Las sonrisas que algunos invitados les dedicaban desaparecían en cuanto ella les daba la espalda.
—¿Es ella? —susurró una mujer.
—Sí, la misma novia que dejaron plantada en el altar hace un par de meses.
—No puedo creer que Héctor Varela se haya casado con una mujer como ella. ¡Qué horror!
—Dicen que todo ocurrió demasiado rápido.
—Seguro buscaba un hombre rico para reemplazar al otro.
—Pobre Héctor... No sé qué estaba pensando.
Cada comentario era como una pequeña herida.
Alma fingía no escuch