Ninguna estaba segura de si su promesa había sido verdadera. De igual manera, debían de contentar al rey, o no sabían de lo que este sería capaz de hacer con ellas. Ya habían visto lo que sucedía con quienes lograban enfurecerlo. No querían sumarse a la lista de sus víctimas.
Kia sintió cómo su gran barriga la traicionó rugiéndole en el profundo silencio, donde el monarca esperaba más respuestas de parte de las hermanas. Al verla, el color se fue de su rostro, temiendo haber sido una molestia d