Mundo ficciónIniciar sesiónTRES MESES Y MEDIO DESPUÉS
~Perspectiva de Adrián~ El sol de la mañana entraba por las ventanas del salón y se colaba hasta la habitación que estaba destinada a ser la del bebé. La luz iluminaba la pintura que habíamos elegido juntos, los muebles que poco a poco llenábamos de color y detalles, y el caos alegre que siempre traía el cachorro, ahora de seis meses, corriendo entre las cajas y los juguetes esparcidos por el suelo. Lara estaba de pie, con la barriga ya bastante marcada, apoyando una mano sobre ella mientras sujetaba con la otra un peluche para colocarlo en la estantería. Su sonrisa reflejaba una mezcla de cansancio y emoción, y yo no podía dejar de mirarla, sintiendo una felicidad que todavía me sorprendía cada día. —Creo que aquí irá bien —dijo, colocando el peluche y girándose hacia mí—. ¿Qué opinas tú? —Perfecto —respondí, acercándome y pasando un brazo alrededor de su cintura, descansando mi mano sobre su vientre—. Le va a encantar. El cachorro, al sentir la cercanía, se acercó corriendo y saltó sobre nosotros, juguetón, con la lengua afuera y los ojos brillantes. Lara se agachó ligeramente para acariciarlo, y yo aproveché para depositar un beso suave en su hombro, notando cómo su barriga presionaba ligeramente contra mí. —Cada vez se nota más, ¿verdad? —dijo, con un toque de sorpresa y cariño en su voz—. Cinco meses… casi medio año. —Sí —dije, acariciando suavemente su vientre—. Y todavía queda mucho por vivir juntos. Nos movíamos por la habitación, colocando cajitas, doblando ropita diminuta y eligiendo dónde poner cada detalle. Cada objeto parecía tener un significado especial: la primera mantita, el móvil musical, los colores suaves de las paredes… todo cuidadosamente elegido, con risas y algún comentario tonto que solo nosotros entendíamos. El cachorro seguía revoloteando, saltando sobre la silla y tirando algún cojín, y eso provocaba carcajadas constantes. Lara se agachaba para regañarlo suavemente mientras yo aprovechaba para pasar un brazo alrededor de sus hombros y depositar besitos en su cabello. La complicidad entre nosotros era evidente: no necesitábamos palabras para entendernos, cada gesto decía más que cualquier conversación. —Va a ser un desastre cuando empiece a gatear —bromeó ella, señalando al cachorro—. Ya tiene seis meses y no hay quien le pare. —Y aún así será el mejor compañero —respondí, mientras ambos nos reíamos—. Igual que este pequeño dentro de ti. Sentí cómo su mano se apoyaba sobre la mía, que estaba sobre su vientre, y noté la calidez del contacto. Un silencio cómodo se instaló mientras mirábamos la habitación, ahora parcialmente decorada, y el cachorro dormía en el suelo, exhausto por tanto juego. Después, nos sentamos en el suelo, rodeados de cajas abiertas y ropa doblada, y comenzamos a organizar todo con cuidado. Cada vez que Lara se agachaba, yo no podía evitar acariciar su espalda y su vientre, asegurándome de que estuviera cómoda. Su respiración se aceleraba un poco con cada movimiento, y yo la observaba con ternura infinita. —Sabes —dijo mientras se recostaba un instante contra mi hombro—, todavía me sorprende todo esto. Seremos padres… y me siento segura contigo. —Y yo contigo —dije, besando suavemente su cabeza—. Esto va a ser increíble. Entre risas, comentarios sobre el cachorro y pequeñas pausas para beber agua, seguimos organizando la habitación. Colocamos la cuna, los juguetes y hasta un rincón de lectura que habíamos planeado, todo con cuidado y entusiasmo. Cada decisión era un reflejo de nosotros, de nuestra vida juntos y del futuro que estábamos construyendo. Al terminar, nos sentamos en el suelo, mirando todo lo que habíamos logrado. Lara apoyó la cabeza en mi pecho y yo pasé un brazo alrededor de su cintura, descansando la otra mano sobre su vientre. El cachorro se acercó y se recostó a nuestro lado, completando la imagen perfecta de nuestra pequeña familia en crecimiento. —Mira cómo ha crecido todo… y nosotros con él —susurró, con una sonrisa que me hizo sentir un amor profundo—. No podría imaginarme esto con nadie más. —Yo tampoco —dije, besando suavemente su frente—. Todo esto, cada momento, cada detalle… es nuestro. Y lo mejor está por venir. La tarde avanzaba lentamente, con luz cálida entrando por la ventana. El sonido del cachorro jugando, el olor a pintura fresca y el calor de nuestra cercanía creaban un escenario que jamás olvidaría. Me recosté junto a Lara, acariciando su cabello y su barriga, y sentí cómo nuestra conexión se fortalecía con cada instante, cada gesto, cada risa compartida. Y mientras mirábamos la habitación del bebé, ahora lista para recibir a nuestro pequeño, supe que todo lo que habíamos vivido, todos los momentos de complicidad y cuidado, nos habían preparado para este instante. Para nosotros, para nuestra familia, para nuestra vida juntos.






