Mundo ficciónIniciar sesiónSiena nunca pensó que el viajar al corazón de Escocia significaría enfrentarse al pasado que juró olvidar. Su llegada a Ravenshield era solo para acompañar a su hermana en su compromiso, sus planes nunca fueron ver a Franco, el heredero que no recuerda nada de ella. Él ha perdido su memoria, pero algo en Siena lo desestabiliza: su voz, su mirada… y esa pequeña niña de ojos miel que despierta en él una ternura inexplicable.
Leer más༻ LONDRES – INGLATERRA. ༺
༻ 7 AÑOS ATRÁS. ༺ —Negativo, por favor tienen que dar negativo. Siena se encuentra sentada en la tasa de lavabo mientras observa las tres pruebas de embarazo que se encuentran sobre el tocador. La palabra “negativo” sale de su boca como un mantra en el que está colocando todas sus energías. Cuando la alarma de su celular se deja escuchar, rápidamente el sonido se adueña de cada espacio del baño. Al momento de colocar la 5ta de Beethoven como alarma, lo hizo más por su propio gusto que por algún tipo de mensaje subliminal, pero en ese momento le parece irónico que ese sonido represente al destino tocando sus narices para molestarla. Deteniendo la alarma toma un respiro profundo y se pone de pie para ir hasta el tocador. —Por favor, por favor, por favor —suplica mientras toma la primera de las pruebas. Cuando esas dos rayas aparecen ante sus ojos puede sentir como su alma cae al suelo. Descartando la prueba en su mano, revisa las dos pruebas restantes con marcada desesperación, pero el resultado es invariablemente el mismo: positivo. —Carajo —masculla mientras bloquea levemente y retrocede hasta volver a dar con la tasa y tomar asiento. Antes de que pueda hundirse en las emociones que comienzan a golpearla, su celular suena nuevamente, esta vez anunciando la entrada de un mensaje. En cualquier otro momento hubiese ignorado la notificación, pero ese sonido personalizado le deja en claro de quién se trata. “Hoy a las 8:00. Utiliza el regalo sobre la cama.” 《Estoy jodida》 Es su único pensamiento y es que conoce lo suficiente a Franco como para saber que toda esa situación no será de su agrado. ༻ HOTEL GRENUAE ༺ ༻ 8:15 PM ༺ Siena cierra la puerta tras de ella y busca alguna señal de la presencia de Franco, pero solo la recibe el silencio. Mientras camina por el pasillo, su mano afirma el agarre con el que sostiene el sobre que contiene los resultados de su examen de sangre. La verdad es que se los realizó con la esperanza de que estos dieran un resultado distinto, pero no, el resultado fue invariable el mismo, la única diferencia es que ahora tenía un tiempo para sacar las conclusiones sobre el momento exacto en que aquello ocurrió: tres semanas. 《 ¿Cómo pude descuidarme de esta manera? 》 Se cuestiona mientras deja los resultados y su bolso de mano sobre la cama. La caja de terciopelo negro atrae su atención y solo en ese momento recuerda que el mensaje de Franco mencionaba algo sobre un regalo. Tomando asiento al borde de la cama, toma la caja y rápidamente reconoce el logo troquelado sobre el terciopelo, no sabe que hay dentro de la caja, pero lo que sea es costoso. Sin dar más vueltas al asunto abre la caja, la fina lencería blanca aparece ante sus ojos junto a las esposas que le dejan en claro el tipo de situación a la que se enfrentaría esa noche. —Espero que tengas una buena razón para no estar lista. No necesita girarse para reconocer la voz de Franco, tampoco necesita verlo para saber que su rostro debe estar mostrando un gesto de disconformidad, su tono ya le es suficiente. Dejando la caja de regreso sobre la cama, toma el sobre y se gira para encararlo, su respiración se corta al ver lo increíblemente guapo que se ve en el traje a medida que lo viste. —¿Y bien? —inquiere al no recibir una respuesta inmediata. —Tenemos que hablar —responde con un tono tan calmado como puede. —¿No puede esperar? —Sí, supongo que puede esperar, pero cuando sepas de que se trata no creo que te encuentres conforme con el haber esperado —tomando una respiración profunda, camina unos pasos hasta quedar más cerca. Extendiendo la mano que sostiene el sobre, se lo ofrece al pelinegro. —¿Qué es? Sin entender qué pasa, toma el sobre y saca el contenido. Lo primero con lo que se topa su mirada es con el logo y los datos del laboratorio, luego el “PRUEBA DE EMBARAZO” se muestra ante él como el enunciado de una mala broma y finalmente el “POSITIVO” resaltando en la parte baja de los resultados clínicos es el remate final. Sin saber cómo reaccionar ante la noticia, se mantiene en silencio procesando lo que ese papel representa y el cómo esa situación le presenta una encrucijada a sus planes futuros. Y es que desde el principio su relación con Siena ha estado perfectamente delimitada, aquel no es más que un intercambio de placer en el cual los dos ganan, razón por la cual, desde un principio cualquier tipo de complicación estuvo fuera del tablero. —Pensé que te estabas cuidando. —Sí, lo estaba haciendo —admite con un tono bajo, posando momentáneamente su mirada en el suelo, algo común en ella cuando está nerviosa—. Supongo que somos parte de ese uno por ciento que no corre con suerte. Y eso es todo, tras esas palabras el silencio se instala entre ambos como una bruma espesa. Cuando Siena finalmente aparta su mirada del suelo, Franco la observa, intentando descifrar en su rostro algún atisbo de manipulación, pero no encuentra nada de eso. Conoce a Siena, demasiado bien. No es el tipo de mujer que jugaría con algo así, ni mucho menos alguien que usaría una vida inocente como moneda de cambio. Es una mujer con demasiadas virtudes, mismas que lo han conquistado en todo ese tiempo que han compartido juntos. Exhalando lentamente, intenta ordenar rápido y correctamente las ideas que comienzan a atropellarse en su mente. Luego, deja los resultados sobre la mesa cercana y camina hacia el sofá frente a la cama. Sin pensarlo mucho se sienta con la espalda recta, apoyando los codos sobre las rodillas mientras entrelaza las manos. —Está bien —dice después de un par de minutos de silencio, con un tono neutro, pero cargado de gravedad—. Necesito saber qué quieres hacer. Siena escucha la pregunta mientras fija la mirada en él de manera firme, aunque sus dedos tiemblan levemente mientras se cierran sobre el borde de su falda. —¿A qué te refieres? —pero en realidad entiende muy bien a lo que se refiere. —A que si quieres... —hace una pausa, buscando las palabras adecuadas para decirlo— solucionarlo, puedo organizarlo todo. Conozco un buen médico, todo será discreto, nadie tiene que enterarse. Pero si decides tenerlo —alza la vista hacia ella, una efímera esperanza brillando al fondo de sus ojos verdes—, también me encargaré de que al bebé no le falte nada. Tampoco a ti te faltará nada. Solo... es tu decisión. Siena guarda silencio. No hay sorpresa o decepción en su expresión, y es que ya había imaginado ese escenario, incluso su mente había procesado cada una de esas palabras antes de siquiera escucharlas. Volviendo a la cama, toma su bolso y tras revisarlo rápidamente, saca otro sobre, esta vez de color marfil, que levanta en el aire para mostrarlo mientras camina de nuevo hacia Franco. —¿Qué es esto? —pregunta antes de tomarlo. —Léelo. Franco saca los documentos y obedeciéndola comienza a leer. Sus cejas se arquean conforme avanza por las líneas: un contrato legal, con las firmas y sellos pertinentes. En él, Siena declara que llevará adelante el embarazo por decisión propia, que lo libera a él de cualquier responsabilidad legal, emocional o económica. Además, añade una cláusula específica que prohíbe cualquier intento futuro de extorsión o reclamo por parte de ella. —¿De verdad será así de simple? —pregunta finalmente, sin ironía, más bien con una mezcla de desconcierto y respeto. Siena no necesita decir o hacer nada más, sus puntos están claros. —Sí —responde ella con calma—. Lo pensé bien, Franco. Es cierto que ser madre no estaba en mis planes en estos momentos; aun así, bajo ningún concepto voy a acabar con la vida de mi hijo. Pero también sé lo que esto significa. Desde el principio dejamos las reglas claras, y un bebé nunca estuvo dentro de ese acuerdo. No pienso pedirte algo que no quieras dar. Franco la mira fijamente. Hay algo en su voz, en la serenidad con la que pronuncia cada palabra, que lo deja sin argumentos. Frente a él no se encuentra una mujer impulsiva ni vengativa. Es simplemente alguien que ha aceptado su realidad y la enfrenta con la cabeza en alto. —Ya firmé —añade ella, con un leve movimiento de la mano hacia el documento—. Si quieres, puedes revisarlo con tu abogado, firmarlo o cambiar cualquier punto que te parezca necesario. No tengo problema. Franco asiente, sin pronunciar palabra, no porque no quiera hacerlo, sino porque estas se le escapan. Siena toma su bolso y se encamina hacia la puerta. Cuando su mano toca el pomo, él deja escapar una última frase, la única que logra formular con coherencia: —Siena... —ella se detiene, sin girarse—. No sé si eres la mujer más valiente que he conocido... o la más terca. Una sonrisa casi imperceptible se forma en los labios de Siena. Mismas que él no alcanza a distinguir, así como tampoco lo hace con las lágrimas silenciosas que comienzan a bajar por sus mejillas. —Tal vez ambas cosas —responde una vez que ha controlado el nudo de su garganta para que no la traicione quebrando su voz—. Cuídate, Franco —agrega antes de abrir la puerta. El sonido del cierre al encajar es lo último que se escucha antes de que el silencio vuelva a apoderarse de la habitación. Pero esta vez es Franco quien se queda dentro, en total soledad y con el sobre entre las manos, observando la firma de Siena en la parte inferior del documento, sin saber si admirarla o temer la serenidad con la que ha decidido asumir sola el peso de algo tan grande. —Yo, tendré un hijo…MONTREUX - SUIZADe no ser porque está acostumbrada a la opulencia de los palacios y castillos antiguos, Victoria está segura de que ella también se hubiese dejado impresionar por el gran salón donde se encuentran. Y es que, desde el primer día que llegó a la St. Gallen Crest, pudo darse cuenta de que las instalaciones de la universidad parecen sacadas de una época bastante antigua, un contraste que la hace brillar contra la modernidad de la ciudad.Tal vez es por eso, que a diferencia de algunos de los chicos que se encuentran en el salón, para ella los candelabros de cristal, el mármol blanco pulido hasta reflejar las siluetas y el lujo excesivo que se muestra le parecen cualquier cosa, de hecho, puede jugar que ese salón no es nada comparado con el salón de bailes en el palacio de la tía Laura. Pero eso es lo de menos, lo que en realidad sí le sorprende y desagrada a partes iguales, es la manera como se comportan el puñado de chicos que están allí junto con ella. Le parece irritant
Victoria sabe que está acabada. Lo supo desde el momento en que regresó a casa y se encontró con todas las luces del salón encendidas a pesar de la hora. En ese momento supo que su idea de volver a entrar en casa por la ventada de su habitación era una idea descartada. Durante un segundo contempla la posibilidad de retroceder, volver al automóvil y pedirle al conductor que la lleve a cualquier lugar lo suficientemente lejano como para evitar su inminente ejecución, pero también sabe que hacer eso, no sería más que retrasar lo inevitable.《 Debí quedarme con los abuelos 》Desafortunadamente, ya es demasiado tarde para apelar por esa solución.Respirando profundamente, sube los tres escalones de la entrada y duda un poco al momento de tomar el pomo de la puerta, pero al final acepta su destino y abre, mientras más rápido salga de esa situación, es mejor.En un principio, una ligera esperanza la invade cuando la idea de que podría convencer a su padre de que es una travesura menor comienz
Esa mañana en especial, se siente extremadamente brillante, como si todo se hubiese alineado y decidido que ese día debía verse perfecto sin importar el nivel de caos que se encuentra ocurriendo dentro del Ravenshield. Desde el primer momento que Victoria abre los ojos, puede sentir lo especial que es no solo esa mañana, sino todo lo que va a pasar en ella. Tan pronto como sale de la cama, se encentra con su uniforme pulcramente planchado y colocado sobre la percha, de inmediato una mezcla entre orgullo, nervios y una ligera sensación de que algo importante está terminando la invaden por completo.Mientras en su habitación, ella entra a tomar una ducha para poder comenzar a arreglarse, afuera, en el pasillo, la casa ya está despierta y envuelta en un sin fin de movimientos constantes.Y eso nunca es buena señal, porque si algo está claro, es que cuando los Mc. Raven despiertan antes de tiempo y comienzan el día con un ajetreo constante, antes de que termine el día, algo estará pasando
El jardín se encuentra cubierto por ese tono entre naranja y violáceo que caracteriza el comienzo de la tarde a finales del verano, un brillo tan especial que llega a sentirse como si la tarde cayera de una manera lenta, atravesando entre los árboles casi como si se negara marcharse. Sentada en las piedras que bordean la orilla este del lago, Victoria se encuentra jugando con una cinta entre sus manos mientras sus pies se encuentran dentro del agua disfrutando el frescor que esta le ofrece. A sus diez años, todavía conserva esa manera infantil e inocente de perderse mientras contempla el paisaje, pues a pesar de los dos años que lleva viviendo en Rivershield, todavía sigue encontrando detalles maravillosos en los cuales perderse: el sonido del agua agitándose de vez en cuando desde lo profundo, el vuelo de un pájaro, el reflejo del cielo en la superficie temblorosa o los pasos de sus padres yendo y viniendo de un lado al otro del palacete.Una característica de ella que también ha esta










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