La noche caía con un suspiro pesado, y yo me encontraba sola en el centro del claro, rodeada por la penumbra del bosque que nos protegía y a la vez nos encerraba. El aire olía a tierra mojada y hojas secas, pero bajo esa fragancia familiar, algo más oscuro flotaba. Un eco sutil, apenas perceptible, latía en mi interior, un murmullo distante que se hacía cada vez más fuerte.
No era solo mi voz ni mis pensamientos. Eran otras. Almas marcadas que, de algún modo, habitaban en mí, invisibles pero in