El Bentley negro esperaba frente al edificio de GMI con la puntualidad de una sentencia. Valeria lo observó desde la ventana de su taller, sintiendo cómo cada latido de su corazón martilleaba contra sus costillas con una insistencia que rayaba en lo doloroso. Había pasado la noche anterior sin dormir, debatiendo consigo misma si cancelar el viaje, si inventar alguna emergencia que la mantuviera anclada a la seguridad de Madrid.
Pero Carmen había sido implacable durante el desayuno.
—Si no vas, p