Ahora está su realidad

Después de que ambos firmaron el contrato, el silencio volvió a adueñarse del despacho. Héctor cerró la carpeta con cuidado y lo dejó sobre el escritorio.

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Alma observaba aquella carpeta que acababa de firmar, preguntándose en qué momento su vida había dado un giro tan inesperado. Apenas unas horas antes Víctor Méndez la había dejado plantada. Ahora acababa de aceptar un matrimonio por contrato con fecha de vencimiento.

Héctor rompió el silencio. —Nos casaremos el próximo mes.

Alma levantó la vista de inmediato. —¿El próximo mes?

Él asintió con serenidad.

—Necesito tiempo para organizarlo todo. Mi hija debe adaptarse a este cambio tan repentino, y también debemos evitar que este cambio parezca una decisión impulsiva.

Alma cruzó los brazos. —La prensa y los invitados se preguntarán cómo es posible que, después de que me dejaran plantada en el altar, vaya a casarme contigo tan pronto.

—Por eso debemos ser cuidadosos —respondió Héctor—. Diremos que nos reencontramos después de varios años y que decidimos dar una oportunidad a una relación que había permanecido en secreto.

Alma lo miró con incredulidad. —¿Quieres que les mientamos a todos?

—No lo llamaría una mentira. Lo llamaría proteger nuestro acuerdo.

Ella suspiró profundamente. —Supongo que no tengo muchas opciones.

Héctor se puso de pie y caminó hacia el ventanal. Desde allí contempló las luces.

—A partir de ahora vivirás en esta casa, conocerás a mi hija y prepararte para el papel que deberás interpretar, delante de mí, familia.

—¿Interpretar?

—Ser mi esposa delante de todos.

Alma bajó la mirada. Aquellas palabras seguían sonando frías y distantes, como si el matrimonio fuera simplemente otro negocio para Héctor.

—¿Y qué pasará cuando estemos solos? —preguntó.

Él se volvió hacia ella.

—Cuando estemos solos, cada uno vivirá su vida con total libertad. Respetaré tu espacio y espero que tú respetes el mío.

Alma asintió lentamente.

—Entonces, dentro de un mes... seré la señora Varela.

Héctor sostuvo su mirada. —Sí. A partir de ese día, comenzará una nueva etapa para ambos. Una etapa basada en el respeto, la discreción y el cumplimiento del contrato.

Alma respiró hondo. Aún le costaba creer que había aceptado un matrimonio sin amor con el hombre que tenía frente a ella.

Pero entonces alguien llamó a la puerta.

Toc.

Toc.

Toc.

—Adelante —dijo Héctor.

La puerta se abrió lentamente. Y una pequeña niña apareció en el umbral.

Tenía grandes ojos oscuros y el cabello negro recogido en dos pequeñas coletas.

Llevaba un pijama rosa y abrazaba con fuerza un viejo conejo de peluche, la niña observó a Alma con enorme curiosidad.

Luego miró a su padre.

—Papá...

La expresión fría de Héctor desapareció un poco.

—Hola, princesa.

La pequeña caminó hasta él.

Héctor la levantó en brazos con una naturalidad que jamás nadie habría imaginado.

—¿Quién es ella? —preguntó la niña señalando a Alma.

Héctor guardó silencio unos segundos, luego respondió con suavidad.

—Ella es Alma.

Valeria inclinó la cabeza.

—¿Va a vivir aquí?

—Sí.

La niña la volvió a mirar.

La observó durante varios segundos, y finalmente sonrió. Una sonrisa enorme, sincera, inocente.

—Entonces espero que le gusten los helados. --Dijo

Alma no pudo evitar reír.

Héctor salió de su despacho con su hija en brazos, intercambió algunas palabras con el ama de llaves y, después siguió caminando.

Alma salió del despacho, recogiendo su vestido de novia que aún traía puesto, el ama de llaves se acercó.

--Señora, acompáñeme le mostraré su habitación.

Subieron las escaleras, mientras caminaban, el ama de llaves le dio algunas indicaciones.

--Su habitación está al lado de la niña, Valeria. La habitación del señor Héctor está al fondo. No se le permite el paso a nadie.

Heche un último vistazo antes de entrar a mi habitación. La habitación,  Héctor estaba al fondo, parecía un misterio. En esa área las luces eran cálidas, pero no le di importancia y, entre a mi habitación.

Lo primero que hice, ir hasta la cama me recosté, realmente estaba cansada. En mi rostro se dibujó una sonrisa, no sabía si era de alegría o de tristeza.

Di un largo suspiro y me comencé a quitar mi vestido de novia, me dirigí hacia el baño, le abrí a la regadera no sé cuánto tiempo me quedé ahí bajo la lluvia del agua, cuándo salí recordé que no había llevado ropa así que tomé el albornoz, me lo puse y salí dispuesta a dormir y no pensar en nada más.

Al día siguiente un ruido me levanto. Valeria estaba frente a mí viéndome, me, lleve tremendo susto.

--Hace mucho que estás aquí.

La pequeña Valeria sonrió respondiéndole a alma con una sonrisa dulce --Acabo de llegar.

Ahora esa era su realidad. Su trabajo sería cuidar de la hija de Héctor.

Se levantó fue al armario para ver si había algo de ropa, pues no había llevado nada, pero al abrir el armario se llevó tremenda sorpresa, había todo tipo de ropa, nuevas con etiquetas, reviso las tallas y parecían que había sido compradas a su medida.

Tomo algo cómodo y se metió al baño cuando salió y, termino de reglar tomo por la mano a Valeria salieron juntas de la habitación, cuando bajaban las escaleras, Héctor estaba al pie de la escalera, Valeria. Corrió hacia su padre, pero hubo algo que llamo la atención de alma. Héctor, está vez había rechazo a Valeria.

La niña se encogió de hombros, sus ojos grandes y oscuros se llenaron de lágrimas.

--Ven cariño. Alma abrazo a Valeria

--Alma, no olvide sus obligaciones --dijo Héctor con voz firme y sería.

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