El vestido rojo descansaba sobre la cama como una provocación silenciosa. Valeria pasó los dedos por la tela satinada, sintiendo el poder que emanaba de aquella prenda. No era solo un vestido; era una declaración de intenciones.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Lucía, recostada en el marco de la puerta con una carpeta en la mano—. Parece que estás jugando con fuego.
Valeria sonrió mientras se deslizaba dentro del vestido, que se adhirió a su cuerpo como una segunda piel. La abertura lateral lle