Mundo ficciónIniciar sesiónKiara Dervishi, criada entre lujo y la devoción de su padre, es rebelde, libre… y también su mayor debilidad. Pero nunca imaginó que enamorarse del chico nuevo, Landon Hale, la apartaría de todo lo que ama y le rompería el corazón. Criado en el odio, la misión de Landon es clara: destruir a Eros. Y para lograrlo, usará el corazón de Kiara como carnada. Por eso la seduce, la engaña y la ata en matrimonio… pero no calculó que su presa fuera una loba con colmillos más afilados que los suyos. Porque Kiara no llorará en un rincón. Ella es una hija de la mafia, y le enseñará a su marido que nadie juega con una Dervishi y sale vivo. El problema es que, entre desafíos y secretos, el amor se enreda como un cuchillo en la garganta: duele, pero soltarlo es peor. Y cuando la venganza se consuma… Landon descubrirá demasiado tarde que arruinar a Kiara fue su sentencia de muerte, porque una mujer herida no perdona… exige sufrimiento. Y si quiere su perdón, tendrá que pagar incluso con su vida. Y aún así… ¿Será suficiente?
Leer más¡¡¡MAFIOSAS!!!Hemos terminado con este torbellino de emociones… y la verdad no sé si las dejé peor… 😅💘 HAHAHAHA 💣💥 De verdad, ojalá que hayan amado esta historia… Si lo gané y lo merezco, déjame tu reseña honesta. ✍️❤️ Un abrazo fuerte y las amo… PSDT:Hablemos de lo que viene en mi página o redes… ¡Síganme, hay contenido siempre! 👇💬👇 ¡Los leo!
CAPITULO ESPECIAL: UN BOLETO A CANCÚN. Santiago empujó con fuerza, sus manos clavadas en las caderas de Elena mientras la cama crujía contra la pared una y otra vez. El sudor se les pegaba a la piel, y el aire del dormitorio se llenaba con el olor a cuerpos en movimiento, roto solo por la luz amarilla que se colaba de la calle. Elena arqueó la espalda y sus gemidos salieron altos y crudos. —¡Santi... ay, Dios... SANTIAGO! —gritó, hundiendo la cara en las almohadas para amortiguar el sonido, pero sin éxito. Él no paraba, el ritmo salvaje le hacía sentir vivo, descargando todo lo que llevaba dentro. —¡Así, doctorcita! ¡Agarra ese pinche colchón! —le dijo Santiago con su acento mexicano saliendo en el calor del momento. —¡Estás hecha un puto milagro!... Ella respondió con un gemido más profundo, apretando las sábanas porque el placer la recorría como una ola que no dejaba espacio para pensamientos. Y él la sentía apretarse alrededor de él, y eso lo empujaba más, formando un deseo c
CAPITULO ESPECIAL: VESTIDO DE NOVIAEl salón principal de la mansión Dervishi en París resplandecía con luz natural que entraba por los ventanales. Había maniquíes vestidos con creaciones exquisitas y Aria estaba de pie sobre una pequeña plataforma circular, envuelta en un vestido de novia que parecía sacado de un cuento de hadas.El vestido era una obra maestra: corsé de seda con incrustaciones de cristales Swarovski que dibujaban delicadas flores en el escote, falda amplia de tul con capas superpuestas que creaban un efecto etéreo, y una cola de tres metros bordada a mano con hilos de plata.Era el tipo de vestido que haría suspirar a cualquier novia.Cualquier novia, excepto Aria.Lucy rodeaba a su hija, ajustando pliegues y evaluando cada detalle con ojo crítico. A su edad seguía siendo una mujer hermosa, con ese tipo de elegancia que mejora con la edad como un buen vino.—Te ves divina, cariño —dijo, colocando un mechón de cabello detrás de la oreja de su hija—. Como un sueño. Pe
CAPITULO ESPECIAL: CICATRICES Y PÓLVORA.DOS AÑOS DESPUÉS…El campo de tiro privado de los Dervishi quedaba escondido en las afueras de la ciudad, era un búnker subterráneo donde el estruendo de las balas quedaba amortiguado por paredes de hormigón reforzado. El olor a pólvora y metal caliente impregnaba el aire mientras Alexandros y Santiago se turnaban para destrozar objetivos a veinte metros de distancia.Alexandros apuntó con precisión milimétrica, su Glock 19 firmemente sujeta entre sus manos y disparó tres veces en rápida sucesión.Las tres balas impactaron en el centro de la silueta humana de papel.—Nada mal para un griego —comentó Santiago, recargando su propia arma con movimientos fluidos y expertos—. Aunque sigues apretando demasiado el gatillo.Santiago Carrera era la definición de contradicción: un mexicano de casi dos metros de altura con el físico de un boxeador profesional y la precisión de un cirujano. Su sonrisa fácil y su humor constante ocultaban a un hombre que po
CAPITULO ESPECIAL: ¿QUÉ HACES AQUÍ?Mientras tanto, en su mesa, Marion jamás se había reído tanto en su vida. Valentín tenía un don para contar historias, para hacerla olvidar, aunque fuera por momentos, el dolor que carcomía su corazón.De repente, en un momento en que la conversación se calmó, Valentín la miró y su expresión se volvió más seria.—Después de la fiesta... —comenzó, con una ligera vacilación inusual en él—. ¿Quieres... ir a no sé... otro lugar?Marion lo miró fijamente, sorprendida por la invitación, se quedó callada, procesando la propuesta y Valentín, interpretando su silencio como rechazo o malinterpretación, se apresuró a aclarar.—No, no me refiero a eso... —dijo rápidamente—. Digo... bueno... no conozco mucho París, y me han dicho que...—Sí —lo interrumpió Marion, sin dejarlo terminar—. Sí quiero.La sonrisa que iluminó el rostro de Valentín fue como el amanecer después de una noche tormentosa.—Entonces es una cita —dijo, levantando su copa hacia ella.Marion ch
CAPITULO ESPECIAL: CELOS COMO ÁCIDO.El rincón junto a la columna de mármol se convirtió en un refugio para Marion. Mientras el resto del salón celebraba el compromiso con brindis y risas, ella había encontrado su pequeña isla de calma en medio de la tormenta. Todo gracias al hombre que apareció de la nada, como un ángel rubio enviado para salvarla de su propio naufragio.Marion salió de su estupor inicial.Tomó aire y, para su sorpresa, una sonrisa genuina, pequeña pero real, nació en sus labios. Sus dedos tomaron la copa que Valentín le ofrecía, rozando apenas los suyos en un contacto fugaz pero electrizante.—Marion Romero. Un gusto, señor Vasiliev.Valentín sonrió, y fue como si alguien hubiera encendido un foco en su rostro de dios nórdico.—El gusto es enteramente mío, signorina Romero —respondió con ese acento que mezclaba la musicalidad italiana con la firmeza eslava—. Y el "señor" me hace sentir viejo. Valentín, por favor.Su tono era caballeroso, divertido, pero no trivial.
Último capítulo