El lunes comenzó como cualquier otro día en la oficina, pero para mí todo era distinto. Cada movimiento, cada mirada, cada gesto estaba cargado de un significado nuevo, más profundo. La barriga ya empezaba a notarse un poco más, y aunque nadie más lo percibía todavía, yo podía sentir cómo él me observaba con cuidado, atento a cualquier indicio de incomodidad.
—Buenos días —susurró mientras me pasaba el café—. Todo listo para la reunión de esta mañana.
Asentí, tomando el vaso y notando el calor