Mundo ficciónIniciar sesiónEn un mundo donde los Omegas son considerados presas, Aurora ha logrado esconder su verdadera naturaleza durante toda su vida, viviendo en las sombras para evitar ser capturada. Sin embargo, su secreto es revelado por un Alfa despiadado y peligroso, quien no dudará en usar todo su poder para marcarla como suya. Mientras Aurora lucha con sus propios miedos y deseos, se ve atrapada entre su instinto de huir y la creciente atracción hacia el Alfa que ha marcado su destino. Pero la pregunta es clara: ¿debería entregarse a su destino o luchar contra la bestia que la persigue? La historia es un torbellino de emociones, donde la lealtad, el poder y el deseo se entrelazan, y donde Aurora deberá enfrentarse a sus propios demonios mientras intenta sobrevivir en un mundo que quiere destruirla.
Leer másLa luna llena colgaba alta y redonda en el cielo, iluminando el campamento con un resplandor plateado que parecía revelar cada hoja, cada sombra, cada secreto escondido en la espesura del bosque. Había llegado el momento que tanto temía y esperaba al mismo tiempo: tomar el mando de la manada oficialmente. No solo por necesidad, sino porque sentía el peso del fuego en mi sangre reclamando que liderara, que fuera más que una loba, que fuera la Alfa que esta familia necesitaba.Organizar entrenamientos, sellar alianzas y fortalecer nuestras defensas se convirtió en mi obsesión. Los días se sucedían con un ritmo implacable: el sol apenas aparecía y ya estaba a cargo de los planes, y la luna apenas se ocultaba y seguía trazando estrategias en mi mente. Tenía que asegurar que cada lobo estuviera preparado, que cada guerrero entendiera la gravedad del peligro que se avecinaba.—Temporada de cazadores —pensé con un escalofrío.Kael estaba a mi lado, pero algo había cambiado entre nosotros. Ya
El dolor me consumía desde dentro, un fuego abrasador que no se apagaba ni con el frío de la noche ni con las hierbas que Kael insistía en poner sobre mi piel ardiendo. Era como si mi sangre se hubiera convertido en lava líquida, hirviendo y burbujeando en cada vena, y no podía encontrar un respiro. Caí enferma apenas horas después del enfrentamiento con aquel hombre del pasado, y ahora la casa se había transformado en una prisión de sombras y susurros.Kael estaba allí, siempre allí. Su presencia era un cuchillo de doble filo: me quemaba, me quemaba con su proximidad y al mismo tiempo me daba fuerzas para no rendirme. No sabía si era su calor o su necesidad de protegerme lo que mantenía vivo un pequeño rescoldo dentro de mí.“¿Quieres que te traiga más agua?” Su voz era baja, casi un murmullo, como si temiera que un sonido más fuerte me rompiera en pedazos.Intenté girar la cabeza hacia él, aunque la fiebre me hizo sentir como si el mundo girara a mi alrededor. Sus ojos, intensos y l
El aire en la cabaña estaba denso, cargado con el olor a madera quemada y a miedo reprimido. Mis manos temblaban ligeramente, a pesar del calor que aún me envolvía tras el último enfrentamiento. Allí, frente a mí, estaba él: el hombre del pasado, un fantasma que creía sepultado bajo los escombros de mi memoria.Sus ojos, apagados y hundidos, me miraban con una mezcla de súplica y resignación. La marca oscura que surcaba su piel parecía arder con una agonía que traspasaba lo físico, un fuego interno consumiéndolo lentamente.—Aurora... —su voz era un susurro rasgado—, necesito tu ayuda. No me queda mucho tiempo.Mi corazón se encogió al escuchar su súplica. Sabía quién era, sabía lo que representaba. La parte de mi pasado que había intentado enterrar, aquella que llevaba la sombra de "El Filo" tatuada en la piel.—¿Por qué ahora? —pregunté con dureza—. ¿Por qué apareces después de tanto tiempo para atormentarme?Él respiró hondo, apoyándose en la mesa de madera con dificultad.—Porque
El bosque estaba más oscuro de lo habitual esa noche. La luna, llena y brillante, colgaba en el cielo como un faro frío que iluminaba mi destino. Había llegado el momento de buscar respuestas, de desafiar lo prohibido. Las antiguas leyendas hablaban de un ritual ancestral para comunicarse con la diosa Luna, la guardiana de todas las marcas y almas que llevábamos dentro. Pero también advertían que nadie debía intentar ese contacto sin estar preparada... y yo, con el corazón en llamas y el alma llena de dudas, estaba a punto de romper esa regla.Me adentré en el claro sagrado, un lugar oculto donde la energía de la manada convergía con la fuerza de la naturaleza. A mi alrededor, las sombras se movían como susurros invisibles, y el viento parecía contener la respiración. Coloqué en el suelo un círculo de piedras antiguas, cada una grabada con símbolos que apenas recordaba de los libros de la manada. Encendí una vela con una llama que danzaba errática, y me arrodillé en el centro, cerrand
Último capítulo