Sus ojos dorados como el oro parecían lindar con el café, los que se hallaban completamente oscurecidos, siendo cortados por tan solo una línea negra que era su pupila, la que estaba dirigida únicamente hacia Olf. O, mejor dicho, a sus puntos vitales.
No se hizo esperar. Con la rapidez que solo estaba dicha en las leyendas, lo tomó del cuello con el extremo de su cola y comenzó a estrujarlo con todas sus fuerzas hasta que se oyó el crujir de sus huesos. Entonces, dejó caer el cuerpo sin vida d