La noche era densa, cálida y embriagadora. Todo parecía haber desaparecido salvo ellos dos. El mundo giraba lento cuando Damián le acarició el rostro, como si temiera quebrarla, como si con cada roce buscara grabarse en su memoria aunque ella fingiera no tener una.
Los ojos de la protagonista lo observaban, titilando entre el deseo, el miedo, y ese algo más profundo que se negaba a aceptar: que su corazón ya no le pertenecía por completo a ella.
—No sé si estás fingiendo… —susurró Damián con vo