Mundo de ficçãoIniciar sessão¿Se puede conocer el amor en medio de la destrucción? Alina, nieta del magnate industrial más importante de la ciudad, está atrapada en un juego de secretos, lealtades divididas y una atracción prohibida. En su lucha por recuperar su libertad, conoce a dos hombres que enfrentan un destino muy parecido al de ella. Ahora, atrapada entre una promesa rota, el amor y un destino letal, Alina descubrirá que a veces la muerte es el único escape o el comienzo de una verdadera pesadilla. En un mundo donde un paso en falso se paga con sangre, ella está segura que resistirá...
Ler maisEstoy encerrada en mi habitación hace media hora. Puedo escuchar los murmullos de mi familia, todos con preocupación. Mirando las telarañas que hay debajo de mi cama, miles de escenas vienen a mi mente. Unas más terroríficas que otras. Quiero coger el cuchillo y meterlo en mi garganta con fuerza. A mis 18 años no debería tener este tipo de pensamientos, pero no puedo evitarlo.
El sudor recorre mi espalda, aun cuando el frio del suelo de cerámica refresca mi cuerpo. La sangre saliendo de entre mis piernas es más espesa y caliente de lo normal, y eso me preocupa, pero me quedo en silencio mientras espero por ella. Dejo salir una enorme bocanada de aire y las lágrimas amenazan con salir. Trago el bulto en mi garganta reprimiendo mis emociones.
Suelo meterme debajo de la cama. Es mi espacio personal seguro. Mi madre dice que solo quiero llamar la atención. Me reí a solas luego de escucharla. Es mi mamá, pero ni siquiera me conoce. A mis hermanos no les importa, y mi papá está demasiado ocupado tratando de ocultar su amante. Pequeños huevos de cucaracha caen sobre mi camiseta, y una sustancia negra pegajosa se incrusta en mis uñas. Observo mi mano ensangrentada y me pregunto si es normal que una joven como yo, haya abortado en su habitación, por segunda vez.
Los murmullos de la familia aumentan y tan pronto detecto sus pisadas, contengo el aliento. Algo pasa en este momento. Mis sentidos se ponen en alerta máxima, pero no me muevo. No muevo ni un solo músculo. Todavía no. Ella entra como un huracán, barriendo todo a su paso. Todo se mueve en cámara lenta y cuando la siento cerca, mis ojos encuentran su rostro. Un rostro conocido, pero a la vez extraño. No puedo evitarlo, dos lágrimas se derraman de mis ojos. Aquí vamos.
Hala con fuerza mi cabello largo, y soy arrastrada hacia fuera mientras un dolor punzante se instala en mi estómago. A pesar que hay mucho ruido alrededor, el golpe en mi mejilla resuena. Mi cabeza se balancea con fuerza hacia un lado, aprieto la mandíbula y el calor del golpe se propaga por mi cuerpo. Mi mejilla arde y el dolor de cabeza no se hace esperar. Ella me mira con furia, palabras hirientes saliendo de su boca. Me muevo involuntariamente hacia un rincón, resbalando con mi propia sangre.
—¡Eres una mujerzuela, Alina! — Escupe con furia— Es tu maldita culpa que estemos pasando de nuevo por esta vergüenza. Te vas a vivir con tu abuelo. De ahora en adelante no quiero verte a menos que te comportes como una mujer decente. No quiero una llamada de tu abuelo diciendo que no eres una buena niña. Recuerda que tienes obligaciones. Si me entero que andas tonteando por ahí con los hombres, voy a ir por ti, y una bofetada no será suficiente para meterte en cintura—
—Mamá, llévame al hospital—Suplico con manos temblorosas—No dejo de sangrar y me duele el estómago—
Inspira profundo, pateando mis pies casi inertes sobre el suelo.
—Ojalá te mueras, Alina. Espero te desangres ahí tirada, así podré levantar mi cabeza con orgullo. Después de lo que nos hiciste, no mereces más que morir—
Mi corazón se aprieta ante sus palabras, y musito antes de dejar salir las lágrimas.
—No es mi culpa—
—Claro que sí. Siempre ha sido tu culpa. Eres igual que tu padre—Expresa mirándome con asco—Tienes menos de veinte minutos para recomponerte. Tu abuelo espera por ti—
Sale dando un portazo, y me quedo observando fijamente la puerta.
No quiero morir así—pienso antes de levantarme con piernas temblorosas e ir al baño. Después de varios minutos intentando limpiar mis piernas, llamo a la farmacia y pido algunos medicamentos. No tengo idea sí va a funcionar, pero no les voy a dar el gusto de morir, por lo menos no así.
Empaco solo lo necesario, y antes de salir hacia mi nueva vida, observo alrededor el espacio que contiene tanta oscuridad. Hace dos años le dije a mi madre que mi tío viene a mi habitación por las noches borracho, y me viola hasta que duele, pero ella no me cree. Por eso me odia.
Las últimas palabras de mi hermana mayor, antes de irse a México se repiten en mi mente como un mantra.
“Ya eres una mujer adulta, Alina, más te vale hacer lo que diga la familia, de lo contrario estarás viviendo una vida miserable, igual que la mía. Sé inteligente y elige cuales batallas puedes dar y ganar”
Huir parecía fácil. Eso era lo que me decía una y otra vez mientras caminaba sin rumbo fijo por la calle. Había estado tan alterada que no me percaté de recoger mis cosas. No tenía dinero, ni teléfono. Me dolían un poco los pies y, con la mente un poco más calmada, sentí la urgencia de dar media vuelta y regresar a la mansión. No es como si tuviese muchas opciones.El panorama parecía completamente desolador y estaba segura de que los hombres de Kedar aparecerían por aquí en cualquier momento.Exhalé un suspiro y me detuve en la intersección de la calle observando a ambos lados. ¿A dónde iría? Mi primer pensamiento, obviamente, fue mi amiga Samara y Jalid. Pero como no podía arriesgarme a que alguien me siguiera, pensé en ir con el abuelo. Quizás lo que necesitaba en este momento era una explicación de por qué había estado ocultándome que Alicia no es mi madre. Él era completamente consciente de todo lo que ella hizo conmigo. Me ayudó a tomar venganza por mi propia mano con ella. ¿Por
Llegar a la mansión se sintió como ir directamente a la plaza principal del pueblo, donde la multitud aguardaba en silencio y la guillotina esperaba por mí, reluciente y afilada, bajo la luz de la luna. Solo me faltaba subir los escalones para ofrecer mi cuello.Había por lo menos veinte hombres rodeando la propiedad y no pude evitar fruncir el ceño, extrañada ante tanto despliegue de seguridad. Antón rodeó el auto para abrirme la puerta, completamente ajeno a mi expresión perturbada. Me obligué a avanzar hacia las puertas dobles de la entrada principal mientras sentía que los músculos de mis piernas perdían estabilidad. Estaba muy nerviosa. Tenía un enorme nudo obstruyéndome la garganta; mi respiración pasó a ser rápida y toda esa gente alrededor hizo que mi estado paranoico se acrecentara.En cualquier otra circunstancia habría hecho ejercicios de respiración para calmarme un poco, pero algo dentro de mí gritaba que, esta noche, las cosas iban a ponerse intensas.—Señora Rashid —sal
—¿Puedo interrumpir o todavía no han terminado de besuquearse?La voz de Samara se filtró entre nosotros y me aparté de Jalid con rapidez, sintiendo la sangre subir a mi cara producto de la vergüenza. La mirada de mi amiga era un claro indicio de que estaba metiendo la pata a niveles catastróficos, así que me sentí todavía más culpable por involucrarla. A mi lado, Jalid sonrió burlonamente mientras se mordía el labio inferior, completamente satisfecho por la situación.—Samara…—Alina, cállate. No estás en condiciones de opinar. Ven aquí. Siéntate. Necesitamos discutir qué vamos a hacer a partir de ahora. Es más que obvio que ustedes dos, tortolitos, tienen que controlarse. Tú estás casada con su hermano —dijo, señalándome acusadoramente; luego volvió la mirada hacia Jalid y lo señaló también— Y tú… tú… no tengo idea de qué pretendes, pero te agradezco que no la lastimes. ¿Entiendes?—Fuerte y claro —respondió Jalid, aun sonriendo.Puse los ojos en blanco con fastidio y me acerqué a S
Sentí el sabor metálico de la sangre en su labio partido mientras Jalid intentaba profundizar el beso. Durante unos segundos me quedé congelada, con los ojos abiertos de par en par, procesando la brutalidad de su boca contra la mía. Jalid temblaba; no sabía si por la rabia, por las secuelas de la paliza que Kedar le había mandado dar, o por una mezcla de ambas. Su agarre en mi cintura quemaba, pero la furia no tardó en reaccionar dentro de mí, sustituyendo al shock inicial.Con un movimiento seco, apoyé las palmas de mis manos contra su pecho herido y lo empujé hacia atrás con todas mis fuerzas.—¡Suéltame! —siseé— ¿Te volviste loco? ¿Qué te pasa?Jalid retrocedió un par de pasos, llevándose una mano a las costillas con una mueca de dolor agudo, pero sus ojos inyectados en sangre no se apartaron de mí. Detrás de él, Samara permanecía inmóvil contra la pared, pálida como un fantasma y con las manos cubriéndose la boca.— No estoy pensando con claridad, eso es seguro— Murmuró con rabia
Último capítulo