Mundo ficciónIniciar sesiónLa madrugada de Madrid tenía esa quietud particular que solo existía en las horas previas al amanecer, cuando la ciudad aún dormía y las calles se extendían vacías bajo la luz amarillenta de las farolas. Valeria conducía por la Castellana con las manos aferradas al volante, sus nudillos blancos contra el cuero negro mientras procesaba la decisión que había tomado hacía apenas veinte minutos.
Necesitaba hablar con Enz







