Las provocaciones no cesaron. Al contrario, se volvieron más descaradas.
La ex amiga ya ni siquiera se molestaba en disimular su necesidad de atención. Se colgaba del brazo de Damián en cada ocasión, reía en exceso, hacía preguntas íntimas sobre su supuesta historia juntos, como si de pronto necesitara recordarle todo lo que habían compartido… incluso si nunca lo habían hecho.
Y él, lejos de alejarse, jugaba también su papel.
—¿Te acuerdas de nuestra primera cita? Dijiste que me odiabas al prin