Llegó el día de la boda

Después de que Paula le dijera a Alma lo que había pasado solo pudo decirle.

--Te veo en el ensayo.

Se giró sobre sus talones, saliendo del departamento de su amiga, por la tarde todos se reunimos para el último ensayo de la boda en la iglesia, cuando Alma llegó sus amigos ya estaban ahí.

Pero, Víctor. No se presentó ni tampoco respondió las llamadas, de Alma. Todas iban directo a buzón.

Mientras mis amigas comentaban porque Víctor no respondía mis llamadas. Leticia se acercó.

—Mira, amiga, por eso Víctor no responde a tus llamadas.

Leticia le mostró su teléfono a Alma, y aquella imagen de Víctor con otra mujer, un restaurante, para Alma no había nada de malo, podía ser alguna socia de su empresa.

El párroco se acercó diciendo que ya no podía esperar, más pues tenía otro compromiso, Alma solo le respondió que lo veía el día de la boda y, salio de la iglesia sin mirar atrás.

Paula la alcanzo --Espérame Alma --¿Qué piensas de esa mujer?

--Nada, qué puede ser una socia, que se yo.

Victor... Hace más de seis meses que sostengo una ración con mi asistente personal, ella tiene todo lo que yo necesito en una mujer, ella es hermosa, inteligente, me tiene vuelto loco,

Cosa que con alma ya no siento. Creo que por ahora dejaré a alma esperando, total que puede pasar que ella se moleste, le pido perdón. Y todo estará bien nuevamente.

Y mientras Víctor, ya a decidió que no presentará a la boda.

Desde muy temprano, Alma. Ya se encontraba sentada frente al espejo de su habitación, observó su reflejo en silencio. El vestido blanco cubierto de delicados encajes descansaba perfectamente sobre su figura, su cabello estaba recogido en un elegante peinado y un velo cubría parcialmente su rostro.

Alma y su amiga Paula salieron de la habitación, a fuera ya las esperaba la limusina, Alma subió, Paula la ayudo a subir acomodando el vestido de novia. Alma, debía sentirse feliz. Sin embargo, una inquietud extraña no dejaba de crecer en su pecho.

—¿Estás nerviosa? —le preguntó Paula, acomodando el velo sobre su cabeza.

Alma intentó sonreír. —Supongo que sí. Es normal, ¿no?

Su amiga le respondió con una suave sonrisa. —Víctor te ama. Hoy será el comienzo de una vida juntos.

Alma quiso creerle, la limusina se deslizo por las avenidas se hizo un gran silencio entre alma y Paula, hasta llegar frente a la iglesia la limusina se estaciono, Leticia en cuanto las vio llegar, se acercó.

--El novio aún no ha llegado.

Alma decidió esperar, pero los minutos comenzaron a pasar.

Primero diez, luego veinte y después media hora.

Los invitados ya estaban sentados. El sacerdote esperaba frente al altar. La música había terminado y el murmullo dentro de la iglesia se hacía cada vez más fuerte.

Víctor Méndez no llegaba.

Alma decidió bajar de la limusina y permanecía de pie junto a la entrada de la iglesia, tomada del brazo de su mejor amigo. Su mirada buscaba, esperando verlo aparecer en cualquier momento con una disculpa, una sonrisa nerviosa o alguna explicación absurda.

Pero no ocurrió.

Su teléfono comenzó a vibrar dentro de su pequeño bolso blanco.

Alma lo tomó con manos temblorosas.

Había un mensaje. Era de Víctor.

“Lo siento, Alma. No puedo casarme contigo. Me voy con la mujer que si amo.”

El mundo se detuvo, para Alma leyó aquellas palabras una vez, luego otra. Y una tercera, como si su mente se negara a comprenderlas.

—¿Qué sucede? —preguntó, Paula preocupada.

Ella no respondió de inmediato. Sus labios temblaron.

—No viene —susurró, alma. Paula se acercó rápidamente.

—¿Qué quieres decir con que no viene?

Alma levantó el teléfono y se lo mostró. El rostro de su amiga cambió por completo al leer el mensaje. Su amigo Carlos apretó los puños con rabia, mientras sus amigas, Sofía y Leticia se miraban entre sí, horrorizadas.

Dentro de la iglesia, los murmullos aumentaron.Todos comprendieron que algo había salido mal.

Alma sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. Su prometido la había abandonado el día de su boda. No por miedo, no por una emergencia, sino porque había decidido irse con su nuevo amor. Víctor había elegido a otra mujer.

Una lágrima se deslizó silenciosamente por su mejilla.

Una media sonrisa se dibujó en sus labios, qué ironía de la vida, ella había pasado la noche con un desconocido, y él había decidido dejarla plantada el día de la boda.

—No quiero entrar ahí y dar explicaciones—dijo con la voz rota—. Él debía de enfrentar está responsabilidad si ya no quería casarse.

Carlos su amigo la tomo por las dos manos. -- No entres si así lo deseas simplemente vete de aquí.

Pero, entre el silencio incómodo, el murmullo de los invitados que ya se podía escuchar. Lo que Alma no sabía que en al otro lado de la calle alguien la observaba.

Héctor Varela.

Él permanecía inmóvil, dentro de su auto con una expresión imposible de descifrar. Sus ojos estaban fijos en Alma, y mientras todo parecía que acabaría en un desastre. Héctor estacionó su auto frente a la iglesia descendió con paso firme.

Paula fue la primera en verlo --¿Qué hace ese hombre aquí?

Alma se giró de inmediato. Y Héctor de inmediato le dijo.

--<<Yo me caso contigo>>

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