El grito la sobresaltó, sus ojos oscuros estaban llenos de rabia. O quizá de dolor, dió un paso atrás. —Solo quiero ayudarte.
—¡No necesito tu ayuda! --Su voz sonó más fuerte, más agresiva. Héctor intentó ponerse de pie por sí solo, pero volvió a tambalearse.
Alma avanzó otra vez por instinto. —Vas a lastimarte.
—¡Te dije que no me toques!
La expresión de su rostro era irreconocible, como si estuviera luchando contra algo mucho más profundo que una simple borrachera.
—Héctor...
—¡Fuera!
—No voy