Las luces de la fiesta parpadeaban con un ritmo casi hipnótico. Música suave de fondo, copas tintineando, sonrisas falsas y miradas demasiado sinceras para no doler. La protagonista caminaba con elegancia entre los asistentes, su vestido rojo profundo ondeando con cada paso, como si supiera perfectamente lo que estaba haciendo. Porque lo sabía. Aunque nadie lo creyera.
A su lado, Damián se mantenía sereno, pero sus ojos no se despegaban de ella. Desde que ella había comenzado a acercarse más, a