Mundo ficciónIniciar sesiónAlma celebraba su despedida de soltera, en el bar de un lujoso hotel. La noche que debía salir perfecta termina convirtiéndose en casi una pesadilla para Alma. Tras beberse varias copas de champagne, Alma termina ebria, cuando se despierta se da cuenta de que ha pasado la noche con un desconocido, Alma trata de recordar cómo llego ahí. De pronto una oleada de recuerdos llegan a su mente. El desconocido le dice, que si quiere que pare, pero ella niega con la cabeza. Alma entrecierra los ojos y recuerda que está a menos de dos días de casarse. Lo único que puede pensar seguir adelante con los planes de boda, o contarle todo a su novio. Alma toma la decisión de guardar silencio y continuar con los planes de boda. El día de la boda llega, pero por algún motivo Alma siente que algo no anda bien, la repentina ausencia de Víctor. Hacen que Alma esté nerviosa. Su amiga Paula trata de darle ánimos. Cuando llegan a la iglesia, Leticia una de las amigas de Alma le informa que el novio aún no ha llegado, Alma decide bajar de la limusina y esperar en entrada de la iglesia. Pero los minutos comienzan a pasar, primero diez, después veinte, media hora y los invitados comienzan a murmurar. El teléfono de alma comienza a vibrar, lo saca de su pequeño bolso con manos temblorosas un mensaje de Víctor <<No puedo casarme contigo Alma>> Alma lee el mensaje varias veces. Pero lo que Alma no sabe es que su vida está a punto de dar un giro inesperado, al otro lado de la avenida hay un auto estacionado dentro un hombre observa todos sus movimientos. Él estaciona su auto en frente a la entrada de la iglesia baja con paso firme. << Yo me caso contigo>>
Leer másLa música sonaba fuerte, las copas chocaban unas contra otras y las risas llenaban cada rincón del elegante bar donde, Alma Salazar. Estaba celebrando su despedida de soltera. Sus amigas bailaban a su alrededor mientras una de ellas le colocaba un velo blanco... qué absurdo una banda que decía "futura señora Méndez"
Pero Alma apenas podía mantenerse de pie por tantas copas de champán.
Para ella aquella noche todo estaba saliendo a la perfección según lo planeado. En dos días se casaría con Víctor Méndez.
Un hombre con el que llevaba más de cuatro años de relación y, hacia apenas un año atrás, que por fin, él se había decidido a pedirle matrimonio. Para ella es el hombre perfecto. Guapo, educado, exitoso. Y ella está locamente enamorada de él.
Una última copa --gritó una de mis amigas.
Alma levantó su vaso entre carcajadas completamente mareada.
Y lo mejor de la noche acababa de empezar, sus amigas contrataron un par de strippers. Enseguida uno de ellos la atrapó la sentó en una silla un par de chicos comenzaron a bailar alrededor de ella, con esos movimientos sexis, qué hacen que hasta la mujer más pura pierda la conciencia.
Y sí, así estaba Alma, a punto de perder la conciencia. Pero no por los strippers, sino, por tanto, champán, nunca en su vida había bebido tanto como esa noche.
Su amiga Paula se acercó --vamos, alma. Otra copa brindemos, esta es tu noche después serás toda una señora casada.
Alma tomó la copa que su amiga le estaba ofreciendo la levantó.
--Salud, amigos.
Su amiga la jaló por la mano y la llevo hasta pista de baile, Alma levantó sus brazos sobre su cabeza al sentir el ritmo vibrar de la música en cada parte de su cuerpo.
Comenzó a moverse lentamente al compás de la música. Sus primeros movimientos fueron suaves, sus caderas se deslizaron de un lado a otro con una sensualidad natural, lenta, provocadora. Cada movimiento estaba perfectamente sincronizado con el ritmo de la música.
Los aplausos y los silbidos comenzaron a escucharse entre la multitud. Su amiga Paula y ella regresaron a la mesa pidieron otra ronda de bebidas, a ellas se nos unieron Carlos, Esteban, Leticia, Sofía y Andrés. Todos ellos sus mejores amigos y compañeros de trabajo.
Continuaron con la celebración entre plática y copas la noche fue avanzando Alma cada vez estaba más ebria. Fue entonces cuando su amiga Paula hizo un comentario.
--Ya viste, a ese hombre de la barra no deja de verte. Está guapo, no crees.
Alma se giro discretamente, y era cierto ahí estaba ese hombre que no dejaba de verla.
--Si, con todas las copas que me he bebido ya todo me parece guapo.
Fue entonces que, Carlos respondió --Sí lo conozco es un poderoso empresario.
Leticia se acercó casi susurrándo --Míralo... no deja de verte.
Y era cierto, ahí estaba ese hombre que no dejaba de mirar a Alma
Y cada vez que podía Alma se giraba para verlo, pero está vez fue diferente. Su mirada se encontró con la de él. --"¿por qué diablos me ve tanto?"--susurro Alma.
Esa noche terminó tan ebria que no supo qué fue lo que pasó. Cuando, despertó. Se sentía tan cómoda, pero algo llamo su atención quiso moverme y no pude alguien la tenía fuertemente atrapada por la cintura, abrió los ojos quedó viendo al hombre.
Era el de la noche anterior, el de la barra --"¡Hay por dios¡" "¿Qué diablos?"
Levantó las sábanas estaba totalmente desnuda, fue entonces que una oleada de recuerdos la golpearon.
Él la sostenía por la cintura, para no caerse, él se acercó a ella, su dedo rozo sus labios, el gesto fue suave.
--pídeme que pare --susurro.
Pero yo negué con la cabeza, no se lo que estaba pensando en ese momento.
<<El primer beso fue cauteloso, tímido, sin embargo, los besos pronto se volvió más intenso, llenos de emociones y deseos contenidos. >>
La distancia se acorto entre nosotros. Sus manos se deslizaron por de bajo de mi vestido, nuestras respiraciones se encontraron. Me condujo hasta la cama. <<Nuestro cuerpos se entrelazaron>>
--¡Ay, por Dios!... --susurré llevándome una mano al rostro, lo empuje para qué me soltará y se apartará, cubrí mi cuerpo con una sábana y salí de la cama --.¿Cómo llegué aquí?
Fue lo único que se me ocurrió preguntarle en esos momentos. Él se levantó de la cama, estaba completamente desnudo, me giré para no verlo, pero me fue imposible. Ese hombre estaba de infarto, un súper cuerpo, músculos muy bien trabajado. Creo que más bien era uno de esos <<Playboy>>
--¿No recuerdas nada de como llegamos aquí?
Yo solo moví la cabeza, en señal de un "<<No>>" recordaba lo que había pasado entre nosotros, no como nos habíamos acercado.
--Bueno me presento soy Héctor Varela. Y tú.
--Que importa como me llame, abusaste mi --le dije mientras buscaba mis ropas, él me respondió con una sonrisa.
--Corrección, señorita la que busco de mi fue, usted.
Abrí los ojos, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, como iba a decir que yo había abusado de él. Él camino hacia mí, me tomo de la mano me entrego unas pastillas.
--Tómatelas. No creo que quieras consecuencias de una noche.Todavía se atrevió a verme un beso en los labios. Después se dio media vuelta saliendo de la habitación, me tomé la pastilla y tomé mi bolso y salí de aquella habitación, al salir a la calle el aire, golpeó mi rostro. Ahora cómo iba a mirar a mi novio a los ojos.
Nada más de pensar lo que pude haber hecho o dicho se me revuelve el estómago. --¿Qué voy a hacer? --empecé a caminar sin rumbo fijo, cuando me di cuenta estaba parada frente al departamento de mi amigo, Paula.
Llamé, y segundos después la puerta se abrió, mi amiga me recibió con una sonrisa.
--¿Pero qué haces aquí? Deberías de estar durmiendo.
Fui directa con mi pregunta --¿Qué pasó anoche?
--Bueno, amiga estuviste bailando con el descosido de la barra y, después te fuiste con él --¿Te acostaste con él?
Ahí estaba la respuesta que había estado buscando.
--"¡Hay, por dios!" "¿Ahora como voy a enfrentar a mi novio?"
Mientras Héctor conducía con la misma serenidad de siempre. Sin embargo, aquella conversación había dejado a Alma dando vueltas en su mente.Ella giró ligeramente el rostro para observarlo.Había algo en él que comenzaba a cambiar. Ya no era únicamente el hombre frío que le había propuesto un matrimonio por conveniencia. Esa noche la había defendido, se había disculpado con sinceridad y, por primera vez, le había hecho sentir que no estaba sola.Alma respiró profundamente, decida a preguntarle.—Héctor...—¿Sí?Alma dudó unos segundos antes de reunir el valor para hablar.—¿Puedo hacerte una pregunta?—Claro.Alma entrelazó sus manos sobre su regazo.—¿Por qué no intentamos ser un matrimonio de verdad?Las palabras quedaron suspendidas en el aire.Héctor sintió que sus manos se tensaban sobre el volante.No esperaba esa pregunta.Durante varios segundos fue incapaz de responder.Alma continuó hablando con calma.—No digo que tengamos que enamorarnos de un día para otro. Sé perfectame
Las sonrisas que algunos invitados les dedicaban desaparecían en cuanto ella les daba la espalda.—¿Es ella? —susurró una mujer.—Sí, la misma novia que dejaron plantada en el altar hace un par de meses.—No puedo creer que Héctor Varela se haya casado con una mujer como ella. ¡Qué horror!—Dicen que todo ocurrió demasiado rápido.—Seguro buscaba un hombre rico para reemplazar al otro.—Pobre Héctor... No sé qué estaba pensando.Cada comentario era como una pequeña herida.Alma fingía no escucharlos, pero cada palabra llegaba con claridad a sus oídos.Apretó con fuerza el bolso que llevaba entre las manos. Por un instante, sintió el impulso de marcharse.Entonces una voz más fuerte que las demás rompió el murmullo.—Hay mujeres que no pierden el tiempo. Si un hombre las deja, encuentran otro con una fortuna aún más grande.Varias personas soltaron una risa incómoda. Héctor, que caminaba junto a Alma, se detuvo en seco.El salón quedó en silencio.Su mirada recorrió lentamente a los pr
Al caer la noche, la mansión Varela estaba completamente iluminada.En la habitación principal, Alma terminó de colocarse unos discretos pendientes de perlas frente al espejo. Llevaba un elegante vestido color vino que resaltaba su figura sin perder la sencillez que tanto le gustaba. Respiró profundamente, intentando controlar los nervios que sentía.En ese momento, llamaron suavemente a la puerta.—¿Puedo pasar? —preguntó una pequeña voz femenina.—Adelante.La puerta se abrió y apareció Valeria. Vestía un hermoso vestido color marfil con un delicado lazo en la cintura y llevaba el cabello recogido en dos trenzas perfectamente peinadas.Alma sonrió al verla.—Te ves preciosa.La niña sonrió con timidez.—Papá dijo que ya es hora de irnos.—Entonces no lo hagamos esperar.Valeria caminó hasta ella y, con total naturalidad, tomó su mano.Aquel gesto hizo que Alma sintiera un inesperado calor en el corazón.Juntas salieron de la habitación y comenzaron a bajar lentamente la gran escaler
Héctor permaneció en silencio durante varios segundos, hasta que por fin habló.--Está bien, no puedo impedir que no vayas. Sé que de todas maneras irás.Alma sonrió satisfecha. --Gracias Héctor. Después se dio media vuelta subió las escaleras, Héctor solo la observo.Al día siguiente, después de dejar a Valeria en el colegio, Alma condujo, hasta el pequeño departamento donde había vivido durante los últimos años.Necesitaba recuperar las pocas cosas que realmente tenían valor para ella.Al entrar, una mezcla de nostalgia y tristeza la envolvió. Aquel lugar había sido su refugio durante mucho tiempo. Cada rincón guardaba un recuerdo de la mujer que había sido antes y, ahora se había convertido en la señora Varela.Respiró hondo y comenzó a empacar.No le interesaban los muebles ni los electrodomésticos. Solo quería llevarse aquello que no podía reemplazarse con dinero.Guardó varios álbumes de fotografías de su infancia, los cuadernos donde escribía desde adolescente, una caja de made
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