Héctor permaneció inmóvil, pensando en aquellas palabras pensó en Alma.
En su paciencia con Valeria, en esa sonrisa dulce cada vez que habla con Valeria. En como Alma esa noche había querido ayudarlo y él no se lo permitió.
Matilde acarició su mejilla como hacía cuando era niño. —Todavía estás a tiempo de cambiar algunas cosas.
La anciana se dirigió nuevamente hacia la puerta. Esta vez sí estaba lista para marcharse. Sin embargo, antes de salir, volvió la cabeza por última vez.
—Y otra cosa.
Hé