Una vez todas estuvieron listas, se vieron caminando fuera del castillo con una muralla de hombres orco que las acompañaban. Eran enormes a comparación de ellas, lo que las hacía sentirse protegidas como nunca antes, siendo que en múltiples ocasiones habían tenido que enfrentarse a gente y vecinos que se aprovechaban de su condición donde ninguna tenía un compañero.
Ahora, todo era diferente. Hasta la nación era otra. Y sin embargo, se sintieron juzgadas una vez pisaron la calle transitada del