Mis pensamientos eran como un enjambre de abejas, zumbando, doliendo, sin cesar. Todo el día había estado tratando de encontrar algo que me diera paz, algún rincón donde esconderme de la tormenta que se había desatado en mi interior. Pero, al igual que la tormenta, no había lugar donde refugiarme. Kael había cambiado las reglas del juego, y ahora, no podía dejar de preguntarme si mi vida siempre había estado destinada a esto, a él, a la manada, aunque lo negara una y otra vez.
Desde el día en q