Inicio / Romance / Mi jefe, mi enemigo / Cada vez más evidente
Cada vez más evidente

El lunes comenzó como cualquier otro día en la oficina, pero para mí todo era distinto. Cada movimiento, cada mirada, cada gesto estaba cargado de un significado nuevo, más profundo. La barriga ya empezaba a notarse un poco más, y aunque nadie más lo percibía todavía, yo podía sentir cómo él me observaba con cuidado, atento a cualquier indicio de incomodidad.

—Buenos días —susurró mientras me pasaba el café—. Todo listo para la reunión de esta mañana.

Asentí, tomando el vaso y notando el calor de su mano sobre la mía por un segundo más de lo necesario. Nadie más pareció notarlo, pero para nosotros era un recordatorio constante: estábamos juntos, sincronizados, protegiéndonos y preparando el terreno para lo que pronto se haría evidente.

Mientras nos acomodábamos, sonó el móvil: un mensaje de su hermana preguntando si habíamos desayunado y recordando que quería llamarnos por la tarde para ponernos al día. Sonreí ante la familiaridad de esos pequeños detalles. Yo también tenía mensajes de mi hermano, preguntando cómo estaba la mañana y enviando un gif gracioso de un perro, algo que me hizo sonreír mientras él me daba un suave toque en el brazo.

Durante la primera reunión del día, sentí su mirada sobre mí varias veces. No era solo una mirada profesional; había algo más, algo que me hacía sonreír por dentro y mantenerme concentrada al mismo tiempo. Intenté no sonrojarme mientras él pasaba junto a mí, apoyando la mano brevemente en mi espalda al levantar un archivo. Todo el mundo lo vio como un gesto casual, pero para nosotros tenía un significado claro: nos protegemos y nos apoyamos.

Entre llamadas y correos, encontrábamos pequeños momentos para estar cerca: él me pasaba documentos con un roce ligero en la muñeca, me sonreía mientras yo explicaba un punto y apoyaba su mano sobre mi espalda al guiarme hacia la impresora. Todo parecía casual, natural, pero para mí cada gesto era un recordatorio de que él estaba allí, atento a mi comodidad, vigilando que nadie sospechara nada antes de tiempo.

Durante la pausa del café, caminamos juntos hacia la cocina. El cachorro que habíamos recogido hacía unos días dormía en mi bolso, y eso nos daba un motivo más para estar cerca, intercambiando miradas cómplices y sonrisas suaves.

—Todo está bien —murmuró mientras me pasaba la taza—. No hay prisa. Solo nosotros, tranquilos.

Yo asentí, sintiendo cómo un calor agradable se instalaba en mi pecho. Cada gesto suyo, cada palabra susurrada, cada roce ligero era suficiente para que mi ansiedad disminuyera, aunque la barriga empezara a notarse un poco más con cada movimiento.

Durante la jornada, aparecieron algunos mensajes más: mi hermano preguntando si quería que cenáramos juntos el jueves, y la hermana de él enviando un meme gracioso sobre la maternidad anticipada, lo que nos hizo reír discretamente mientras revisábamos un informe. Esos pequeños contactos me recordaban que nuestras familias estaban presentes, que aunque estuviéramos concentrados en nuestra vida laboral, había un tejido de apoyo fuera de la oficina que nos sostenía.

A media mañana, mientras él revisaba unos informes, me apoyé un instante sobre su hombro para leer un documento. Sus manos descansaban sobre mi brazo, y pude sentir su mirada protegiéndome sin necesidad de palabras. Era curioso cómo, incluso en medio del trabajo, nuestra conexión se hacía presente de manera tan natural. Nadie más parecía notar nada, pero yo podía sentir su atención constante, como si mi bienestar fuera su prioridad absoluta.

En un momento, mientras caminábamos por el pasillo para entregar unos documentos, me colocó la chaqueta sobre los hombros con delicadeza y se inclinó ligeramente para asegurarse de que el abrigo quedara bien. Nadie más lo percibió, pero para mí fue un gesto lleno de cuidado y cariño.

—No olvides que tenemos que actuar con naturalidad —susurró mientras regresábamos a nuestros escritorios—. Pero cada pequeño gesto cuenta.

Asentí, y me recosté un instante, apoyando mi mano sobre la barriga. El simple acto de sentir la vida que crecía dentro de mí me llenaba de emoción y responsabilidad al mismo tiempo. Él lo notó y me lanzó una sonrisa suave, apenas perceptible, pero cargada de significado: estamos juntos, todo estará bien.

Durante la jornada, seguimos intercambiando gestos y palabras: un apretón de manos demasiado prolongado, un susurro al oído mientras revisábamos un informe, una sonrisa compartida cuando nadie más miraba. Todo era natural, pero al mismo tiempo preparaba el terreno para lo que inevitablemente se haría evidente: nuestro vínculo y el embarazo que estaba creciendo en mí.

Al final del día, mientras nos preparábamos para salir, él se acercó y apoyó su mano sobre mi vientre por un instante, sin decir nada. Solo un contacto breve, cálido, protector. Yo cerré los ojos un momento, dejando que ese gesto me llenara de calma y emoción.

—Mañana seguiremos igual —susurró—. Paso a paso. Naturalmente.

Asentí, sintiendo que, pase lo que pase, podríamos enfrentarlo todo. La barriga, la oficina, los rumores… todo sería manejable mientras estuviéramos juntos, sincronizados y conscientes de nuestra realidad.

Mientras caminábamos hacia el coche, tomados de la mano, recibimos un mensaje de su hermano diciendo que quería que nos reuniéramos este fin de semana para jugar con el cachorro, y uno mío recordándome que la cena familiar del jueves estaba confirmada. Sonreímos ante la coincidencia: nuestras familias cada vez estaban más presentes en nuestras vidas, y el embarazo solo hacía que esa conexión fuera más fuerte.

Mientras el sol empezaba a ponerse, iluminando nuestras siluetas, supe que este era el inicio de una nueva etapa: más compleja, más delicada, pero también más llena de amor, confianza y complicidad que nunca antes había sentido. Y mientras lo miraba caminar a mi lado, tomados de la mano, sentí que estábamos listos para todo, siempre juntos.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP