Al caer la noche, la mansión Varela estaba completamente iluminada.
En la habitación principal, Alma terminó de colocarse unos discretos pendientes de perlas frente al espejo. Llevaba un elegante vestido color vino que resaltaba su figura sin perder la sencillez que tanto le gustaba. Respiró profundamente, intentando controlar los nervios que sentía.
En ese momento, llamaron suavemente a la puerta.
—¿Puedo pasar? —preguntó una pequeña voz femenina.
—Adelante.
La puerta se abrió y apareció Valer