Mundo de ficçãoIniciar sessãoEma tiene una vida perfectamente estructurada como madre soltera y ejecutiva exitosa. Sin embargo, todo su mundo se tambalea cuando, en medio de un vergonzoso tropiezo, conoce a un hombre que parece sacado de sus más secretas fantasías. Lo que comienza como un encuentro casual se convierte en su mayor dilema cuando descubre que este príncipe de ojos azules es doce años menor que ella. Entre miradas furtivas y encuentros fortuitos, Ema deberá enfrentarse no solo a sus propios prejuicios sobre la edad, sino también a una sociedad que juzga con dureza a las mujeres maduras que se atreven a amar a hombres más jóvenes. ¿Podrá permitirse arriesgar su reputación y estabilidad por una atracción que desafía todas las convenciones? Una historia que mezcla humor, pasión y el eterno debate entre seguir el corazón o la razón, donde el amor no entiende de números ni de expectativas sociales.
Ler maisLe sonrío traviesa, mirando hacia abajo, como si realmente me diera cuenta por primera vez de los pantaloncitos ajustados que Robin señalaba con tanta indignación. Me cruzo de brazos y lo estudio detenidamente, disfrutando del espectáculo completo de su ceño fruncido y sus labios ligeramente apretados. Oh, cómo adoro verlo así… tan suyo y tan mío a la vez.—No son cortos, son shorts normales —digo, aguantando la risa.—Espérame, te acompaño —dice enseguida, olvidando lo que me quería enseñar.—No necesito un guardaespaldas —me niego a que me acompañe mientras me amarro los zapatos—. Ya me voy.—Ema, estás muy linda; todos los hombres te miran cuando pasas. No vas a ir sola a ningún lugar así sin mí —dice con una firmeza que me asombra—. No quiero, con ellas se te ven muy marcados
Abro un ojo solo un poquito cuando escucho a Robin protestar en medio de su numerito de malabarista. La imagen es preciosa: la enfermera intenta explicarle que cargar a tres bebés a la vez no solo no es práctico, sino que tampoco es muy recomendable. Pero no, Robin está decidido a que él puede… y claro que no puede.—Ema, ¿ves esta situación? Me siento como un pulpo amputado. ¿Por qué no tengo más manos? ¿Por qué nadie me lo advirtió antes de ser papá? —pregunta entre gruñidos y risas, mientras una de las enfermeras toma al bebé rebelde antes de que Robin deje caer las mantas del pánico.No puedo evitar reírme de nuevo mientras me sacan al fin del salón y me llevan a la habitación donde los demás esperan. Las felicitaciones llueven mientras Robin cuenta el trabajo que pasó al querer cargar a los tres beb&eacut
Sigo contándole a Serri, mientras avanzamos por el silencioso y vacío pasillo. Abro la puerta del jardín, y no puedo creer lo que veo: está arreglada con muchas sillas forradas con hermosos lazos atrás, un altar al fondo del pasillo, alumbrado con velas y grandes ramos de flores.A un lado, se encuentran vestidas de azul claro Joe, Melina y Emy. Me doy cuenta de que Serri también está vestida así. Al otro lado, Robert, William, Teo, Renato, junto a Robin, que me sonríe hermosamente. Oliver, mi tío abuelo, se me acerca.—Ema, ¿me harías el honor de dejarme representar a tu papá y llevarte al altar? —pregunta ofreciéndome su brazo.¡No lo puedo creer! Estoy más que emocionada, y ahora entiendo todo el misterio que ha tenido mi Robin todos estos días. Ha estado preparando nuestra boda, y todos se han prestado para ello. Miro a Serr
Iris enciende la pantalla del televisor en el cuarto, y aparece Robin, junto a una hermosa joven, comiendo en un restaurante. Luego, los vemos salir juntos en otra escena y sentarse en un café, mientras discuten algo; sus cabezas están prácticamente pegadas y se ríen felices. Una locutora habla sobre ellos.“Como podrán observar, amigos, parece ser que el magnate Robin ya se cansó de su relación con Ema Villarroel Valdivia, doce años mayor que él, y ahora sale con esta hermosísima chica, de la cual aún no sabemos quién se trata…”—Mamá, no saques conclusiones precipitadas. Ya sabes cómo son los de la televisión —se apresuró a decir Melissa—. No hace mucho decían que estaba con otra chica y viste que no fue nada.—¿De qué hablas, Meli? —pregunté, girando para verla.—¿No viste las noticias hace dos semanas? —preguntó ella enseguida—. Se armó un tremendo escándalo con una mujer y Robin.—No, no sé de qué hablan —dije ahora muy serio—. Iris, ¿qué me has estado ocultando?Se hace un silen
Nuestras sillas se desplazan un poco más hacia atrás, la mesa se hace casi circular, se abre en el centro y comienzan a subir hermosas cristalerías donde está servida una abundante cena. El lugar donde están colocadas las bandejas tapadas gira despacio, haciendo que todos podamos tomar la comida sin necesidad de trasladarnos. —¡Robin, yo también quiero una Zoe! —dice Joe emocionado. —Veré qué se puede hacer, Joe —contesta Robin mientras me sirve la comida que preparó expresamente para mí. Todas quieren una; incluso mi tío Oliver dice que es una gran novedad. Mientras tanto, Iris se queda de pie, como si estuviera evaluando si habíamos perdido por completo la coherencia, con la bebé en sus brazos que juega con ella. Pero este es mi loco hogar, un lugar donde las situaciones ridículas convierten los días comunes en m
Nos quedamos abrazados en medio de este sueño hecho realidad. Mi cabeza apoyada en su pecho, escuchando el ritmo constante de su respiración, que parece ser el único sonido por encima de mis pensamientos. No sé si llorar un poco más o reírme de puro alivio, porque después de tantas idas y venidas, con gritos y desacuerdos, este hombre siempre sabe cómo sorprenderme de la forma más inesperada. —Los invitados están en la entrada —escucho a Iris a mi lado. —Y esa es mi tercera sorpresa, cariño —anuncia de nuevo—. Toda nuestra familia está aquí con nosotros. Al separarme, lo miro directamente a los ojos sin entender, alzando una ceja con el tipo de expresión que no necesita explicación alguna. Desde que me levanté, el día ha estado lleno de sorpresas. Pero me detengo a pensar en lo que acaba de decir. &iq
Último capítulo