Mundo ficciónIniciar sesiónPrieto De Luca Buscaba vengarse de la familia que asesinó a su hermana. Apareció en la boda de Kiran Burguen, dispuesto a acabar con toda esa familia, pero su plan no salió como esperaba, lo único que consiguió, fue llevarse a la esposa de este (más bien, ella escapaba del esposo) y él decidió ayudarla, con la intención de llevar a Kiran hasta Italia, para asesinar a la mujer que amaba delante de sus ojos, no obstante, terminó obsesionado con aquella "sultanita", como solía llamarla, y la obsesión por ella, lo volvió débil, y cayó en su trampa.
Leer másLa casa crujía con los suspiros del invierno.
Aunque era marzo, la nieve había regresado como una vieja conocida que no sabía cuándo irse. El techo, cubierto de escarcha, lloraba goteras en la cocina, y las ventanas empañadas apenas dejaban entrar la luz. En Almaviva, un pequeño pueblo entre montañas, el tiempo parecía detenido, como si el mundo allá afuera fuera solo un rumor lejano.
Amara, de dieciocho años recién cumplidos, bajó las escaleras con el cabello enredado y el rostro aún marcado por la almohada. Vestía suéter de lana, pantalones flojos y medias gruesas. El aire olía a leña húmeda y pan tostado.
En la radio, una voz temblorosa de periodista hablaba con tono preocupado:
—…persisten las anomalías climáticas en el norte del país. A pesar del cambio de estación, algunas regiones reportan nevadas intensas. Los científicos aún no encuentran explicación lógica…
Ella apagó la radio. Demasiado temprano para misterios.
Se dirigió a la puerta para revisar si el cartero —un señor llamado Fermín que siempre llegaba tarde— había pasado por fin. No esperaba gran cosa. Quizás una factura, o uno de esos folletos que nadie lee. Pero al abrir, el viento la golpeó como una bofetada fría, y en el umbral encontró algo que no esperaba.
Un sobre.
Color amarillo envejecido, sin sello postal, sin remitente. Solo su nombre, escrito en tinta negra:AMARA
Las letras eran alargadas, cuidadosas.
Eran letras que reconocería incluso dormida.—No puede ser… —susurró.
Se sentó en la mesa del comedor, temblando. Le costó trabajo abrir el sobre. Las manos no le respondían bien.
Dentro, una hoja doblada en cuatro.
La desdobló lentamente, conteniendo la respiración.
Y leyó:
“Amara:
Si recibes esto, es porque ya estás lista. No confíes en nadie. Comienza por el desván.Con amor,
Mamá.”El papel tembló entre sus dedos.
Sintió un mareo repentino, como si la gravedad hubiera fallado.Su madre había desaparecido cuando ella tenía apenas tres años. El cuerpo nunca fue hallado, pero todos en el pueblo asumieron lo peor. Su abuela siempre decía que había sido un accidente, que se perdió en la tormenta y no logró regresar. Había sido una historia repetida hasta el cansancio.
Pero esa carta… esa letra…
Era inconfundible.—¿Qué tienes ahí? —preguntó su abuela Marta, entrando desde el patio con un balde de leña.
Amara se apresuró a doblar la carta y meterla en el bolsillo de su pantalón.
—Nada… una carta equivocada, supongo.
—¿A quién le escriben todavía cartas por correo? —refunfuñó Marta, dejando el balde junto a la chimenea—. Hoy en día todo es por esos malditos teléfonos.
Amara la observó un momento. Marta tenía el rostro curtido, de los que parecían hechos de roble y viento. Había criado a Amara desde que su madre desapareció. No era afectuosa, pero sí firme. Nunca hablaba del pasado. Y menos de su hija.
—Abuela… —preguntó de pronto—, ¿tú crees que alguien podría… dejar una carta para el futuro? Como si supiera exactamente cuándo alguien la encontraría.
Marta se quedó inmóvil. Sus ojos, dos puñalitos grises, se clavaron en ella.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo es curiosidad.
—No me gustan tus curiosidades, Amara. Hay cosas que es mejor no desenterrar.
—¿Cómo mamá?
Silencio. Largo. Duro como piedra.
—Tu madre… era muchas cosas. Pero no era una bruja, si es lo que insinúas —dijo finalmente, cortante.
—Yo no he dicho eso.
—Te lo digo yo entonces: olvida el pasado. No hay respuestas allí. Solo fantasmas.
Esa noche no pudo dormir.
Las palabras de la carta se repetían en su mente como un eco: “No confíes en nadie… comienza por el desván.”
A las tres de la mañana, cuando el mundo parecía detenido, tomó una linterna, se puso una bufanda y subió al desván. Las escaleras de madera crujieron como si se quejaran de su presencia.
El desván estaba oscuro, frío, y lleno de polvo. Todo olía a cosas antiguas: cuero, papel, olvido.
Había cajas con ropa vieja, una bicicleta rota, retratos tapados con telas. Pero algo le llamó la atención: un baúl de cuero que no había visto antes. Estaba al fondo, cubierto con una sábana blanca.
Se arrodilló, la retiró, y acarició la tapa con los dedos.
En el cuero, casi borradas, había tres letras grabadas:
M.J.A.
María Josefina Aguilar. Su madre.
El corazón de Amara se aceleró. Sintió una punzada de miedo. Pero también de certeza.
Abrió el baúl.
Dentro había una bufanda roja —la misma que su madre usaba en la última foto que conservaban de ella—, un pequeño cuaderno forrado en tela gris, una llave oxidada atada con una cinta negra, y un mapa hecho a mano, con líneas finas y símbolos extraños que no reconocía.
Y algo más. En el fondo del baúl, envuelto en papel de seda, un reloj de bolsillo que, increíblemente… aún funcionaba.
El segundero hacía tic-tac.
Lento. Preciso. Como si hubiera esperado todo ese tiempo a ser encontrado.“Ya estás lista.”
“No confíes en nadie.”
“Comienza por el desván…”
Amara se sentó en el suelo, abrazando la bufanda como si pudiera traerle el calor de una madre que nunca tuvo.
Entonces, entre lágrimas y preguntas, escuchó algo más.
Un ruido.
Un crujido afuera, cerca de la ventana del desván. Se acercó lentamente, con la linterna en mano.
Miró hacia el bosque.
Y por un instante, solo un segundo, creyó ver una figura entre los árboles. Alta, inmóvil. Como si la observara.
Parpadeó.
Y ya no estaba.POV DE PRIETOSubimos al coche aplaudidos por todos los invitados, mientras el cielo nocturno se ilumina con una tras otra explosión de pirotecnia que dibuja constelaciones efímeras sobre nosotros. Los destellos multicolores reflejaban en su rostro, creando juegos de luz que resaltan cada detalle de su expresión radiante.Ya dentro del vehículo adornado con flores blancas y cintas plateadas, la miro intensamente, la observo por unos segundos que parecen eternos, absorbiendo cada detalle de su rostro enmarcado por el delicado velo, y recuerdo con nitidez la noche en que la conocí.Estaba vestida de novia, luciendo hermosa como ahora, con ese brillo especial en los ojos que cautiva almas, solo que ese día se había casado con alguien más, pero ahora, tras superar innumerables obstáculos que el destino colocó en nuestro camino, era mía, mi esposa, mi compañera para recorrer los senderos de la vida que se extendían prometedores ante nosotros.Acerco mis manos temblorosas a su rostro angelic
Dos años completos han transcurrido desde el día en que quedé viudo, sumido en una aparente soledad. Ahora llegaba el momento de presentar ante la sociedad a mi verdadera mujer, a la única que realmente amo con cada fibra de mi ser, a la que siempre amaré hasta que mi corazón dejé de latir.Durante este extenso período de duelo fabricado, no había logrado encontrar ni el más mínimo rastro del miserable de Kiran, quien probablemente estaba muerto, o quizás escondido como una rata asustadiza en cualquier rincón olvidado de la bella Italia. De una cosa sí estaba seguro, y era que de este territorio no había conseguido escapar, mis contactos vigilaban cada puerto y aeropuerto con.Me encontraba esa tarde preparándome para una reunión importante en el ámbito empresarial, en la que casualmente, o se podría decir que, con una perfecta sincronización fingida, conocería ante los ojos curiosos del mundo al supuesto amor de mi vida.Sería esta noche, bajo las luces tenues y las miradas indiscret
POV DE PRIETOMe acerco a ella con pasos cautelosos, estudiando cada detalle de su presencia. Acaricio su rostro delicado, asustado y hermoso, sintiendo bajo mis dedos la suavidad de una piel que parece haber sido bendecida por algún Dios supremo.La tensión en el ambiente entre nosotros es como un tercer ser invisible que observa nuestro encuentro con curiosidad malsana.No se mueve, está quieta, completamente inmóvil como una escultura tallada por el más hábil de los artistas; ni siquiera respira, conteniendo el aliento como si temiera que el simple acto de llenar sus pulmones pudiera desencadenar una tormenta.Es como si solo verme la ha paralizado, congelándola en un instante eterno donde el tiempo pierde su significado y solo existe este momento de vulnerabilidad entre dos almas que se reconocen en la oscuridad.—Te amo, mi sultanita, y cuando amo, no lastimo —pronuncio estas palabras con voz suave.Me mira fijamente con esos ojos que parecen contener universos enteros de dudas y
La noticia sobre la muerte de Priscila se esparció como pólvora, por todos los canales televisivos, incluso los que Leyla podía ver desde su encierro.Las imágenes del trágico accidente aparecían en cada transmisión, acompañadas de titulares impactantes y periodistas que relataban con los detalles del fatal incidente que había acabado con la vida de la esposa de Prieto De Luca.La cobertura, saturaba cada espacio informativo con especulaciones sobre las circunstancias del suceso y entrevistas a personas cercanas que expresaban su conmoción ante tan pérdida.Los noticieros interrumpían su programación habitual para transmitir en directo desde el lugar del siniestro, donde los restos del vehículo destrozado servían como fondo para las crónicas que intentaban reconstruir los últimos momentos de vida de Priscila, quien aparentemente había perdido el control en una curva pronunciada.Leyla mordió su labio inferior con tanta fuerza que casi logró hacerlo sangrar al ver tal noticia, de la cu
Último capítulo