Mundo ficciónIniciar sesiónDespués Héctor salió de la casa dejando a alma con Valeria. Alma se puso en cuclillas acaricio el rostro de Valeria.
--No estés triste, papá ha tenido una mañana difícil.
Los días siguientes transcurrieron con una tranquilidad inesperada.
Héctor Varela se encargó personalmente de planificar cada detalle de la boda. Aunque siempre se mostraba serio y reservado, escuchaba con atención las opiniones de Alma durante cada reunión con los organizadores.
—No quiero una ceremonia demasiado ostentosa —comentó Alma mientras observaba los catálogos de decoración.
Héctor levantó la vista de unos documentos.
—¿Qué propones?
—Flores blancas, tonos marfil y una recepción elegante, pero sencilla. No necesito demostrarle nada a nadie.
Por primera vez, una leve sonrisa apareció en el rostro de Héctor.
—Me gusta esa idea.
Alma lo miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí. Será nuestra boda, no la que el mundo quiera ver.
Aquellas palabras hicieron que Alma sintiera una inesperada sensación de alivio.
Durante las siguientes semanas eligieron el lugar, el menú, la música y hasta el diseño de las invitaciones. Aunque su relación seguía siendo estrictamente cordial, poco a poco aprendieron a trabajar juntos. Héctor aceptó varias de las ideas de Alma, incluso cuando eran un poco extravagantes.
—Como novia tienes buen gusto —dijo una noche durante la cena, con algunos familiares.
Pero el bombardeo de preguntas llegó sin que ninguno de los dos lo esperara.
--Cuenténnos, ¿cómo es que ya sé conocían?
--¿Por qué no se casaron antes? ¿Por qué ahora?
Héctor levantó la vista volteando a ver a Alma tomo su mano.
¿Por qué nuestras vidas tomaron caminos diferentes? Nos reencontrarnos y aquí estamos nuevamente juntos y comprometidos.
Alma se quedó en silencio ante la respuesta que Héctor le dió a su familia. Pero cuando estaban solos, volvía a convertirse en el hombre distante que le recordaba constantemente que aquel matrimonio era solo un acuerdo.
Una tarde, Alma salir de una prestigiosa boutique, caminaba hacia el estacionamiento. Cuando una voz conocida la hizo detenerse.
—Alma...
Su corazón dio un vuelco, reconocería esa voz en cualquier lugar. Se giró lentamente y, frente a ella estaba Víctor Méndez
Lucía más delgado y descuidado que la última vez que lo había visto. Sus ojos reflejaban cansancio y arrepentimiento.
Alma sintió una mezcla de rabia y dolor.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con frialdad.
Víctor dio un paso hacia ella.
—Necesitaba verte.
—No tenemos nada de qué hablar.
—Sí lo tenemos.
Alma intentó rodearlo para marcharse, pero él se colocó frente a ella.
—Escúchame, por favor.
Ella cruzó los brazos.
—Me abandonaste el día de nuestra boda, para irte con otra mujer. ¿Cómo podrías cambiar eso?
Víctor bajó la cabeza.
—Cometí el peor error de mi vida.
Alma soltó una risa amarga.
—Eso ya lo sé.
Él respiró profundamente antes de volver a mirarla.
—Ella me dejó, Alma. Me di cuenta demasiado tarde de que tú eras la mujer con la que debía estar. Quiero que me perdones... Quiero que volvamos a intentarlo.
Alma sintió cómo la rabia que había intentado contener durante semanas volvía a encenderse. Miró a Víctor con una mezcla de decepción e incredulidad.
—¿De verdad tienes el descaro de presentarte aquí después de lo que me hiciste?
Víctor dio un paso más hacia ella.
—Sé que te lastimé, pero vine a arreglar las cosas.
Alma negó con la cabeza.
—No hay nada que arreglar. El día de nuestra boda me dejaste sola frente a todos los invitados.
—Fue un error...
—¡No! —lo interrumpió Alma con firmeza—. No fue un error. Fue una decisión. Elegiste irte con otra mujer.
Víctor bajó la mirada unos segundos, pero enseguida volvió a sonreír con una seguridad que desconcertó a Alma.
—Estás enojada, lo entiendo. Solo es un berrinche. Se te pasará.
Alma lo miró sin dar crédito a sus palabras.
—¿Un berrinche?
—Sí. hemos estado juntos durante cuatro años. Sé que en el fondo todavía me amas.
Ella soltó una risa incrédula.
—No me conoces en absoluto.
Pero Víctor parecía convencido de tener el control de la situación.
—Escúchame bien. Voy a organizar la boda de nuestras vidas. Será mucho más grande y hermosa que la anterior.
Alma lo interrumpió. —¿De qué estás hablando?
—Solo tienes que presentarte el día de la boda. Yo me encargaré de todo lo demás.
Las palabras de Víctor resonaron en el aire como si ya hubiera tomado una decisión por ambos. Alma sostuvo su mirada durante unos segundos. Estuvo a punto de contarle que dentro de pocas semanas se casaría con Héctor Varela, pero decidió guardar silencio.
Alma dio un paso atrás y lo miró con frialdad.
—Escúchame por última vez. No voy a casarme contigo. Mi vida siguió adelante desde el día en que me abandonaste.
Por primera vez, la sonrisa de Víctor desapareció.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Significa exactamente lo que escuchaste. Ya no tienes ningún lugar en mi vida.
Alma se dio la vuelta y caminó hacia su automóvil, se alejó de ahí sin mirar atrás.







