Inicio / Romance / Mi jefe, mi enemigo / La mañana hacia la oficina
La mañana hacia la oficina

El reloj marcaba las cinco de la mañana, y la casa todavía estaba envuelta en la quietud que precede al amanecer. Me desperté con los rayos tenues de luz entrando por la ventana, y la primera sensación que me invadió fue su calor: él estaba a mi lado, respirando suavemente, con el brazo apoyado cerca mío. La barriga, aunque todavía pequeña, se notaba ligeramente más abultada, y yo no podía evitar tocarla de vez en cuando, como si el simple contacto me recordara que aquello era real, que había una vida creciendo dentro de mí.

Él pareció notar mi gesto antes de que yo hablara. Se inclinó y depositó un beso suave sobre mi vientre, uno tras otro, con una ternura que me hizo sonreír sin querer.

—Buenos días, pequeñín —susurró, su voz ronca por el sueño pero llena de cariño—. Papá y mamá estamos aquí, no tienes que preocuparte por nada.

Me recosté más cerca de él, dejando que sus manos se apoyaran suavemente sobre mi abdomen. Sentí cómo cada beso suyo me tranquilizaba, cómo cada palabra me envolvía en seguridad. Era extraño: todavía había miedo, todavía había preguntas sin responder, pero a su lado todo parecía más llevadero.

—¿Sabes? —murmuré, con un hilo de voz—. Aunque me dé un poco de vértigo… siento que esto va a estar bien. Contigo cerca, todo parece más fácil.

Él sonrió, y sus manos se movieron lentamente, acariciando mi vientre con delicadeza.

—Siempre va a estar bien mientras estemos juntos —respondió—. Vamos a organizarlo, paso a paso.

Nos quedamos así unos minutos más, abrazados, compartiendo la calma de la madrugada, hasta que el sonido del móvil anunciando la alarma nos recordó que la mañana no esperaría. Me levanté despacio, notando cómo la barriga estaba allí, más real que nunca, y él no pudo evitar darle otro beso antes de que nos preparáramos.

—Hoy vamos a ir juntos a la oficina —dijo mientras me ayudaba a colocarme la chaqueta—. Pero antes quería hablar de algo importante.

Lo miré, curiosa y ligeramente nerviosa.

—¿Qué pasa?

—Esto —dijo señalando suavemente tu vientre— va a empezar a notarse más pronto de lo que pensamos. Y nadie en la oficina sabe que estamos juntos. Así que necesitamos planear cómo lo vamos a manejar.

Asentí, sabiendo que era un tema delicado. Era cierto: éramos jefe y empleada, nadie sospechaba nuestra relación, y pronto el embarazo sería evidente.

—Tenemos que dar la impresión de que estamos juntos antes de que el embarazo se note demasiado —continuó él—. No podemos arriesgarnos a que alguien se sorprenda o se genere un malentendido. Lo haremos con naturalidad, como si siempre hubiera sido así.

Me mordí el labio, pensando en cómo podríamos hacerlo.

—Vale… —dije, intentando visualizarlo—. Podríamos ir juntos al trabajo, sentarnos cerca en reuniones, quizá pequeñas muestras de cercanía… pero sin exagerar. Algo natural, sutil.

—Exactamente —dijo, con esa calma que siempre me hacía sentir que todo iba a salir bien—. Lo importante es que la gente lo perciba como normal antes de que el bombo sea evidente. Así evitamos rumores, comentarios incómodos o sospechas.

Nos miramos por un momento, y pude ver cómo su preocupación por mí se mezclaba con emoción. No era solo sobre el trabajo; era sobre nosotros, sobre cómo íbamos a construir nuestra vida mientras cuidábamos de este bebé que ya estaba cambiándolo todo.

—¿Y si… —susurré, un poco tímida—. y si alguien nota algo antes de tiempo?

—Entonces lo manejamos con naturalidad —respondió—. No hay drama. Solo somos nosotros, juntos, cuidándonos y enfrentando esto paso a paso.

El cachorro se movió cerca de nosotros, recordándonos que la rutina seguía, que la vida cotidiana continuaba incluso con estas emociones tan grandes. Me agaché para acariciarlo un momento, y él me observó con esa mirada cálida y protectora, como si cada pequeño gesto nuestro fuera parte de un pacto silencioso: estamos juntos, y vamos a hacerlo bien.

Cuando finalmente nos preparamos para salir, me puse el abrigo y él me ayudó con la bufanda. Cada roce de sus manos sobre mi piel me hacía sentir segura, contenida, lista para enfrentar la mañana y el mundo que nos esperaba.

—Vamos —dijo finalmente, tomando mi mano—. Hoy empieza otra semana, pero lo enfrentaremos juntos. Nada ni nadie va a romper esto.

Asentí, apretando su mano con suavidad. Caminamos hacia el coche, el sol todavía bajo en el horizonte, pero ya prometiendo luz y calor. Cada paso a su lado me recordaba que, aunque el futuro fuera incierto, lo enfrentaríamos juntos, planificando, organizando y protegiéndonos mutuamente.

Mientras conducía hacia la oficina, pude sentir cómo cada pensamiento sobre el bebé y sobre nuestro trabajo se mezclaba. La barriga estaba allí, ya un pequeño recordatorio de que nada volvería a ser igual, y él estaba allí, firme, tranquilo y amoroso. La combinación me daba fuerzas.

—Gracias por estar conmigo —susurré, apoyando mi cabeza levemente en su hombro mientras conducía—. No sé cómo habría hecho esto sin ti.

—Siempre estaré —respondió, apretando suavemente mi mano—. Para todo.

Y en ese momento, en esa calma de la madrugada mezclada con emoción, supe que estábamos listos. Listos para enfrentarlo todo: la oficina, el embarazo, el futuro. Juntos.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP