La luz del alba se filtraba a través de los ventanales del taller, transformando el polvo suspendido en el aire en partículas doradas que danzaban entre las mesas de trabajo. Valeria había llegado antes que nadie, como siempre, necesitando esos momentos de soledad donde el espacio era únicamente suyo, donde podía respirar sin el peso de las expectativas ajenas.El taller olía a tela nueva y café recién hecho. Había preparado una cafetera entera, consciente de que necesitaría cada gota para sobrevivir al día que tenía por delante. La reunión con Enzo estaba programada para las diez de la mañana, lo que le daba exactamente dos horas para organizar los bocetos, preparar las muestras de tela y convencerse de que podía mantener la compostura profesional.Se había vestido con cuidado esa mañana: pantalones negros de corte impecable, blusa blanca de seda con mangas tres cuartos, y zapatos planos que le permitirían moverse con comodidad por el taller. Nada de tacones. Nada que pudiera interpre
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