Mientras Héctor conducía con la misma serenidad de siempre. Sin embargo, aquella conversación había dejado a Alma dando vueltas en su mente.
Ella giró ligeramente el rostro para observarlo.
Había algo en él que comenzaba a cambiar. Ya no era únicamente el hombre frío que le había propuesto un matrimonio por conveniencia. Esa noche la había defendido, se había disculpado con sinceridad y, por primera vez, le había hecho sentir que no estaba sola.
Alma respiró profundamente, decida a preguntarle