—¿Quién te lo dijo?
—No importa.
Importaba muy poco quién se lo había contado, Matilde. Siempre terminaba enterándose de todo.
—Lo importante es que sigues destruyéndote.
Héctor caminó hasta la ventana.
—Estoy bien.
—No, no lo estás.
La respuesta de matilde fue inmediata.
—Llevas años diciendo eso. Años escondiéndote detrás del trabajo, años castigándote por cosas que no puedes cambiar.
El silencio se instaló entre ambos. —Abuela...
—No. Ahora me escuchas tú.
La anciana se puso de pie. —Lo que