Mundo ficciónIniciar sesión¿Se puede conocer el amor en medio de la destrucción? Alina, nieta del magnate industrial más importante de la ciudad, está atrapada en un juego de secretos, lealtades divididas y una atracción prohibida. En su lucha por recuperar su libertad, conoce a dos hombres que enfrentan un destino muy parecido al de ella. Ahora, atrapada entre una promesa rota, el amor y un destino letal, Alina descubrirá que a veces la muerte es el único escape o el comienzo de una verdadera pesadilla. En un mundo donde un paso en falso se paga con sangre, ella está segura que resistirá...
Leer másEstaba encerrada en mi habitación hacía media hora. Podía escuchar los murmullos de mi familia, todos cargados de preocupación. Mientras miraba las telarañas que había debajo de mi cama, miles de escenas venían a mi mente, unas más terroríficas que otras. El sudor recorría mi espalda, aun cuando el frío del suelo de cerámica refrescaba mi cuerpo. La sangre que salía de entre mis piernas era más espesa y caliente de lo normal; aquello me preocupaba, pero me quedaba en silencio mientras esperaba por ella. Dejé salir una enorme bocanada de aire y las lágrimas amenazaron con brotar. Tragué el bulto en mi garganta, reprimiendo mis emociones.
Solía meterme debajo de la cama. Era mi espacio seguro. Mi madre decía que solo quería llamar la atención. Me reí a solas luego de escucharla; era mi mamá, pero ni siquiera me conocía. A mis hermanos no les importaba, y mi papá estaba demasiado ocupado tratando de ocultar a su amante. Pequeños huevos de cucaracha cayeron sobre mi camiseta, y una sustancia negra y pegajosa se incrustó en mis uñas.
Los murmullos de la familia aumentaron y, tan pronto como detecté sus pisadas, contuve el aliento. Algo pasaba en ese momento. Mis sentidos se pusieron en alerta máxima, pero no me moví. No moví ni un solo músculo. Todavía no. Ella entró como un huracán, barriendo todo a su paso. Todo se movió en cámara lenta y, cuando la sentí cerca, mis ojos encontraron su rostro: un rostro conocido, pero a la vez extraño. No pude evitarlo, dos lágrimas se derramaron de mis ojos. Aquí vamos.
Haló con fuerza mi cabello largo y me arrastró hacia fuera mientras un dolor punzante se instalaba en mi estómago. A pesar de que había mucho ruido alrededor, el golpe en mi mejilla resonó. Mi cabeza se balanceó con fuerza hacia un lado; apreté la mandíbula y el calor del impacto se propagó por mi cuerpo. Mi mejilla ardía y el dolor de cabeza no se hizo esperar. Ella me miró con furia, con palabras hirientes saliendo de su boca. Me moví involuntariamente hacia un rincón, resbalando con mi propia sangre.
—¡Eres una mujerzuela, Alina! —escupió con furia—. Es tu maldita culpa que estemos pasando de nuevo por esta vergüenza. Te vas a vivir con tu abuelo. De ahora en adelante no quiero verte a menos que te comportes como una mujer decente. No quiero una llamada de tu abuelo diciendo que no eres una buena niña. Recuerda que tienes obligaciones. Si me entero de que andas tonteando por ahí con los hombres, voy a ir por ti, y una bofetada no será suficiente para meterte en cintura.
—Mamá, llévame al hospital —supliqué con manos temblorosas— No dejo de sangrar y me duele el estómago.
Inspiró profundo, pateando mis pies casi inertes sobre el suelo.
—Ojalá te mueras, Alina. Espero que te desangres ahí tirada, así podré levantar mi cabeza con orgullo. Después de lo que nos hiciste, no mereces más que morir.
Mi corazón se apretó ante sus palabras y musité antes de dejar salir las lágrimas:
—No es mi culpa.
—Claro que sí. Siempre ha sido tu culpa. Eres igual que tu padre —expresó, mirándome con asco— Tienes menos de veinte minutos para recomponerte. Tu abuelo espera por ti.
Salió dando un portazo y me quedé observando fijamente la puerta.
«No quiero morir así», pensé antes de levantarme con piernas temblorosas e ir al baño. Después de varios minutos intentando limpiar mis piernas, llamé a la farmacia y pedí algunos medicamentos. No tenía idea de si iba a funcionar, pero no les iba a dar el gusto de morir; por lo menos, no así.
Empaqué solo lo necesario y, antes de salir hacia mi nueva vida, observé a mi alrededor el espacio que contenía tanta oscuridad. Hacía dos años que mi habitación había dejado de ser un refugio para convertirse en una trampa nocturna cuando mi tío volvía borracho. Pero cuando busqué ayuda en mi madre, ella prefirió llamarme mentirosa; prefirió odiarme a mí antes que destruir la fachada de su perfecta familia.
Las últimas palabras de mi hermana mayor antes de irse a México se repetían en mi mente como un mantra: “Ya eres una mujer adulta, Alina, más te vale hacer lo que diga la familia; de lo contrario, estarás viviendo una vida miserable, igual que la mía. Sé inteligente y elige cuáles batallas puedes dar y ganar”
Ver como sacaban el cuerpo sin vida del hombre que había utilizado con tal de ganar un poco de tiempo me producía un a opresión en el pecho producto de la culpa. Saber que estaba convirtiéndome en una pieza más en los juegos macabros de Kedar hacía que quisiese encerrarme a llorar durante días en mi habitación. No era una mujer común, eso lo sabía desde muy joven, sin embargo, sentía que cada día se alejaba más de mí, el ideal de ser una persona diferente. A medida que pasaba el tiempo, aquel sueño de dejar atrás mis lamentos y dramas a causa de la maldición de mi apellido se volvía una utopía. Esta noche, terminaría de marcar mi destino para siempre. Ya no tenía caso seguir luchando contra la corriente. Era inútil. Sobre todo, ahora que era consciente de mis sentimientos. Amar a un hombre como Kedar Asim, era el precio que debía pagar por haber sido cómplice de tantas atrocidades.Desde que fui testigo del primer homicidio en casa, debí comprender que era mi responsabilidad como ser
Once de la mañana. El reloj marcaba las once en punto de la mañana.¿Qué podría hacer si llegase el tiempo no podía localizar a Jalid?Gemí internamente mientras me paseaba de un lado al otro en la habitación por enésima vez. Necesitaba localizar a Jalid desesperadamente, pero todos mis intentos habían sido en vano. Tal y como lo supuse, no estaba contestando mensajes ni llamadas. No había podido dormir en toda la noche pensando en una manera de llamar su atención. Me negaba a creer que Jalid estaba lo suficientemente enojado conmigo para desaparecer sin dar una segunda mirada hacia mí.Si tan solo pudiese arrebatarle el teléfono al guardaespaldas llamaría a Samara de inmediato para ponerla sobre aviso. Antes de que Kedar apareciera con sus hombres, estaba hablando con uno de los socios más cercanos del abuelo. Quizás logró escuchar el caos en la ambulancia y en este momento estaba buscándome o yendo a la mansión por respuestas. Ahora que el abuelo había muerto, no tenía más opción qu
El soplo de la brisa nocturna no lograba refrescar mi rostro. Alrededor no había nada, ni siquiera el zumbido de un insecto. A pesar del silencio, en mi mente reinaba un caos de pensamientos que desestabilizaba cualquier intento de raciocinio. No podía creer que estuviese de rodillas en lo que parecía un solitario campo de sembradíos. Frente a mí se erguía Kedar, en una postura tan prepotente que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzarme sobre él y golpearlo hasta que mis nudillos sangraran.Tenerme así, sometida en el suelo, no era más que puro orgullo herido. Necesitaba demostrarse a sí mismo que era superior a mí en todos los sentidos; estaba completamente segura de ello. Sin embargo, mi paciencia tenía un límite. Y si en los próximos minutos no dejaba de jugar conmigo, las cosas se saldrían de control.—Ya deja de mirarme así —dijo, manteniendo una sonrisa socarrona en los labios— Me gusta cómo te ves. Pareces una fiera a punto de devorar a su presa. Aunque estés de r
De verdad estaba en una ambulancia, fingiendo una sobredosis.Ladeé la cabeza hacia los dos paramédicos que revisaban con cuidado mis signos vitales. Quise decirles que estaba completamente bien y que los síntomas que ellos veían como signos de alarma, para mí, eran normales. Estaba más que acostumbrada a los efectos secundarios de los sedantes y las pastillas para la ansiedad.Después de salir prácticamente huyendo de la mansión de Kedar, no podía sacudirme la sensación amarga de haber expuesto a mis amigos a un peligro inminente; el peligro que me esperaba tras haber sido descubierta traicionando la poca confianza que él tenía en mí. Kedar había sido muy claro desde un principio, y yo ya no cabía dentro de su piedad.Necesitaba revisar mi teléfono. Antes de que el caos estallara, les había enviado un par de mensajes a los socios más importantes de mi abuelo para ponerlos al tanto de su desaparición. Prácticamente les supliqué que me ayudaran con su gente para proteger la mansión. Aun
Último capítulo