Sus curvas eran deliciosas a sus ojos. Las justas. Ni muy prominentes ni muy pocas, lo que hacía que su esencia fuera una armonía clásica, rodeada de un exotismo que lograba hacerlo salivar. Era perfecta. Cada una lo era a su manera.
Ella se hallaba de por más distraída con lo que estaba haciendo, ignorante de la presencia que se hallaba detrás suyo, desvistiéndola con la mirada, deseando volver a probar su negra y delicada piel.
Se movía con precisión conforme cocinaba a sus anchas, como sol