Una vez todas estuvieron listas, se vieron caminando fuera del castillo con una muralla de hombres orco que las acompañaban. Eran enormes a comparación de ellas, lo que las hacía sentirse protegidas como nunca antes, siendo que en múltiples ocasiones habían tenido que enfrentarse a gente y vecinos que se aprovechaban de su condición donde ninguna tenía un compañero.
Ahora, todo era diferente. Hasta la nación era otra. Y sin embargo, se sintieron juzgadas una vez pisaron la calle transitada del centro de la ciudad. Todos observaban con miradas curiosas y llenas de disgusto, ya que, eran contadas las veces que veían a una mujer serpiente. Ni hablar de una negra. Tan espeluznante y peligroso.
Quisieron volverse al castillo, siendo que notaron con gran claridad que no eran bienvenidas allí. Sin embargo, Aisha las sostuvo por sus espaldas y las impulsó lo necesario para que dieran un paso hacia delante.
—No nos iremos, así es que, mentalícense, ignoren a toda la gente y sus miradas.
—E