Llegué a la oficina con la sensación de que hoy sería un día más complicado de lo habitual. Había revisado todos los informes antes de salir de casa, pero nada me preparó para lo que me esperaba: Adrián Montenegro.
—Señorita Ruiz —dijo su voz firme desde la puerta del pasillo—. Espero que haya revisado todo antes de presentármelo.
—Sí, señor —contesté, tratando de mantener la voz neutra, aunque mi corazón se aceleraba—. Todo está listo.
Caminó hacia mi escritorio con esa seguridad que siempre m