Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de un accidente, Alina decide fingir pérdida de memoria para descubrir la verdad detrás de la frialdad de su prometido, Elías. Pronto se da cuenta de que él ha estado traicionándola con su mejor amiga, Zoe. Pero lo que no esperaba es que la única persona que realmente parece afectada es Damián, el mejor amigo de Elías, quien en silencio ha estado enamorado de ella desde siempre. Mientras Elías se hunde en su propia arrogancia y Zoe juega a la novia perfecta, Alina comienza a ver quién realmente estuvo a su lado todo el tiempo. Pero cuando Elías por fin se da cuenta del tesoro que perdió, ya es demasiado tarde. Alina no es la misma. Ella ha renacido, y su corazón... ya no le pertenece.
Leer másCAPITULO 1
Cristóbal, un hombre de ojos verdes, una mirada desafiante y un aire de conquistador camina en medio de uno de los eventos sociales más importantes del año.
Detesta a la gente que está en ese lugar, odia la hipocresía de la clase social, pero más odia tener que ser parte de este circo.
Todos se acercan para felicitarlo, lo que hizo como empresario y CEO en el año fue suficiente para que se sienta orgulloso de hacer que las empresas de su familia sean las más consolidadas del país.
Era el destino que siempre quiso su padre y abuelo para el, fue el destino que el acepto, pero nadie se detuvo un segundo para preguntarle si el estaba feliz en este mundo.
Amaba la aventura, viajar, conocer el mundo, pero era claro que nunca ese futuro fue para el, solo una vez en su vida sintió que de verdad era feliz y pleno pero la vida se encargo de darle una cachetada.
—¿ Has sabido algo de tu ex?¿De Victoria? — le pregunta una de las esposas de sus socios.
Odia ese nombre, Victoria la mujer que convirtió su corazón en un tempano de hielo, la que llena su cabeza de celos al imaginar que ella sí es más feliz que el.
— Nada, y creo que sabes al igual que todos que ese nombre está vetado, nunca se debe hablar de cosas desagradables en la cena — El finge una sonrisa mientras bebe un trago de whisky, la única manera que tiene de fingir que no le duele aunque le quema el alma.
La mujer se disculpa, no pensó que está pregunta fuera motivo para una reacción claramente agresiva de parte de Cristóbal, pero es Claro que le duele, nunca ha sentido más dolor que al recordar a Victoria.
Su ego, es golpeado, por los recuerdos de enamorarse de quien solo debió ser parte de un contrato.
En ese momento una despampanante rubia llega a su lado, lo toma de la mano, ella es ese trofeo que le regresa el ego y la dignidad, que le dice a todos que Víctoria es parte de su pasado.
— El ya no tiene cabeza para pensar en una mujer como esa, Victoria solo fue un triste error en la vida de mi querido amor — la mujer lo besa mientras todos solo asienten con la cabeza.
Los dos se alejan mientras es evidente la inconformidad en la cara de Cristóbal.
— Gracias por salvarme de esa, la verdad odio que pregunten por Victoria como si aún fuera parte de mi vida — el toma el trago mientras su garganta se siente recia.
—¿No lo hace? Hace 5 años que no sabes nada de ella, pero actuas como si aún te doliera aún su traición — La mujer está furiosa, no puede creer que se siente perdedora en una batalla que se supone fue suya.
— Por supuesto que no siento nada por ella, Víctoria es parte de un pasado que olvide, y mi único presente eres tú — El mismo no creía en sus mentiras, Victoria seguiría siendo la dueña del candado que puso en su corazón.
— Ya no te creo, tenemos más de 4 años de relación y aún no hemos formalizado nada, yo solo soy la novia que te hace ver bien y no como el tonto al que engañaron — Nadia, la mujer trofeo de Cristóbal está cansada de su papel de " Tonta".
— Te voy a demostrar no solo que Víctoria es parte de un pasado que olvide si no que eres muy importante para mí — Cristóbal le da un beso a Nadia.
Se acerca a la tarima y pide un micrófono, quiere dirigirse al público que se encuentra sorprendido por la manera improvisada del hombre.
— Hoy quiero delante de ustedes, pedir formalmente a Nadia que venga a mi lado — El estira su mano y la bella mujer con una sonrisa sube a su lado —¿Quieres ser mi esposa?— la pregunta no solo implicaba un compromiso delante de todos, si no que es la manera de confirmar que Victoria solo fue un error en su vida.
— Si, es lo que más deseo — Nadia lo besa y lo abraza.
La mamá de Cristobal se pone muy feliz, sabía que su hijo tenía que olvidar a esa mujer, era lo único que deseaba pues se sentía culpable de haber propiciado la relación de Victoria y su hijo cuando ella no era digna de el.
La gente aplaude algo confundida, la verdad es que Nadia es la mujer que siempre debió ser la esposa de Cristóbal pero Victoria ocupó ese lugar.
Los dos se besan mientras la prensa hace lo suyo con varias fotografías que encabezarán a la mañana siguiente las noticias de eventos sociales, algo que el detesta pero que hace parte de su proceso de duelo.
Al salir del evento, Cristóbal deja a Nadia en su casa —¿Estas seguro de lo que estás haciendo? No quiero ser tu excusa para olvidarte de ella — la mujer toma un poco de aire por la nariz, quiere que el le diga la verdad, no quiere ser usada.
— Estoy seguro, tú vas a ser mi esposa y Victoria solo fue el peor error de mi vida — Cristóbal se repetía eso casi como si fuera un libro aprendido, quería repetirse que Victoria habia dejado de ser la mujer que amaba.
Nadia entro a su departamento, desde la ventana se dio cuenta que el automóvil de Cristóbal arranco — Ya se fue, yo ya estoy en casa — llamo a alguien y después colgó.
Cristóbal estaba inseguro, como olvidar a Victoria, la amaba.
Su relación inicio en medio del odio, de la rabia por la obligación, ellos fueron obligados a casarse por un año, el contrato más difícil de su vida, pero en ese año encontró a la mujer de su vida y a la vez la que le destrozó el corazón.
Un hombre maneja muy cerca del automóvil de Cristobal, el intenta esquivarlo pues no entiende nada de lo que sucede.
El hombre le dispara a Cristóbal, que intenta esquivar las balas, en medio de la persecusión, arranca más rápido y choca con un camión que venía.
Cristóbal quedó muy malherido, la primera en enterarse de la noticia es su madre, Clara, que recibe la llamada de los paramédicos, el estado de Cristóbal es muy delicado.
Lejos de allí, una hermosa mujer de cabello negro, delgada se despierta muy alterada, es como si su corazón se hubiera detenido por unos segundos.
La sensación de su piel y de su cuerpo, es algo que nunca habia sentido, de inmediato el nombre de Cristóbal regresa a su cabeza.
Victoria estaba lejos de la ciudad, viviendo una vida de absoluta tranquilidad, el día que todo acabo, que Cristóbal dudó de ella, se fue lejos de él.
Él seguía siendo el amor de su vida, pero no podía dejar de sentir rabia, los celos que tenía no lo dejaron ver más allá de la ceguera, el matrimonio se acabó solo porque su amor por ella no tuvo la suficiente confianza para luchar.
Odia a Cristóbal, no solo porque perdió su dignidad de mujer, si no que en medio de su rencor no se dio cuenta del daño que le hizo.
Toma una ducha rápida, antes de ir a el hospital para recibir su turno como fisioterapeuta, ese trabajo que ama y que desempeña muy bien.
—¿Que haces aquí?— pregunta al darse cuenta de una desagradable imagen en su puerta.
— Te traje algo de café, quería acompañarte al hospital — el hombre parece ser muy gentil pero ella no quiere saber nada de él.
— No quiero nada de ti, lo mejor que puedes hacer es no regresar — ella le quita el café de las manos y lo lanza al suelo.
—¿Cuando me vas a perdonar?— el hombre agacha la cabeza con algo de vergüenza, está cansado de pedirle perdón por ser parte de ese plan malévolo.
— Nunca, porque lo que hiciste me quitó la sonrisa, fue un efecto dominó que me alejo de todo — Ella camina mientras el la sigue hasta el vehículo.
— ¿Es por Cristóbal? Sabes que le dije la verdad y no quiso creerme, así que su amor no era tan fuerte — las palabras del hombre, son severas y solo son una daga en el corazón de Víctoria.
— No es por el, Cristóbal está muerto para mí — Ella arranca el vehículo casi empujando a el hombre para que se haga a un lado.
El, Manuel, le da un pequeño golpe al suelo, no puede creer que perdió a la mujer que amo, pero sabe que quien se metió entre los dos fue Cristóbal y ese contrato, el solo quiso recuperar lo que un día le robaron.
Victoria llega al hospital y atiende a los pacientes del día, cuando él director la llama con urgencia.
— Necesito hacerte una pregunta muy importante, hay una posibilidad para que nos den la agenda del Hospital del Bosque, tú eres la mejor fisioterapeuta y si aceptamos te quieren para que manejes a sus pacientes más exclusivos, el pago es muy bueno ¿Que opinas?— el director le enseño el contrato.
Victoria necesitaba el dinero, la cantidad era más que generosa y accedió, firmó de inmediato sin leer mucho más que la información básica pero sin darse cuenta de las clausulas del mismo.
— Al parecer ya tienes a tu primer paciente, es un hombre que tuvo un accidente anoche, quieren que des tu punto de vista — le indica que debe manejar de inmediato hasta el hospital.
Victoria hace unas llamadas pidiendo un favor a una persona, y maneja de inmediato, detesta este camino pues en aquella ciudad vivió lo peor de su vida.
Clara, Nadia y la hija y hermana de Cristóbal, Mariana, esperan noticias de la situación de Cristóbal, pero el pronóstico es reservado.
Un detective llega, su nombre es Jonathan y quiere saber un poco más de lo que paso pues testigos afirman que el accidente fue producto de un atentando, pero las mujeres no saben nada.
Victoria llega a la recepción, pregunta por el caso que ella debe manejar, la enfermera le indica que el paciente está en la UCI.
—¡¿Que haces aquí?! Viniste a burlarte de mi hijo — Clara se abalanza en contra de ella mientras Victoria abre los ojos, no puede creer que en su primer día en esta ciudad tenga que encontrarse con estas mujeres.
— Señora, no se de qué me está hablando, yo solo estoy trabajando y créame que es tan desagradable para mi verla como lo es para usted — Victoria escucha los gritos de Clara que le recriminan, la odia.
Nadia se acerca y también intenta ponerse en posición de novia posesiva pero es Mariana la que interpone y les pide que se comporten.
— Este no es el lugar para que hagan estos además Victoria solo está trabajando aquí — Mariana se pone del lado de la que un día fue su mejor amiga.
Victoria no entiende nada, solo camina hasta la UCI, sabe que algo malo paso para que las tres mujeres estén en el hospital, pero las repuestas son rápidas cuando ve a Cristóbal muy malherido en la camilla.
Mil ideas pasan por su cabeza, lo toma de la mano y las lágrimas salen de su mejillas.
— Lo se doctora, la verdad no creo que el sobreviva, está muy malherido — dice una de las enfermeras dejando helada a Victoria.
Ella sale de allí con la mano temblorosa llama a la casa, quiere hablar con alguien.
— Por favor ponlo en la cámara — le pide a la mujer de servicios domésticos.
— Hola mami — dice un niño de unos 4 años aproximadamente.
Victoria le pide que le mande un beso, y llora, Cristóbal sigue siendo el amor de su vida.
La música seguía latiendo dentro del pecho de la protagonista como si marcara el ritmo de su respiración. Aunque había gente a su alrededor, aunque las luces cambiaban de color y las risas llenaban el aire, todo se desvanecía cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Damián.Estaban cerca. Demasiado cerca.Él no la tocaba aún, pero la forma en la que la miraba, en la que inclinaba levemente el cuerpo hacia ella cuando hablaba, en la que sonreía como si sólo ella existiera... era más íntimo que cualquier roce.—¿Estás bien? —le preguntó, con esa voz grave y suave que se colaba por las grietas de su fortaleza.Ella asintió, tragando el nudo que se le formó en la garganta. No era tristeza. No era miedo. Era algo más peligroso: era la necesidad de quedarse allí, en ese espacio seguro que parecía ser él.—Solo... no estoy acostumbrada a esto.—¿A qué exactamente?—A que alguien me mire como si valiera la pena ser descubierta.Damián la miró en silencio por un instante, como si procesara
La música dentro del salón vibraba como un pulso eléctrico, marcando el ritmo de una noche que se negaba a apagarse. Pero para ella, todo se sentía ralentizado. Como si el tiempo, justo después de esa interrupción, se hubiese estirado en un limbo de lo que pudo haber sido… y no fue.Damián no se había movido. Seguía con la mandíbula tensa, los ojos fijos en ella, como si buscara en su mirada una explicación que lo liberara del torbellino en el que ambos acababan de caer. La cercanía había sido intensa. Demasiado. Y cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, esa voz —dulce, empalagosa y venenosa— irrumpió entre ellos como un balde de agua helada.—¿Se interrumpe algo? —había dicho la ex amiga con esa sonrisa decorada que no llegaba nunca a los ojos. Esa sonrisa que ella conocía demasiado bien.La protagonista dio un paso atrás, como si ese gesto pudiera borrar la tensión que acababa de flotar entre ellos. Fingió indiferencia, pero su respiración aún estaba alterada, y sus mejill
La noche era densa, cálida y embriagadora. Todo parecía haber desaparecido salvo ellos dos. El mundo giraba lento cuando Damián le acarició el rostro, como si temiera quebrarla, como si con cada roce buscara grabarse en su memoria aunque ella fingiera no tener una.Los ojos de la protagonista lo observaban, titilando entre el deseo, el miedo, y ese algo más profundo que se negaba a aceptar: que su corazón ya no le pertenecía por completo a ella.—No sé si estás fingiendo… —susurró Damián con voz ronca, mientras su frente se apoyaba contra la de ella—. Pero lo que siento… no es un juego para mí.Ella tragó saliva. Por un momento quiso decirle todo: que recordaba, que cada gesto suyo estaba derritiendo lentamente el muro que había levantado con tanto esfuerzo. Pero no lo hizo. No todavía. Aún no era tiempo.Sus manos se entrelazaron, como si por fin ambos hubiesen encontrado el equilibrio perfecto entre lo que eran, lo que ocultaban y lo que deseaban. Estaban tan cerca, tan al borde, qu
El aire estaba impregnado de risas, luces cálidas y el leve retumbar de la música que hacía vibrar el suelo bajo sus pies. La fiesta había alcanzado su punto más alto: las personas danzaban, los tragos circulaban y la noche prometía no terminar pronto. Pero para ella, todo se resumía a ese rincón de la sala, donde Damián estaba junto a ella, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo irradiar suavemente a través de su ropa.—¿Te estás divirtiendo? —preguntó él, con esa sonrisa que mezclaba picardía y algo más... algo que se le clavaba en el pecho sin que ella pudiera describirlo con precisión.—Podría decirse que sí —respondió, ladeando la cabeza mientras observaba su rostro, cada vez más cerca.La música cambió a una melodía más lenta, más íntima. Damián alzó una ceja y extendió la mano hacia ella.—¿Bailas?Ella lo miró con una sonrisa entre desafiante y dulce. Lo pensó por un momento, pero finalmente colocó su mano sobre la de él.Los movimientos comenzaron torpes, casi como
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