Las tres hermanas lo observaron interesadas, siendo que era obviado que se trataba de un macho de lo más atractivo. Sus músculos estaban de lo más trabajados, como todos los hombres orcos, con la diferencia de que contaba con un estilo esbelto con su piel blanca de porcelana, la que no contaba ni siquiera una cicatriz en su bello cuerpo. Era una creación divina aprobada por el mismísimo dragón blanco de los cuentos.
Sin embargo, esto le resulto de lo más repulsivo para Olf, el joven lobo, quien