Mundo ficciónIniciar sesiónJayden Hendrix es el rey de los hombres lobo. Frío. Letal. Prohibidamente atractivo. Durante años ha protegido a Asterin, la hija de un hombre lobo de alto rango, y la única loba que ha deseado con una obsesión que lo consume. Ella ha crecido en su castillo, entre entrenamientos, lunas llenas… y caricias contenidas. Jayden la vio convertirse en mujer. Una mujer que despierta sus instintos más oscuros. Pero hay una regla que no puede romper: no puede reclamarla hasta que complete su transformación. Hasta entonces, deberá resistir. Aunque cada mirada, cada roce, cada aroma de su piel lo empuje al borde del colapso. Con los cazadores acercándose y la guerra amenazando al reino de Enderdol, la línea entre deber y deseo se vuelve más delgada. Y cuando la luna los cubra… nadie podrá detener lo que siempre ha sido inevitable. Él la ha deseado en silencio. Ella está lista para arder con él. ¿Quién podrá frenar al lobo cuando su alma gemela se ofrezca por voluntad propia?
Leer másEstación Cuatro. Distrito Doce. Año 1603Jayden Hendrix. Es un día perfecto. La luz suave de la mañana se filtra a través de los ventanales del castillo, inundando los pasillos con una calidez reconfortante. Camino despreocupado, sintiendo el aire fresco de invierno que se cuela por las ventanas. Los aromas de la nieve recién caída y el sonido distante del viento me envuelven, dándome una sensación de paz y libertad.Avanzó hacia el comedor, mis pasos resuenan con eco en las paredes, y al llegar al pasillo de retratos, me detengo ante el cuadro de mi madre. Su melena rojiza y sus ojos verdes parecen cobrar vida bajo la luz, irradiando esa calidez que siempre la caracteriza . A su lado, mi padre la sostiene en un abrazo protector, su cabello oscuro y sus ojos azules contrastando perfectamente con ella. Aunque heredé el cabello rojo de mi madre, sé que mis facciones reflejan los de mi padre; sin embargo, siempre consideré el color de mi cabello como una conexión especial con ella, una
Estación dos, Distrito trece, Año 1705 Asterin kendrick:El camino hacia la taberna estaba iluminado por la luz plateada de la luna llena, que se filtraba entre las ramas de los árboles, pintando el sendero con sombras danzantes. Cada paso que daba resonaba en el aire nocturno, y aunque me sentía libre, con el peso de las reglas que siempre había tenido que seguir finalmente aliviado, también estaba alerta. Sabía que en la manada no todo era seguro. Había personas malas que se deslizaban entre los callejones y sombras. Además el distrito nueve está cerca del bosque, y en Eberdel habitan seres que no dudaban en atacar a quien se les acercara demasiado. Los rumores sobre los peligros del bosque habían sido suficientes para mantenerme dentro de los muros del castillo y la manada durante años, pero esa noche, era diferente. Estaba sola, sin nadie que me vigilara, pero aún así la sensación de ser vulnerable no me dejaba. Cada crujido o movimiento en la oscuridad me hacía tensarme, y no pu
Estación dos, Distrito trece, Año 1705 Asterin kendrick:El abrazo grupal atrae más miradas de las necesarias, pero no me importa. —Yo también los extrañé —digo sinceramente. Jack, como siempre, no pierde la oportunidad de revolverme el cabello, desordenando mi coleta. —¿Y cómo estuvo el campamento de primavera? —preguntó Jack con una sonrisa traviesa mientras seguía desordenando mi coleta. Le di un manotazo suave en la mano, apartándolo mientras intentaba recomponer mi cabello. —Podría resumirlo en tres palabras: agotador, intenso y... aburrido. —Hice un puchero, pero luego me encogí de hombros—. Aunque claro, estar rodeada de guardias todo el tiempo no ayudó mucho. —Bueno, no esperábamos menos si estabas bajo la protección del rey Jayden. —Venus rodó los ojos con fingida exasperación mientras acomodaba una trenza de su cabello oscuro—. ¿Es cierto que casi nadie podía acercarse a ti? —¡Ni siquiera los del campamento! —Zara intervino con un tono exagerado, alzando ambas
Estación dos, Distrito trece, Año 1705 Asterin kendrick:—¡Llegas tarde a la escuela, hija! —grita mi padre mientras golpea frenéticamente la puerta de mi habitación, su voz resonando como un eco por el largo pasillo. —¡Lo sé, espera un poco! —respondo, apresurándome a empacar mis cosas en la mochila. Con movimientos rápidos, deslizo cuadernos y libros dentro, sin preocuparme por el orden. Mientras cierro el cierre, me detengo un segundo frente al espejo para acomodar la corbata azul marino del uniforme. Mi reflejo me devuelve la mirada: cabello dorado desordenado, rostro apresurado. Suspiro, agarro un coletero y recojo mi cabello en una coleta alta. El calor del verano es sofocante, y puedo sentir pequeñas gotas de sudor formándose en mi nuca. Estoy a punto de salir, pero algo me detiene. Giro sobre mis talones y me doy cuenta de un pequeño, pero crucial, detalle. —¡Mis zapatos! —grito, regañándome a mí misma por ser tan despistada. Miro mis pies. Solo llevo las medias b
Último capítulo