Vestía un traje gris oscuro que probablemente costaba más que todo su presupuesto de producción, su camisa blanca abierta en el cuello revelando una piel bronceada que hablaba de veranos en la Riviera italiana. Pero fueron sus ojos —de un verde intenso que recordaba a los bosques en primavera— los que la atravesaron con una intensidad que le robó el aliento.

No debería estar ahí. El backstage era zona restringida, solo para personal autorizado. Pero claro, Enzo Costa era el dueño de GMI, una de las empresas de inversión en moda más poderosas de Europa. Las reglas probablemente no aplicaban para hombres como él.

Valeria lo había visto antes, por supuesto. Era imposible moverse en los círculos de la moda sin toparse con el nombre de Enzo Costa. Treinta y dos años, heredero de un imperio textil italiano, con una reputación de ser despiadadamente crítico y peligrosamente atractivo. Se decía que podía hacer o destruir carreras con una sola palabra en el oído correcto.

Y ahora estaba aquí, observándola luchar contra un desastre de último minuto, probablemente tomando notas mentales para su próximo informe de inversión sobre por qué apostar por diseñadores novatos era una pérdida de tiempo.

—Cuatro minutos —anunció uno de los coordinadores, su voz amplificada por el megáfono.

Valeria volvió a concentrarse en el vestido, sus dedos trabajando con precisión quirúrgica mientras colocaba los imperdibles en un patrón que comenzaba a tomar forma en su mente. No era lo que había planeado, pero podía funcionar. Tenía que funcionar.

—Eso no va a sostener. —La voz de Enzo cortó el aire como una navaja, su acento italiano apenas perceptible pero presente en la forma en que alargaba ciertas vocales—. Los imperdibles se abrirán con el movimiento. Necesitas refuerzo estructural.

Valeria apretó la mandíbula. Por supuesto que necesito refuerzo estructural. ¿Crees que soy idiota?

—Gracias por la observación —respondió sin mirarlo, manteniendo su voz profesionalmente neutral—. Pero tengo esto bajo control.

—Claramente. —Había un dejo de ironía en su tono que hizo que la sangre de Valeria hirviera—. Por eso estás a tres minutos de enviar a una modelo a la pasarela con un vestido sostenido por esperanza y metal barato.

Eso la hizo levantar la vista. Sus ojos se encontraron, y por un momento, Valeria sintió que se ahogaba en ese verde intenso que parecía contener todos los secretos de los bosques italianos. Pero se obligó a sostener la mirada, negándose a darle la satisfacción de verla retroceder.

—Son imperdibles de diseño, no metal barato. Y si tiene una sugerencia constructiva, señor Costa, estoy abierta a escucharla. Si solo vino a hacer comentarios condescendientes, la puerta está justo detrás de usted.

Una sonrisa apenas perceptible curvó las comisuras de sus labios. No era una sonrisa amable. Era el tipo de sonrisa que un depredador mostraba antes de atacar.

—Córtala. —Señaló hacia su propia corbata, una pieza de seda dorada que probablemente era vintage y valía una fortuna—. La seda. Úsala como tiras de refuerzo bajo los imperdibles. El color contrastará con el azul, creará un efecto visual interesante. Y si la colocas en diagonal...

Valeria procesó la sugerencia en dos segundos. Era brillante. Odiaba admitirlo, pero era absolutamente brillante. El dorado contra el azul mediterráneo crearía una tensión visual que el diseño original no tenía, y las tiras de seda servirían como refuerzo estructural sin añadir peso.

—Tres minutos —gritó el coordinador.

No había tiempo para el orgullo.

—Lucía, tijeras. Ahora.

Enzo se quitó la corbata con movimientos fluidos, extendiéndola hacia ella. Valeria la tomó, sus dedos rozando los de él por un instante. La chispa que sintió en ese breve contacto la tomó por sorpresa, un calor que se extendió desde sus dedos hasta su brazo.

Concéntrate, se ordenó a sí misma mientras comenzaba a cortar la seda en tiras perfectas. Esto no es momento para distracciones.

Los siguientes dos minutos fueron un ballet de precisión. Valeria trabajaba con una velocidad que sorprendió incluso a Lucía, colocando las tiras de seda dorada estratégicamente bajo la rasgadura, fijándolas con los imperdibles en un patrón que transformaba el accidente en un elemento de diseño deliberado. Enzo permanecía cerca, no ofreciendo más consejos pero tampoco alejándose, su presencia una constante perturbadora en su visión periférica.

—Un minuto —anunció el coordinador.

—Listo. —Valeria dio un paso atrás, evaluando su trabajo con ojo crítico—. Sofía, ven aquí.

La modelo principal se acercó, su expresión mezclando nerviosismo y confianza profesional. Valeria la ayudó a ponerse el vestido, ajustando cada imperdible, cada tira de seda, hasta que la prenda se asentó sobre el cuerpo de Sofía como una segunda piel.

El resultado era... impresionante. Las tiras doradas creaban un efecto de aberturas controladas que revelaban destellos de piel bronceada, transformando lo que había sido un desastre en un diseño audaz que parecía desafiar las convenciones.

—Dios mío —susurró Lucía—. Es mejor que el original.

Valeria no respondió. Estaba demasiado ocupada procesando el hecho de que Lucía tenía razón. El vestido había sido salvado, transformado en algo que nunca habría diseñado deliberadamente pero que ahora parecía inevitable, perfecto.

—Treinta segundos. Todas las modelos a sus posiciones.

Sofía se dirigió hacia la entrada de la pasarela, su andar profesional ya activado. Las otras modelos la siguieron, una procesión de seda, encaje y diseños que Valeria había creado durante meses de trabajo incansable.

—Señorita Hidalgo. —La voz de Enzo la detuvo cuando estaba a punto de dirigirse a su posición junto a la pasarela—. Una última cosa.

Valeria se volvió, encontrándolo más cerca de lo que esperaba. Podía ver las pequeñas líneas alrededor de sus ojos, la sombra de barba que oscurecía su mandíbula, el verde exacto de sus iris que parecía cambiar con la luz.

—¿Sí?

—El diseño es bueno. La ejecución bajo presión fue impresionante. —Hizo una pausa, y Valeria se preparó para el inevitable "pero"—. Pero la próxima vez que decida presentar una colección, asegúrese de que sus costuras puedan soportar más que una brisa suave.

La crítica la golpeó como una bofetada. No porque fuera injusta —las costuras habían fallado, después de todo— sino porque venía justo cuando había empezado a pensar que tal vez, solo tal vez, había ganado un ápice de respeto de este hombre imposible.

—Gracias por el consejo —respondió con una dulzura venenosa—. Y gracias por arruinar una corbata probablemente carísima para ayudar a una diseñadora novata. Estoy segura de que su altruismo no tiene nada que ver con el hecho de que GMI está considerando invertir en esta línea y un fracaso público le habría costado dinero.

Algo brilló en los ojos de Enzo. Diversión, quizás. O admiración. Era difícil saberlo.

—Diez segundos —gritó el coordinador.

—Vaya —dijo Enzo simplemente—. Su desfile está a punto de comenzar.

Las luces del Palacio de Cristal se atenuaron, sumiendo el espacio en una oscuridad expectante. Valeria corrió hacia su posición, su corazón martilleando contra sus costillas mientras la primera modelo emergía hacia la pasarela.

La música comenzó —una pieza electrónica con matices de flamenco que había seleccionado personalmente— y Sofía avanzó con esa gracia felina que solo las supermodelos poseían. El vestido azul con sus destellos dorados captó la luz de manera que parecía líquido en movimiento, las aberturas estratégicas revelando y ocultando con cada paso.

El murmullo de la audiencia fue instantáneo. Valeria podía ver las cabezas girándose, los teléfonos levantándose para capturar fotos, los críticos de moda inclinándose hacia adelante en sus asientos.

Una a una, las modelos desfilaron, cada una presentando piezas que Valeria había diseñado con la esperanza de demostrar que era más que un apellido, que tenía una voz propia en el mundo de la moda.

Cuando Sofía regresó para el cierre final, el aplauso que estalló fue ensordecedor. Valeria sintió las lágrimas amenazando con escapar, pero las contuvo. Todavía no. Aún no es momento de mostrar debilidad.

—Sal —la urgió Lucía, empujándola suavemente hacia la pasarela—. Es tu momento.

Valeria respiró profundamente y caminó hacia la luz. Los flashes de las cámaras la cegaron momentáneamente, pero siguió avanzando hasta el centro de la pasarela. Las modelas la flanqueaban, formando una línea perfecta de diseños que representaban meses de trabajo, años de aprendizaje, una vida entera de sombras que finalmente empezaban a desvanecerse.

Hizo su reverencia, permitiéndose un segundo de satisfacción pura antes de retirarse. Mientras regresaba al backstage, sus ojos buscaron involuntariamente a Enzo Costa.

Lo encontró todavía en su posición junto a la puerta, pero ahora no estaba solo. Una mujer rubia con un vestido rojo que probablemente era de alta costura se había acercado a él, su mano posada posesivamente en su brazo mientras le susurraba algo al oído.

Enzo escuchaba con expresión cortés pero distante, sus ojos verdes escaneando el backstage hasta que encontraron los de Valeria. Por un momento, el mundo se redujo a ese intercambio de miradas. Entonces él asintió, un gesto casi imperceptible, antes de volverse completamente hacia la mujer rubia.

Valeria sintió algo extraño en su pecho. No era decepción, se dijo a sí misma. Solo era adrenalina post-desfile mezclada con el alivio de haber sobrevivido a su primer gran prueba.

—¡Valeria! —Lucía la envolvió en un abrazo—. ¡Fue increíble! Los críticos están hablando del vestido de cierre. Dicen que es revolucionario, que redefiniste el concepto de imperfección deliberada.

Imperfección deliberada. Si supieran que había sido un accidente salvado por la intervención de un hombre arrogante con una corbata cara.

—Señorita Hidalgo. —Un asistente de producción se acercó con una tableta—. Tiene tres solicitudes de entrevista para mañana. Vogue España, Harper's Bazaar y... —consultó la pantalla— Marcus Webb de Vogue América quiere reunirse con usted personalmente.

El nombre la golpeó como un puñetazo. Marcus Webb era legendario en la industria, conocido por descubrir y lanzar carreras. También era conocido por su asociación cercana con Enzo Costa.

—¿Vogue América? —repitió, asegurándose de haber escuchado correctamente.

—Sí. Dice que quedó impresionado con su trabajo y quiere discutir una posible colaboración.

Valeria procesó la información mientras observaba a Enzo desaparecer entre la multitud del backstage, la mujer rubia aún colgada de su brazo. Algo le decía que esa reunión con Marcus Webb no era coincidencia.

—Acepta todas las entrevistas —dijo finalmente—. Programa a Marcus Webb para mañana a las tres.

El asistente asintió y se alejó, dejando a Valeria sola con sus pensamientos y el eco del aplauso que aún resonaba en sus oídos.

Su teléfono vibró. Un mensaje de número desconocido:

"Primero, haz que funcione. Después hablamos. - E.

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Yesica Sacol
con todo respeto odio el rumbo de la historia ya la voy eliminar
2026-02-12 04:01:05
1
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Patricia
Yo dejé de leerla xq no entendia nada. Le cambia los nombres de la esposa o novia del protagonista. Le propuso matrimonio miles de veces. Le verdad un desorden total…
2026-01-23 04:48:33
1
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Maria Soledad
Debe tener un final acorde al relato realizado
2025-12-29 07:22:05
0
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Maria Soledad
Excelente historia pero debe tener un final como corresponde muy bueno
2025-10-24 01:51:58
0
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Eugenia Eugenia
Es una historia atrapante pero los capítulos están mal subidos. Hay alguna posibilidad de arreglar eso? La historia va para atrás y para adelante todo el tiempo
2025-10-09 08:04:24
0
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Mirian Estrella
excelente historia super emocionante felicitaciones me fascinó
2025-09-26 21:54:53
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F. Bogo
Wooow! Me encanta ...
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