Mundo ficciónIniciar sesiónLas cuatro hermanas siempre habían sido consideradas de menos debido a sus características, siendo que eran mujeres orco de piel negra. Sus escamas eran su castigo divino de nacimiento, lo que solo había resultado en que se tuvieran la una a la otra, sin que ninguna pudiera conseguir un macho, a pesar de que las hembras escaseaban. Todo cambiaría cuando terminase la guerra, siendo el reinado de Aramet el triunfante y quien se llevaría cautivos a todos los sobrevivientes. Así, en una subasta en la ciudad principal, por vez primera, el rey haría aparición ante varios especímenes que llamaron su atención: las cuatro hermanas. ¿Sería la continuación del infierno o por fin habría una esperanza, al convertirse en las hembras del rey?
Leer másUna vez todas estuvieron listas, se vieron caminando fuera del castillo con una muralla de hombres orco que las acompañaban. Eran enormes a comparación de ellas, lo que las hacía sentirse protegidas como nunca antes, siendo que en múltiples ocasiones habían tenido que enfrentarse a gente y vecinos que se aprovechaban de su condición donde ninguna tenía un compañero. Ahora, todo era diferente. Hasta la nación era otra. Y sin embargo, se sintieron juzgadas una vez pisaron la calle transitada del centro de la ciudad. Todos observaban con miradas curiosas y llenas de disgusto, ya que, eran contadas las veces que veían a una mujer serpiente. Ni hablar de una negra. Tan espeluznante y peligroso. Quisieron volverse al castillo, siendo que notaron con gran claridad que no eran bienvenidas allí. Sin embargo, Aisha las sostuvo por sus espaldas y las impulsó lo necesario para que dieran un paso hacia delante. —No nos iremos, así es que, mentalícense, ignoren a toda la gente y sus miradas. —E
Ana se sobó la mejilla, incrédula de lo que estaba viendo. Una serpiente negra la había golpeado, como si se creyera mejor que ella o ocupara una posición importante, cuando, en su mente, solo era la esposa de título del monarca. Conociendo la personalidad de su rey, estaba segura de que terminaría matándolas o deshaciéndose de ellas una vez se aburriese. Pensar en esto hizo que se le marcara una sonrisa en el rostro, una que nadie de allí noto. A pesar de que solo había servido a su señora por una semana, ya estaba deseando verla muerta. A final de cuentas, era lo que alguien de su calaña merecía. Una vez todos los sirvientes se retiraron, quedaron, por segunda vez desde que había comenzado su particular unión, reunidos los cinco, en un silencio que nadie quería romper. Solo Aisha fue lo suficientemente audaz como para cortarlo, tomando una pose digna y severa. —Estaba hablando en serio cuando dije que todo cambiaría. A partir de ahora, quiero que podamos pasar tiempo juntas con m
Sin que nadie se lo esperara, el rey se había tomado una semana entera de descanso para poder estar con sus esposas, a quienes solo las dejaba descansar lo suficiente antes de volver a poseerlas físicamente, llevándolas a un placer de lo más desconocido y del que habían comenzado a depender cada noche, cuando el rey volvía a ir cuarto tras cuarto. Los días los pasaban haciendo el amor y luego recibiendo cuidados por parte de la servidumbre, como masajes, comidas extravagantes y baños con flores, como había sido en la primera noche. Cada una tenía su fragancia, la que el monarca podía distinguir a la distancia y disfrutaba cada vez que las tomaba. Lo único que sentían como una tortura, era que no podían verse entre ellas, siendo que se mantenían en sus habitaciones al no conocer el castillo y ninguna preguntarle al rey si podían recorrerlo o reunirse entre ellas. Había sido un problema de comunicación que había resultado en que todas le resintieran, por lo que, aquella mañana cuando
De forma tortuosa, las horas habían pasado para Zora, la última hembra que quedaba. Pero claro, ella esto no lo sabía. Nadie les había dicho el orden que iban a tomar, siendo que este solo era dispuesto por los caprichos del rey.Aun así, ella esperaba con paciencia, observando de reojo la cama que pronto los tendría a ambos, conforme iban a consumar su unión. No sabía cómo sería y prefería no pensarlo, siendo que le aterraba el sufrir en su primera noche. Su deseo, toda su vida, había sido el conseguir un solo macho con quien compartir momentos dulces y cotidianos, que no le molestase el hecho de que no tenía voz, sino que la apreciara por como era en verdad.Trayéndola de vuelta a ese momento tiempo—espacial, alguien llamó a la puerta. Y era obviado quién era ese alguien. No podía ser nadie más, por lo que se irguió en su sitio y espero con los brazos a cada costado, con su pecho siendo cubierto por las escamas negras brillosas que había obtenido en su última mudación de piel y cruz
A pesar de que el rey estuvo un momento con Kia en la habitación, este fue menos que el que había pasado con Aisha, siendo que ambos habían tenido relaciones y la había dejado de lo más agotada. En cambio, la joven junto a él no se encontraba cansada, solo algo perturbada por la marcación que había sido realizada de forma no convencional. Podía verse en su piel dos pequeños hilos de sangre que invitaban a lamerla. O por lo menos eso era lo que Orus pensaba.Debía salir de allí de inmediato o terminaría por querer follarla allí mismo, sin esperar a más nada ni que ella se sintiera preparada. Sus impulsos más bajos y deseos más carnales comenzaban a enloquecerlo conforme observaba sus protuberantes curvas, lo que lo estaba enloqueciendo rápidamente.Con lo último de su fuerza de voluntad, se puso de pie y se dirigió a la puerta.—Me llamo Kia —habló desde detrás suyo, a lo que volteó el rostro lo suficiente para observarla—. ¿Tú cómo te llamas?—Orus —respondió, con la vista yéndosele a
Luego de haber pasado un tiempo viéndola dormir, Orus por fin se puso de pie para salir de aquella habitación. A fin de cuentas, debía visitar a sus otras esposas. No podría dejarlas plantadas. Además, cada una contaba con su propio encanto, el que había logrado hechizarlo de cierta forma.El elegir a la siguiente había sido sencillo, siendo que, luego de enfrentar a la valiente Aisha, una joven exquisita, de ojos blancos perlados por la ceguera y escamas negras brillantes, ahora quería a su contraparte: la más mimada del grupo.Cuando se encontró frente a la puerta, se sintió algo pícaro por su elección. Solo esperaba que no fuera demasiado para ella. El que tuvieran personalidades tan diferente, además de formas corporales, hacía que todo fuera mucho más entretenido para el monarca.Tocó la puerta, teniendo el permiso de inmediato por parte de una voz tímida y temblorosa, la que alguien normal ni siquiera hubiera podido llegar a oír. Ella era la siguiente.Una vez vio su cuerpo sent





Último capítulo