Sin que nadie se lo esperara, el rey se había tomado una semana entera de descanso para poder estar con sus esposas, a quienes solo las dejaba descansar lo suficiente antes de volver a poseerlas físicamente, llevándolas a un placer de lo más desconocido y del que habían comenzado a depender cada noche, cuando el rey volvía a ir cuarto tras cuarto.
Los días los pasaban haciendo el amor y luego recibiendo cuidados por parte de la servidumbre, como masajes, comidas extravagantes y baños con flore